Entrevista a Albert Catalán

Entrevista a Albert Catalán

 “La restauración y la peluquería comparten la condición de servicio de autor”

 “La sonrisa de un niño tras un servicio es la mejor recompensa” 

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Pocos negocios encontrarían en Barcelona tantas similitudes con Casa Alfonso. Y es que Catalán Perruquers comparte con el célebre restaurante de Roger de Llúria el haber arrancado en la capital catalana en la década de los 30 y haber alcanzado ya la tercera generación. Porque Albert Catalán, gerente de esta cadena que cuenta actualmente con 4 locales, ha seguido la estela de su padre y de su abuelo. En su paso por los Desayunos de Casa Alfonso, el continuador de este negocio nacido en 1932 nos revela que, en su infancia, denostaba la actividad peluquera.

-Entonces, de niño, ¿en qué soñaba convertirse de mayor Albert Catalán?

-Yo tenía otras inquietudes, como la electrónica o la arquitectura. Me atraía todo aquello que consistiera en investigar, en crear, en descubrir lo que esconden las cosas. Me fascinaba, por ejemplo, desmontar un aparato de radio, ver qué había en su interior y comprobar que no tenía nada que ver con su aspecto exterior.

“Para mí la peluquería era como un castigo” 

-En cambio, la peluquería no le atraía para nada.

-Para mí era como un castigo, y si llegué a dedicarme a esta actividad fue de manera accidental, porque mi padre, en un momento determinado, decidió dejarme como legado el oficio de peluquero. “Después, tú decidirás a qué deseas dedicarte, pero yo, como mínimo, te habré enseñado un oficio”, me dijo.

-Y le cogió gustillo a la profesión…

-Pues sí, sobre todo por la relación que se establece con la gente, que te permite disfrutar de una buena conversación mientras realizas tu trabajo; y por las complicidades que se tejen con el cliente.

-¿Cuántos años tenía cuando cogió las tijeras?

-Tendría 16 ó 17 años. Había finalizado mis estudios de Formación Profesional y estaba cursando módulos. Al principio compatibilicé ambas actividades, desarrollando más la faceta comunicativa que la técnica en lo que a corte de pelo se refiere. Y fue cuando tenía 17 años que marché a Francia buscando mejorar la técnica.

-El local en el que se inició es el fundado por su abuelo.

-Así es: en el número 101 de la calle Berlín. Era la clásica barbería, un concepto que ahora está en boga y que nos ha llevado a acentuarlo en este establecimiento, porque por alguna razón, nostálgica o de otro tipo, nos sentimos a gusto con las experiencias conocidas. Hemos adaptado el servicio que ofrecemos al concepto ‘wellness’, diferenciado del propio de décadas atrás, más vinculado a la higiene. Aspectos como las toallas calientes o el uso de esencias y lociones forman parte de una experiencia muy valorada hoy en día. Siempre hemos prestado atención al concepto barbería contrapuesto al de la peluquería unisex, tan extendido en las últimas décadas y que, como ‘handicap’, comportaba que el 80% de la clientela fuera femenina.

-¿Cuál es la principal aportación de Albert Catalán al mundo de la peluquería?

-La gestión empresarial; sin duda. Me di cuenta que éste era un sector en el que no había control de la gestión, pues el peluquero ignoraba cuáles eran los márgenes con los que trabajaba o cuál la rentabilidad de su negocio. Es una pregunta que le hice a mi padre, y no me la supo responder. Y era un aspecto generalizado, lo que me llevó a darme cuenta de las oportunidades que había para trabajar en la motivación y la gestión de equipos, en la formación… en el ‘coaching’, en definitiva, en este sector. La técnica, en peluquería, es importante; pero la vertiente más importante es la capacidad para gestionar a tu equipo y saber motivarlo para que el trato que dispensan a las personas sea el adecuado.

“Los famosos valoran nuestra discreción” 

-¿Acuden a sus centros personajes famosos también?

-Es curioso porque, si bien es verdad que a nuestros centros vienen personas reconocidas en sus ámbitos, suelen ser gente que busca pasar desapercibida y que acuden a nosotros precisamente porque valoran el trato y la manera de hacer con que actuamos. Recuerdo, por ejemplo, que en la época del ‘dream team’ del Barça acudían a nuestra peluquería Goikoetxea y Nando. Yo, que no era demasiado aficionado al fútbol, ignoraba que eran jugadores del Barcelona. Y, en una ocasión, me sorprendió que los chiquillos se concentraran ante el local y estamparan sus caras en el cristal. Cuando uno de ellos preguntó si podía pedir un autógrafo nos dimos cuenta que quienes estaban esperando, allí de pie junto al resto de clientes, eran futbolistas. Y algo similar nos ocurre con políticos, que también vienen a nuestros salones precisamente por la discreción que existe. Y aprovechan para escuchar lo que les puedas decir más que manifestarse ellos…

-Y saber a qué atenerse, seguro. ¿Se dejan aconsejar, en lo que a su aspecto concierne?

-La mayoría de clientes se dejan aconsejar. Procuramos proponer aquellos estilos que pueden favorecerles. Pero entendemos también que, si una persona se siente cómoda con su corte habitual, es preferible respetarlo.

-¿Hasta qué punto influye el peinado en el éxito personal?

-Un corte de pelo puede influir mucho a la hora de transformar la imagen de un hombre o de una mujer. Y de una peluquería cabe esperar su capacidad para potenciar la imagen global de la persona.

-¿Le pierde a usted la deformación profesional cuando pasea por la calle?

-No puedo evitar fijarme en la gente y en la imagen que proyecta, pero no sólo en el cabello, que en ocasiones es sólo un complemento. Y me fijo más en los aspectos positivos que en los criticables.

-¿Existe algún capítulo profesional del que guarde un especial recuerdo?

-Más que episodios particulares podría decir que la sonrisa de un niño tras haberle realizado un servicio es la mejor recompensa; es un regalo muy gratificante. Algo similar podría decir de aquella mujer que te agradece que le hayas aconsejado unas mechas para el verano y otorgarle un aspecto más mediterráneo. En general resulta muy gratificante enfrentarte a este reto que supone que dejen en tus manos la gestión de su imagen.

“Una sonrisa de mis hijos es capaz de endulzar un día amargo” 

-¿Cómo consigue relajarse Albert Catalán?

-Me gusta la vela ligera y, también, correr por la montaña del Garraf. No suelo competir en carreras, pues lo que busco corriendo es poder meditar y relajarme; me aporta un gran equilibrio. Como también me lo proporciona invertir buena parte de mi tiempo libre en mi familia; es lo más gratificante. Tengo dos hijos, de 5 y 7 años, y una sonrisa suya es capaz de endulzar un día que puede haber sido amargo.

-¿Qué tal se le da la cocina?

-Me gusta cocinar, en especial el arroz, en todas sus variedades. Es sobre todo durante los fines de semana cuando solemos reunirnos con amigos y acostumbro a dedicarme a ello.

-¿Y cuál es su plato favorito como comensal?

-Pues diría que es el arroz. Si tuviera que elegir una receta sería la que me proporcionó Xavier Pellicer, que una vez nos preparó un arroz con pulpo impresionante; con una costra… Mmmm: delicioso. Debo decirle que la cocina comparte con la peluquería muchos aspectos: la importancia de la formación de equipos, el concepto de negocio o la clasificación de los establecimientos según su calidad identificándolos con estrellas. Yo mismo estoy impulsando el proyecto TheQhair, la certificación de calidad en peluquería española. Con ello se persigue ofrecer una garantía de servicio a la clientela, al igual que ocurre con la hostelería y la restauración. Porque, como en la restauración, la peluquería también tiene la vocación de ofrecer un servicio de autor. En nuestro sector hoy en día se está evolucionando hacia este concepto: el de la peluquería de autor.

-Aun así, sus salones no brindan un concepto estándar.

-Buscamos que cada salón tenga su propia identidad, y procuramos adaptarlo a su entorno y otorgarle una singularidad, con distintos rituales, imagen, ambiente… Es una práctica similar a la seguida por algunas cadenas de restaurantes, que pertenecen a un mismo grupo pero que cada uno presenta sus peculiaridades en función de donde están ubicados.

-No todos sus centros están ubicados en Barcelona.

-Tenemos 3 en la ciudad (en el Club de Polo, en la calle Nicaragua y el original de la calle Berlín) y un cuarto centro en Gavà Mar.

-¿Qué opinión le merece Casa Alfonso?

-Me parece un establecimiento genial, acorde con mi concepto de barbería, porque mantiene la esencia, esa autenticidad que permite al cliente sentirse a gusto, hallar un ambiente acogedor que te invita a disfrutar al máximo de una experiencia agradable. Esta diferenciación es la que debería potenciarse en los negocios de nuestra ciudad, algo que en parte se ha perdido, a diferencia de lo que ocurre en Roma o en París, donde este aspecto se ha cuidado algo más. Hoy en día la ciudadanía valora mucho esta autenticidad. Y saber conservarla tiene su recompensa.

2017-04-20T21:18:11+00:00