“La felicidad auténtica es la más primaria”

 “Me enorgullece haber dado voz a los ciudadanos en la portada de El Periódico”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Una hora perfectamente invertida. Éste es el sentimiento de quien escribe tras haber compartido mesa con Rafel Nadal y haber disfrutado del privilegio de departir con alguien que atesora conocimiento, goza de capacidad de análisis profundo de la realidad y, además, sabe transmitir con claridad su pensamiento. Sus intervenciones en las tertulias radiofónicas y televisivas son tan celebradas como sus dos últimas novelas, “Quan érem feliços” y “Quan en déiem xampany”.

Director de El Periódico de Catalunya entre 2006 y 2010, recuerda sin nostalgia aquella experiencia como una etapa muy grata. Una etapa en la que, confiesa, también fue feliz…

-“Quan érem feliços”… ¿Cuándo fue realmente feliz Rafel Nadal?

-Puedo decir que ahora soy más feliz que en la época que evoca esa novela, la de la posguerra, porque la felicidad que vivo ahora es más madura, más confortable y regular. Ese libro habla de una felicidad más ingenua, primaria e infantil; de un momento en el que todo está por hacer y en el que existe una gran ilusión en el futuro. Una época en la que sueñas con hacerte mayor, en que esperas que pase el tiempo para alcanzar ese objetivo. Ahí intenté retratar un momento en el que los chiquillos vivían al margen de los adultos, sufriendo las mismas privaciones pero sin ser conscientes de ello; viviendo un mundo paralelo y fantasioso e inventando sus propios momentos de felicidad.

-Y usted, de niño, ¿soñaba con ser escritor?

-Mi única inquietud era crecer y hacerme mayor. Bien es cierto que empecé a escribir muy pronto, a los 13 o 14 años, participando en el célebre concurso de redacción de la Coca-Cola. Era consciente que la escritura me gustaba y que quería cultivar este hábito, pero no como actividad exclusiva. Por otra parte, se sucedieron distintas épocas en las que afloraban otros propósitos: desde ser historiador, hasta filólogo o profesor universitario… Una idea que deseché tras aquella huelga que mantuvo a la Universidad inactiva durante 6 meses y que incluso me llevó a abandonar los estudios por puro aburrimiento.

-¿Dónde reside la fórmula de la felicidad?

-La felicidad auténtica es la más primaria. Es una de las pocas sentencias que me permito en esa novela, y en la que afirmo que la felicidad consiste en tener hambre, ser consciente de ello, y poder comer; tener frío, apercibirse de la circunstancia, y tener capacidad para abrigarse; o poder ver a tus hijos y darte cuenta que puedes brindarles protección y conseguir que crezcan y se valgan por sí mismos. Creo que esa preocupación por los hijos, y ser consciente que puedes atenderlos, forma parte del ADN de la humanidad y proporciona la felicidad más genuina.

-¿Su etapa como director de El Periódico de Catalunya también resultó feliz?

-Pese a la tensión y al estrés que esa responsabilidad comporta, fue una etapa sin duda feliz; una etapa de mucha creatividad y mucha complicidad, no sólo con el equipo de la redacción sino también con los lectores. Cuando a la mañana siguiente ves el resultado y constatas que la portada y el contenido han sido acertados, eso provoca una felicidad enorme.

-¿Añora esa época?

-No, aunque ante determinados acontecimientos de envergadura emergen en mí ideas que me gustaría poder llevar a cabo. Pero, sinceramente, me siento muy feliz escribiendo. Y si tuviera más horas para poderlas dedicar a escribir, mi felicidad sería aún mayor.

-¿Qué se lo impide?

-Las lógicas participaciones en actos promocionales, presentaciones, charlas, tertulias… La agenda me fragmenta el horario, y yo necesito muchas horas para poder conseguir el clima adecuado para escribir, porque mi método es lento y minucioso: escribo, corrijo, repaso, rectifico… A veces necesito cuatro horas para poder empezar a desarrollar las ideas convenientemente; tiempo para sumergirme en la Historia, documentarme, replantearme situaciones… Y, a partir de ahí, escribir, pulir, repasar, recortar… Por otra parte, tengo que dedicar atención a mis otras aficiones: mi huerto y mi familia.

-¿Tiene un huerto?

-En Aiguaviva, a pocos kilómetros de Gerona. Pero es una afición de fin de semana. También dispongo de algunos árboles frutales y me dedico a hacer confitura y conservas en almíbar.

-Así las cosas, ¿cuántas horas acostumbra a dedicar a la escritura?

-Va por etapas, y desde Sant Jordi la actividad frenética a la que me he visto sometido me ha impedido retomar el hábito. Cuando estoy en ello, suelo destinar entre 4 y 5 horas a escribir. Y la semana que viene ya me he combinado la agenda para ponerme de lleno en un proyecto que tengo bastante avanzado.

-Ese proyecto, ¿cerrará la trilogía de estas dos novelas ya publicadas?

-Sería prematuro completar la trilogía, porque dar con un punto final y hacer balance de una época requiere su tiempo. Hay que madurar una conclusión adecuada, y eso reclama tal vez 5 ó 6 años.

“Estoy ultimando una novela cuya acción transcurre en el sur de Italia”

-Entonces, ¿en qué consiste ese nuevo proyecto si es que puede desvelarse?

-Tengo proyectos en torno a la literatura de viajes y sobre el paso del tiempo y de las estaciones del año. Asimismo, estoy ultimando una novela cuya acción transcurre en el sur de Italia, entre las dos Grandes Guerras. Constituye una excusa para invitar a la reflexión sobre el momento que vive la sociedad y, más concretamente, Cataluña; es un modo de adoptar distancia para que el lector aborde sin prejuicios la situación de nuestro país y pueda proceder a una lectura más neutra.

-¿Verá la luz a final de año esta nueva novela?

-Es posible, pero estoy pendiente de un par de viajes a Italia para contrastar datos y detalles. Todo dependerá de la agenda. Tal vez no se presente hasta el año que viene, por Sant Jordi. Lo cierto es que no tengo prisa alguna…

-Pues a la velocidad a la que evoluciona la política en nuestro país…    

-En la novela no abordo el día a día político. Hago reflexiones genéricas, como por ejemplo la actitud de la sociedad ante los políticos.

-¿Ve posible que éstos recuperen la confianza de la opinión pública? 

-Espero que no se cumpla la profecía que pronostican algunos acerca de que el desprestigio de la política dará paso a fórmulas de liderazgo poco democráticas. Creo que llegará el día en que redescubriremos que la política es necesaria para hacer frente a la nada. Lo que sí es cierto es que hay que dar con fórmulas que garanticen la participación y la complicidad de la realidad colectiva. Ahora mismo, la decepción es enorme, y la clase política no es consciente de la distancia existente con los ciudadanos. En su entorno se detecta una endogamia enorme; hablan y discuten entre ellos y, cuando salen a la calle, sólo lo hacen para pisar escenario amigo. Si acuden a territorio desconocido, sólo aspiran a sobrevivir, pues ni preguntan ni escuchan.

-Difícil revertir la situación.

-Se escudan en demasiadas excusas para no hacer nada, cuando, en realidad, a nuestro alrededor se plantean muchas oportunidades. Si la labor extraordinaria que se está llevando a cabo en el ámbito de la solidaridad recibiera mayor respaldo, con un entorno más favorable, normativas propicias y mejores infraestructuras, estos esfuerzos se multiplicarían de manera exponencial; porque la sociedad ha demostrado que tiene fuerza y capacidad. No se puede generalizar, porque como en todas partes en política hay de todo. Pero es cierto que incluso aquellos personajes que presentaban mayor vocación de servicio han acabado arrojando la toalla y han sido incapaces de plantar cara a los partidos y hallar aliados en la sociedad.

-¿De qué portada de El Periódico, en su etapa como director, guarda mejor recuerdo?

- Me enorgullece haber dado voz a los ciudadanos en la portada de El Periódico. En este sentido, guardo un grato recuerdo de dos de ellas. Una es aquella que rezaba “Grito en el cielo”, aludiendo a la huelga salvaje en el aeropuerto de El Prat que comportó que algunos ciudadanos se quedaran sin vacaciones. Por primera vez publicamos en portada cartas al director.

-¿Y la segunda?

-Una portada relacionada con la crisis en los servicios, después de sufrir un apagón espectacular en el fluido eléctrico, que se sumaba a los problemas continuados en los trenes de Cercanías… Ahí concebimos una portada en negro sembrada de duras frases de los ciudadanos más afectados. También recuerdo de manera entrañable otras portadas, como una que emulaba la Creación de la Capilla Sixtina y en la que transformamos a Adán en Guardiola; u otra en la que Pep aparecía manteado por los jugadores en el Camp Nou como si estuviera levitando en paralelo al césped. U otra que, en plena campaña electoral, reproducía la carta de un maestro de escuela.

“En la portada, la voluntad es que prime el mensaje”

-Portadas de gran impacto.

-La voluntad es que prime el mensaje; y que el diseño esté al servicio del mensaje. No buscamos un golpe de efecto estético, sino conseguir que el mensaje alcance al lector.

-¿Qué portada no hubiera deseado tener que hacer?

-Tuve la fortuna de vivir una época con un punto de esperanza, con el inicio de las negociaciones del gobierno de Zapatero con ETA, que parecían definitivas; o, incluso, el proceso del Estatut, ilusionante al principio. Pero, claro está, también ha sido una etapa de frustraciones. Y, en este contexto, y aun sintiéndome satisfecho, no hubiera querido tener que llegar al extremo de realizar un editorial conjunto de los diarios catalanes ante la inminencia de una sentencia restrictiva del Tribunal Constitucional respecto al Estatut. Pese a las críticas recibidas, la prensa supo intuir hacia dónde evolucionarían los acontecimientos, algo que los grandes partidos políticos españoles todavía no han percibido. Hubiera preferido habernos equivocado…

-¿Y con qué portada le gustaría desayunar mañana?

-Con una portada referida a la resolución de la crisis económica, con la reversión de la situación y, sobre todo, el retorno a las tasas de desempleo de antaño, por debajo del 10%. Y, asimismo, que Cataluña ha podido decidir finalmente su futuro, al margen del resultado; o, lo que es lo mismo, que Cataluña es más justa, más próspera y más libre.

-Triste panorama, especialmente profesional, para la juventud…

-Cierto. Yo pensaba que la crisis transformaría la manera de ver las cosas, que asistiríamos a un cambio de valores y que se evolucionaría hacia una organización colectiva. Pero no se camina en esa dirección, sino todo lo contrario. Existe mucho desencanto; y un cierto fatalismo, lo cual ocasiona la adopción de actitudes individuales y a la desesperada. Creo que esto es un error, y que cuando queramos revertir esta situación estaremos en franca desventaja.

-También el periodismo vive su crisis.

-Creo mucho en el periodismo; y pienso que, en el futuro, esta profesión recuperará su prestigio a través de profesionales que sepan sintetizar, documentar y avalar los hechos que se suceden a nuestro alrededor. Ya veremos después en qué se apoya su labor y cómo se sustenta, pero soy optimista respecto a la superación de la crisis de la prensa. En los últimos 20 años los medios habían ganado mucho dinero pero no habían reinvertido. Y ahora, lejos de invertir, se están recortando recursos y banalizando la información. Quienes quieran liderar el futuro del periodismo deberán apostar por la calidad, la opinión, los reportajes, los corresponsales, los enviados especiales… Y por conseguir despertar el placer de la lectura.

-¿Presenta mejores expectativas el mundo editorial? 

-Considero que las emociones y las historias continuarán funcionando. Lo que ignoro son los soportes que utilizarán, el tipo de libros que funcionarán o los modelos económicos que permitirán a las editoriales organizarse y salir adelante. Resulta difícil hacer pronósticos de futuro, pero estoy convencido que el mundo editorial dará con fórmulas que harán viable la continuidad de sus empresas y sus creadores. Ahora mismo no somos conscientes que nos hallamos en el inicio de una fase de transición que no permite observar con perspectiva; y queremos pronosticar cuando todavía resulta prematuro intuir qué se consolidará.

-Las nuevas tecnologías cada vez evolucionan a mayor velocidad.

-Olvidémonos de sacralizarlas. En periodismo, las nuevas tecnologías tienen que someterse a las reglas clásicas, como son las de contrastar y reflejar la pluralidad. Si alguien piensa que puedo hablar del conflicto de Siria simplemente porque recibo una información procedente de Homs estoy equivocado, pues eso concentra una única realidad. Necesitamos recabar varios testimonios de esa misma ciudad, e incluso de otras poblaciones, para poder hacer una composición y ofrecer una visión completa del escenario. La obligación del periodista sigue siendo sumar muchas fuentes, actuar con profesionalidad y no dar crédito a las informaciones sin haberlas contrastado. Por otra parte, también sería un error renunciar a la inmediatez y a la democratización de la información que brindan las nuevas tecnologías…

-Un mundo que poco tiene que ver con el de “Quan en dèiem xampany”.

-Desde luego, pues esta novela se sitúa entre finales del siglo XIX y principios del XX; una época durísima en la que mi bisabuelo decide emigrar a Francia tras la crisis de la filoxera, reinventarse y salir adelante. La gente que vivió esa época, la primera mitad del siglo pasado, ostenta lo mejor de la raza humana y, a la vez, lo peor; por las atrocidades bélicas a que asistieron.

-¿Una etapa superada?

-Confiemos en ello. Nos hemos acostumbrado a pensar que los conflictos bélicos están asociados a unos territorios determinados. Pero quienes hemos visitado Siria décadas atrás sabemos que Damasco es una ciudad que se asemejaba mucho a Barcelona; y, sin embargo… Es en esos momentos cuando todo te sorprende y afecta más. Ahora, gracias a la Unión Europea vivimos un largo periodo de paz. Pero, si esta crisis va a más, ¿quién se atreve a predecir que no se pueden repetir episodios históricos indeseados?

-Gracias a una Unión Europea… que sigue despertando recelos. 

-Yo soy el primer escéptico. Pero hay que reconocer que, pese a la burocracia de sus instituciones y las diferencias existentes entre países y los intereses particulares que cada uno defiende, supone un instrumento que ha permitido erradicar la enorme crueldad de unas guerras que azotaron el Continente no hace tanto tiempo. La Unión Europea ha avanzado mucho a nivel político, pero echo en falta un mayor avance en políticas sociales.

“Disfruto de explicar las cosas que rodean mi vida”

-Retomemos su actividad literaria. ¿En qué se inspira Rafel Nadal?

-Disfruto de explicar las cosas que rodean mi vida, del discurrir del tiempo, de las variaciones de la naturaleza, de las emociones humanas, de los viajes, de los paseos… A partir de aquí, todo fluye. Me inspiro en aquellos elementos que me sorprenden y que me despiertan las ganas de explicar lo que ocurre a mi alrededor.

-Necesitará un entorno propicio para escribir…

-Cierta tranquilidad y un espacio mínimamente cómodo que me permita desplegar de manera amplia los papeles a consultar para tenerlo todo a mano.

-¿Cuál es su autor favorito?

-Le voy a nombrar uno, Stefan Zweig, autor de “Momentos Estelares de la Humanidad. 14 miniaturas históricas” y que he redescubierto recientemente. Me seduce su naturalidad y su profundidad. Pero, sinceramente, no me concentro en unos únicos autores. Para la lectura, al igual que para la escritura, necesito tiempo. No me gusta leer 25 páginas antes de acostarme, sino que soy de destinar dos tardes completas a un libro; o, también, de escoger un pasaje de Pla al azar, y de disfrutar de una relectura placentera. Es como cuando visitas una ciudad como Roma, en la que habré estado 25 veces, y en la que ya no te sientes presionado por ver aquellos enclaves emblemáticos porque ya los conoces, sino que entras en el Panteon para hacer un café y puedes abandonarte al placer de una visita pausada… Con la literatura me ocurre lo mismo: disfruto de recuperar fragmentos concretos por el puro placer de la lectura.

-Veo en un usted una clara inclinación hacia Italia…

-Lo confieso. Hallo en Roma una ciudad fantástica, al igual que en la ciudad toscana de Lucca, o en la iglesia de Arezzo, donde contemplar las pinturas de Piero della Francesca supone un enorme placer. Por no hablar de Venecia. Italia es, desde luego, un país muy atractivo. Pero también lo es Francia y, en general, todo el Mediterráneo; en especial sus islas.

-¿Qué recomendaría a los jóvenes que desean dedicarse a la literatura?

-Que escriban con mucha naturalidad y que intenten expresar lo que ven y lo que sienten; de la manera más sencilla, huyendo del embarrocamiento a que a menudo se tiende cuando se recurre a la escritura instantánea. Y eso requiere dedicación.

-¿Dedica Rafel Nadal mucha atención al arte culinario?

-Cocinar, cocino poco. Soy capaz de preparar unos macarrones, normales y corrientes, y me interesa conocer los procesos para preparar cualquier plato. Pero en la elaboración de conservas tengo mejor mano.

-¿Cuáles son sus preferencias a la hora de sentarse a la mesa? 

-Me gusta todo. Pero, en especial, los productos naturales; y disfrutar de cada cosa cuando corresponde: en abril, de las fresas; en mayo, de las cerezas; después, de los nísperos… Es un placer llevarse a la boca una fruta primeriza, incluso aunque no haya madurado lo preciso. Como también me encanta la butifarra con judías en Els Metges, tal y como se alude en “Quan en dèiem xampany”, o de los placeres que puedes hallar en el Celler de Can Roca. ¿Otros platos que me encantan? Los guisantes, habas y huevo duro de Cuaresma; el arroz “a la cassola”; un buen plato de pasta; el pan con tomate que acompañe a una tortilla elaborada con huevos de verdad; o una ensalada de tomate y cebolla machacada “a cop de puny”…

-Y, para regar todo esto, ¿cava o champán?

-Champán catalán; hay muchos de excelentes: Gramona, Recaredo, Juvé Camps, Raventós, Torelló…

-A la hora de seleccionar un restaurante, ¿qué tiene en cuenta Rafel Nadal?

-El uso de los productos naturales y, también, algo muy importante: el ambiente. Para mí resulta primordial el entorno, la luz, la comodidad, la distancia entre mesas… Una serie de elementos que propicien una buena conversación y una tertulia agradable.

-Como la que acabo de disfrutar. Gracias, Rafel Nadal.