Entrevista a Tomàs Molina, jefe de Meteorología de Televisió de Catalunya

Entrevista a Tomàs Molina, jefe de Meteorología de Televisió de Catalunya

“Mi tiempo libre lo dedico… al tiempo”

De joven, la meteorología no me interesaba para nada

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Lleva más de tres décadas asomándose a la pequeña pantalla para avisarnos de la llegada de lluvias, de sol, de nubes, de anticiclones, borrascas… Pero también para acercarnos algunas de las imágenes más bellas del paisaje y sensibilizarnos sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente. Todo ello con un tono completamente didáctico, como el que él pronosticaba que utilizaría en su carrera profesional… si la televisión no se hubiera cruzado en su camino.

Y es que Tomàs Molina, jefe de Meteorología de Televisió de Catalunya, poco imaginaba en su juventud que acabaría presentando uno de los espacios que gozan de mayor seguimiento por parte de la audiencia y que acabaría convirtiéndose en un personaje tan popular. El meteorólogo nos visita en Casa Alfonso para conversar distendidamente acerca de su trayectoria vital y profesional. Lo hacemos compartiendo un desayuno en este local cuya decoración nos invita a un agradable viaje en el tiempo y Tomàs nos dedica tiempo para hablar… de lo que le es propio.

-¿Qué personaje en su familia alimentó en usted el amor por la meteorología?

-Ninguno. En mi familia esta disciplina no despertaba el más mínimo interés.

-Tal vez sus abuelos eran agricultores y tenían sus propios recursos para conocer el comportamiento del tiempo…

-Mis abuelos paternos eran originarios de Almería; de Cuevas de Almanzora para más señas. A ellos apenas tuve ocasión de conocerles, pues habían nacido en el siglo pasado y, cuando fallecieron, yo era muy pequeño. Aun así, me abuela Margarita me enseñó a lanzar mal de ojo.

-¡No me diga! ¿Era gitana?

-Decía que era medio gitana… Mi abuelo, a quien apodaban “El Chato”, había trabajado en América, en una mina. Me había explicado que, a la hora de comer, compartían plato entre varios. 

-Pues aquí vamos a compartir este plato de jamón. Verá que está delicioso. Sígame hablando de sus abuelos.

-Mis abuelos paternos llegaron a Cataluña como tantos otros emigrantes buscando un futuro mejor. Abrieron un bar en Badalona y, a base de trabajar mucho, salieron adelante de manera airosa. Eran muy austeros y, ahorrando ahorrando, consiguieron comprarse dos casas en el barrio de La Salut y otra, en el centro, justo donde vivían.

“Mi abuelo Manel llegó a los 94 años sin beber agua”

-¿Sus otros abuelos tampoco se dedicaban a ninguna actividad relacionada con la meteorología?

-Tampoco. Se dedicaban a fabricar y vender bolsos y maletas de calidad. Tenían el taller justo debajo de casa. Incluso Carmen Polo, la esposa de Franco, utilizaba una maleta de piel de vaca que habían fabricado ellos. Sin embargo, la irrupción del plástico acabó con el negocio. No así con la vida de mi abuelo Manel, que llegó a los 94 años y pudo hacer realidad el sueño de su vida: ver los Juegos Olímpicos de Barcelona. Lo más sorprendente es que mi abuelo nunca bebía agua; solo vino blanco.

-¿Ninguno de sus hermanos influyó en su futuro como meteorólogo?

-Soy el menor de cuatro hermanos y mis tres predecesores son abogado, químico y psicóloga. Con eso ya se lo digo todo. Yo quería estudiar la Física, y me atraía la Astronomía. Mi intención era convertirme en profesor de Matemáticas y Física en un instituto, si bien cuando llegué a la Universidad sopesé la idea de convertirme en docente de la Facultad. Pero así que empecé a estudiar Física Teórica me di cuenta que ahí no tenía futuro. Pero, sobre todo, hubo algo que me hizo desestimar definitivamente la posibilidad de convertirme en catedrático de Física.

Un profesor de Física que se paseaba en calzoncillos por la Facultad me hizo desestimar mi carrera como docente

-¿Cuál?

-Que los físicos teóricos se volvían locos. Había un profesor que había perdido definitivamente la chaveta y se paseaba en calzoncillos por la Facultad. Me lo había llegado a encontrar en el ascensor y convine que abandonarme a aquella faceta no podía ser nada bueno. Y seguí estudiando, me orienté hacia Astronomía e, incluso, en mi itinerario académico desestimé cursar materias como Meteorología porque había alguna asignatura muy difícil, como la dinámica de fluidos, que a mí me resultaba una disciplina muy incierta, a diferencia de la Astronomía. Y al concluir la carrera decidí presentarme a unas pruebas que hacían en televisión para el departamento de Meteorología.

-¿Buscando estabilidad?

-Supongo que sí, aunque no crea: en esa época era “rico”. Junto a cuatro compañeros, habíamos fundado “Julivert”, un grupo de animación con el que nos ganábamos muy bien la vida. Nos pagaban 50.000 pesetas por actuación, lo cual, a mediados de los 80, no era moco de pavo. A razón de dos bolos cada fin de semana, 20.000 pesetas en el bolsillo para un joven como yo me venían de perlas.

-¿Qué tipo de animación practicaban?

-Éramos un grupo de folk. Yo bailaba y cantaba. Para que se haga una idea, cuando falleció Xesco Boix, nuestro grupo fue el que cubrió la actuación que tenía él prevista de inmediato. Aunque nos dedicábamos al folk, nos llegaron a entrevistar para la emblemática revista de rock and roll Ruta 66, que nos comparó con The Clash porque nuestro batería tocaba de pie… Recuerdo que nos desplazábamos en un Seat 127 por todo el territorio. Imagínese: cinco jóvenes y todo el equipo en un 127…

“Antoni Castejón fue mi maestro”

-¿Aquella etapa se cerró con su entrada en TV3?

-Así es. El primer año y medio estuve cubriendo los fines de semana, hasta que falleció Antoni Castejón, quien fue mi auténtico maestro, tanto por sus conocimientos en meteorología como por su carácter innovador.

-¿No tenía ningún referente, de su infancia o de su juventud?

-Ninguno. De joven, la meteorología no me interesaba para nada. Mire: ayer repliqué un tuit ingenioso que decía: “Antes, era joven; ahora, me dedico a mirar el tiempo”. Nunca me había planteado ser meteorólogo.

-Supongo que en la escuela sí debía destacar en Ciencias.

-Era un chico listo y brillante, sí; pero era un empollón raro, porque si algo no conseguía motivarme, desconectaba. Tanto es así que incluso llegué a suspender en alguna ocasión las matemáticas. Hubo un momento en que quisieron cambiar el planteamiento de éstas y convertirlas en más experimentales. Nos invitaban a calcular las áreas a través de recortar unos cuadraditos de papel… Y yo, con dieciséis años, no estaba para estas tonterías. Y, cuando la profesora nos invitaba a que recortáramos, yo me ponía a cantar ópera, con todo mi vozarrón….

“Bozzo quería ficharme para Dagoll Dagom”

-Creo que usted alberga mucha vena artística.

-Me falta protagonizar un musical, un género que me gusta mucho. De hecho, Joan Lluís Bozzo me propuso participar con Dagoll Dagom en “Boscos endins”. Sin embargo, aquello suponía abandonar durante dos años Televisió de Catalunya y no me lo permitieron. Aun así, sí intervine este pasado verano en el musical “Carousel” en el Festival Grec de Barcelona, donde hice un cameo como “star keeper”.

-¿Lo primero que hace al levantarse es mirar al cielo?

-No: lo primero es mirar los mapas a través de los dispositivos. Si antes la meteorología no me importaba lo más mínimo, ahora me apasiona. Pronosticar y acertar supone un reto diario.

-No siempre lo consiguen.

-Mi suegro, que era médico, me decía que nuestras profesiones están destinadas a fallar. Por muy buen médico que seas, siempre se te acabará muriendo el paciente. El doctor tiene que procurar retrasar lo máximo posible ese fallecimiento y conseguir que en ese periodo el paciente goce de la mejor calidad de vida. Es similar a lo que le ocurre a un portero de fútbol, que aunque sea muy buen cancerbero, algún día su imbatibilidad se romperá. Y ese día el guardameta tendrá que reflexionar e identificar por qué ha encajado ese gol. Puede ser que no se trate de un error propio, sino un fallo de un defensa. A los meteorólogos nos ocurre algo similar: cuando erramos en el pronóstico, nos planteamos por qué no hemos acertado. Como profesor asociado de la Facultad de Física de la Universidad de Barcelona, a mis alumnos les digo que un buen meteorólogo no es el que acierta en el pronóstico, sino el que sabe por qué el comportamiento del tiempo no se ha correspondido con lo previsto.

-¿Le “llueven” críticas por la calle cuando no acierta?

-Antes más que ahora. ¿Sabe por qué? Porque hemos mejorado muchísimo en los pronósticos. Puedo afirmar que acierto más ahora la previsión a seis días vista que con el pronóstico que hace treinta años del tiempo que haría dos días después… El informe meteorológico resulta clave en el sistema de emergencias, y en este sentido podemos felicitarnos de contar con un sistema que funciona de manera eficiente, para lo cual son precisos tres factores: ser capaz de pronosticar, ser capaz de que fluya la información y que todo el mundo sepa cómo debe responder. Nuestro modelo se asemeja al americano, donde el papel de la sociedad civil resulta fundamental. La población, en general, sabe que ante una situación de emergencia tiene que llamar de inmediato al 112. Una llamada ágil a este servicio permite mitigar las consecuencias de cualquier catástrofe.

“En el ascensor nunca me aluden al tiempo”

-Cuando sube a un ascensor, ¿el tiempo es uno de los temas recurrentes?

-En el ascensor nunca me aluden al tiempo. Salir en televisión supone adquirir popularidad, pero si bien un periodista puede inspirar respeto, creo que los meteorólogos generamos un sentimiento distinto, como si perteneciéramos a la familia.

-¿A qué dedica el tiempo libre?

-Mi tiempo libre lo dedico… al “tiempo”. No tengo aficiones más allá de la meteorología. Ahora lo que he emprendido con ilusión es el Doctorado. Me hace mucha ilusión ser doctor.

-¿Ya tiene tutor para su tesis?

-Sí: Ernest Abadal, ex decano de la Facultad de Biblioteconomía. Mi tesis versará sobre comunicación científica en torno al cambio climático, identificando los puntos fuertes y los puntos débiles en la comunicación actual con el propósito de mejorarla en el futuro. Para ello, recurriré a entrevistas a presentadores de televisión de cadenas de todo el planeta; profesionales de organismos varios como por ejemplo servicios nacionales de meteorología; y diseñadores de políticas medioambientales.

-¿Estamos suficientemente sensibilizados con los problemas medioambientales y el cambio climático?

-Existe alto conocimiento pero el nivel de concienciación es muy diverso. Nuestra conciencia solo se ve sacudida cuando nuestro nivel de bienestar se ve afectado. Pero la concienciación no será suficiente como herramienta de cambio. Es necesaria una regulación y la adopción de medidas. Hay interesantes documentos al respecto y recuerdo que justo antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en París, el Papa redactó una encíclica, “Laudato Si”, que aludía a esta cuestión, que definía el clima como un bien común y que aludía a las causas y consecuencias económicas de este fenómeno. En nuestro sistema utilizamos un concepto como el PIB (el Producto Interior Bruto) como indicador económico. Pero es un indicador controvertido, pues un conflicto bélico genera gasto, tanto por la fabricación de armamento como incluso para la reconstrucción de lo que destruye. Y no encaja con el sentido común asociar la destrucción a la generación de riqueza. Algo similar ocurre con determinadas infraestructuras, como una central nuclear, cuyas amortizaciones sí se calculan. Pero, en cambio, los costes que acarrea su retirada una vez finalizado su ciclo de vida, no están contempladas. En lo social ocurre algo similar, pues cuando, a causa de la globalización, las empresas acuden a Asia para sus producciones están postergando la irrupción de un problema. Hay que situar todos esos factores en nuestra ecuación económica si queremos progresar de manera eficiente y recurrir al sentido común. Las ineficiencias se acaban pagando. Prueba de ello son movimientos migratorios que se pueden producir de África a Europa o de México a Estados Unidos, donde acaban decidiendo construir una muralla súper costosa por no haber hecho frente al problema cuando y como correspondía.

-¿Se defiende bien Tomàs Molina en la cocina?

-Sí. En casa cocinamos tanto mi esposa como yo, aunque, por razones profesionales, suelo asumir esta responsabilidad los fines de semana. Aprendí de mi padre, a pesar de que en casa cocinaba mi madre.

-¿Qué platos se le dan mejor?

-Tengo varios: el arroz con garbanzos, el arroz con espinacas, la espalda de cordero al horno con patatas asadas (una receta familiar propia, por cierto) o la salsa marinera, que lo preparo en dos versiones: la roja (con pescado y tomate) y la blanca (con harina, ajo, perejil, mejillones y almejas).

“Mi plato favorito son los huevos fritos a la extremeña al estilo de la Pepa”

-¿Y su plato favorito cuando se sienta a la mesa?

-Los huevos fritos a la extremeña al estilo de la Pepa, que era la niñera de mi esposa. Los preparaba con pimentón, un chorrito de vinagre y aceite hirviendo por encima. Delicioso.

-¿Lo acompañaría con un vino?

Me gusta el vino, sí. Podría escoger un Celeste de Torres, que es un tinto con una muy buena relación calidad-precio; o un José Pariente blanco. En caso de optar por un cava, me quedo con Gramona.

-¿Qué destacaría de Casa Alfonso?

La experiencia en Casa Alfonso me ha gustado. Me recuerda a La Bodegueta de Rambla Catalunya, local al que suelo acudir con cierta frecuencia cuando vienen a visitarme amigos o colegas del extranjero. Pero en Casa Alfonso creo que es mucho más cómodo, sobre todo porque los asientos son mucho más confortables; y este jamón es extraordinario. Me parece que en próximas citas traeré a mis amigos a este establecimiento.

-¿Hay algún futuro meteorólogo en su familia?

Si lo dice por mis hijos, me temo que no. Mi primogénita es ingeniera de Puertos y Caminos y ahora está cursando un Master. Mi segundo hijo está estudiando Física. Sería el que tendría más posibilidades, pero… Atesora esas condiciones que yo no tenía para dedicarme a la Física Teórica. Y mi benjamín tiene quince años y, de momento, no se sabe; sería fácil que se decantara por la Medicina, pues en la familia de mi esposa prolifera esta profesión; empezando por ella, que es médica de familia. Mi suegro era hematólogo y fundó el Banco de Sangre de la Cruz Roja; y mi cuñado es el director del Banco de Sangre de Can Ruti.

“Las imitaciones no me gustan
pero las encajo mejor que el ‘president’ Montilla”

-Su segundo hijo también podría cambiar sus planes si hubiera selección de meteorólogos en la televisión… Sería lo más cercano al “Minimolina” de “Polònia”. ¿Cómo encaja esas imitaciones.

Sinceramente, no me gustan las imitaciones pero las acepto. Las encajo mejor que otras personas. Recuerdo que una vez coincidí con el ‘president’ Montilla en una recepción y me comentó que yo lo llevaba bien. Interpreté que se refería a las imitaciones de “Polònia” y que a él no le hacían gracia alguna.

2019-01-08T10:31:27+00:00
Translate »