Entrevista a Mag Marín, el Mago Cómico

Entrevista a Mag Marín, el Mago Cómico

“El jamón de Casa Alfonso también es magia”

“Busco convertir cada número
en una pequeña obra de arte”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

La juventud de Mag Marín, el Mago Cómico, no tiene truco. Este prestidigitador no ha alcanzado la treintena pero en su currículum atesora ya el reconocimiento de los grandes del espectáculo. Tras haber conseguido la gloria mediática de la televisión, Marín vio abiertas las puertas del Club Capitol, donde su humor, su frescura y su capacidad de innovar sobre el escenario le ha permitido ponerse al público en el bolsillo con tanta facilidad como él puede sacar de su chistera un conejo.

Justo después de haber visto prorrogadas sus actuaciones en el teatro barcelonés, el joven mago abandona el ritmo trepidante que destila en escena para relajarse durante hora y media en Casa Alfonso, donde compartimos mesa con un artista cuyo brillante presente hace adivinar un prometedor futuro.

-¿De dónde parte su afición por la magia?

-Paradójicamente, de la televisión. Tendría ocho o nueve años cuando, en Antena 3, había un programa infantil llamado Club Megatrix que incluía una sección de magia presentada por Jorge Blas y que se llamaba Magiatrix. Yo apenas veía la televisión, pues los fines de semana nos trasladábamos a Santa Eulàlia de Ronçana, donde disfrutaba jugando en la naturaleza. Pero aquello no me lo perdía y me pasaba toda la semana pensando en aquel espacio. Y el primer recuerdo que tengo de Magiatrix era de que cogían a una persona y la cortaban por la mitad. Me dije que yo, de mayor, quería hacer eso mismo. Y, un día, paseando con mi padre por la calle Princesa de Barcelona, casualmente descubrimos “El Rey de la Magia”. Entramos en la tienda y mi padre me compró mi primer juego de manos: el de los plumeros camaleón, que al introducirlos en un cilindro cambiaban de color.

-¿Y a partir de ahí…?

-Pues inicié mis funciones como aficionado: los llevaba al colegio y les hacía trucos a mis compañeros de clase; o hacía mis pinitos con la familia. Fue en el festival de final de ESO, en el colegio Cervetó, cuando subí por primera vez al escenario, donde comparecí con una guillotina de brazo. El número causó sensación y aquella experiencia, en medio de los focos y los aplausos me convencieron definitivamente que yo quería dedicarme a la magia. Por cierto, permítame que le diga que este jamón de Casa Alfonso también es magia…

“Me di cuenta que no puedes infravalorar al público”

-Sabía que le gustaría. No resultará nada difícil que lo hagamos desaparecer. Tras la función escolar, ¿vinieron galas más ambiciosas?

-Sí, y no siempre fáciles. Empecé a realizar actuaciones de carácter local y alguna no resultó exitosa. Recuerdo, por ejemplo que en el club Goulis, en Granollers, la experiencia fue desastrosa; especialmente dura para un joven que todavía no tenía la mayoría de edad. Se trataba de un bar nocturno, donde el público era más proclive a la conversación que a prestar atención a un espectáculo. Probablemente fue el golpe más contundente en mi trayectoria. Salí llorando de aquella actuación, pero de ahí extraje conclusiones que después me han resultado muy útiles en futuras funciones. Me di cuenta que no puedes infravalorar al público. En el escenario, tienes que dar lo mejor de ti mismo y pensar que los espectadores no siempre presentan el mismo perfil.

-Pero Mag Marín no se rindió.

-En absoluto. A partir de ahí, decidí preparar un número de competición.

-Esto se me escapa…

-Se trata de una pequeña función, de entre cinco y diez minutos, con el que tratamos de “engañar” a otros magos. Engañar a un mago es muy difícil; digamos sorprender. En ese número de competición, integramos distintos trucos bajo una actuación que sigue un hilo argumental concreto. En ese caso, se trataba de un homenaje a los musicales, con una escenografía basada en “Cantando bajo la lluvia” y en la que hacía aparecer y desaparecer distintos elementos. Tuve la suerte que, con esa actuación, en 2014 conquisté al jurado del Congreso Mágico Nacional, que ese año se celebró en Cáceres.

-¿Consiguió “engañar” al jurado?

-Ignoro si logré “engañarles”, pero les pareció original el espectáculo y el premio conseguido me abrió puertas, pues conseguí varias contrataciones y, también, sendos premios en Francia y Portugal. Empecé, pues, a compaginar los bolos con mis estudios universitarios.

-¿Qué estudiaba?

-Magisterio, en la Universidad de Barcelona. Pero para contentar a mis padres.

-¿Son maestros sus progenitores?

-Mi padre es arquitecto y mi madre, ama de casa. Pero ellos se empeñaban en que consiguiera un título. “Dedícate a lo que quieras, pero sácate una carrera”, me decían. Aun así, debo decir que la Educación siempre me había gustado, razón por la que opté por Magisterio. Pero una vez culminados los estudios, cogí el título, lo enmarqué y les dije: “Aquí tenéis el título…”.

“Mi padre es uno de mis más fervientes seguidores y hasta me construye los aparatos para mis actuaciones”

-Sospecho que ahora tendrán otro concepto de su faceta artística.

-Le puedo asegurar que sí. Mi padre se ha convertido en uno de mis más fervientes seguidores. No solo eso: es mi mayor crítico y, dada su condición de arquitecto y que es muy manitas, es quien me construye los aparatos que necesito para mis actuaciones.

-¿En serio?

-Como se lo cuento. Un día le sugerí de hacerme una caja para serrar una persona y respondió: “¡Venga, va! Y esa expresión fue su perdición, porque a partir de ahí acarrea con todos los encargos.

-Comentaba que también es su mayor crítico….

-Sí. Se fija mucho en las actuaciones y, posteriormente, me traslada sus comentarios: que si esto no me convence, o aquí te has excedido… Debo admitir que casi siempre acaba teniendo la razón. Ahora mismo, por ejemplo, que colaboro frecuentemente con el programa de televisión “Hora Punta”, en ocasiones no se me ocurre qué puedo hacer y él me hace sugerencias.

-¿Su madre se muestra igualmente crítica?

-Mi madre es más pasional. Ella se siente orgullosa de lo que hago y al principio le costaba reprimir las lágrimas. Ahora empieza a tener una visión más objetiva y a no dejarse llevar por la emoción.

-¿Tiene hermanos?  

-Dos hermanas, mayores que yo. Una de ellas, la mediana, Sandra, es mi partenaire en las funciones. Mis hermanas son mis mejores fans. Sus comentarios apasionados consiguen ruborizarme.

“La televisión me ayudó a lograr una de mis metas
como es la de conseguir cartel fijo en un teatro”

-Me ha comentado “Hora Punta” pero su debut televisivo fue en “Pura Magia”.

-Cierto. Y aquello fue subir un eslabón muy importante. Nos presentamos unos 450 candidatos y nos seleccionaron a 13 magos para otros tantos programas. Dirigido por Javier Cárdenas y presentado por el Mag Lari, es un espacio estrenado el año pasado por Televisión Española y que busca descubrir talentos en el mundo de la magia. Si el premio en el Congreso Mágico Nacional fue un buen espaldarazo a mi carrera, el reconocimiento mediático que me dio ganar ese concurso de televisión fue espectacular. A partir de ahí, el nivel de trabajo aumentó y la gente empezó a pararme por la calle y a identificarme como “el mago de la tele”. Los magos vivimos del público y la notoriedad que te otorga la televisión es muy importante. A mí me ayudó a lograr una de mis metas, como es la de conseguir cartel fijo en un teatro de tanta entidad como el Club Capitol.

-Su espectáculo resulta trepidante.

-Es muy dinámico, divertido, de gran comicidad, donde invito a muchos espectadores a subir a escena. Tiene un punto de travieso, o incluso irreverente. Fíjese como es el espectáculo que, incluso personas a quienes no les gusta la magia, me dicen que la función les ha encantado. Y es que la magia adopta un segundo plano, pues el humor adquiere protagonismo en él.

-Desde su punto de vista, ¿qué aporta principalmente Mag Marín a la magia?

-Básicamente, le aporto un carácter transgresor. Mi forma de hacer magia en cierto modo se ríe de la figura del mago tradicional. Reírse de los tópicos resulta divertido y procuro explotar esa faceta. En el caso de mi espectáculo en el Capitol, de manera premeditada empiezo con algo tan tópico como cortar a alguien por la mitad. Lo que pasa, y no voy a adelantárselo, es que el desenlace es muy distinto a lo esperado. La mayoría de números se resuelven con finales que se alejan de lo convencional.

-¿Quiénes son sus referentes en el mundo de la magia?

-Para mí, el Mag Lari es el mejor mago del Mundo. Es un profesional que ha sido capaz de darle la vuelta a la magia y presentar sus números de manera espectacular. Ha creado un personaje preciso, particular, y hay cosas que solo las puede hacer él, como por ejemplo encajar en sus funciones una canción de Raphael o de Julio Iglesias. Es un mago inimitable, con un nivel de autenticidad solo al alcance de las grandes figuras artísticas. Él tomó en cierto modo el testigo del Màgic Andreu, otro ilustre de la magia a quien admiro y que destacó por su especial sentido del humor. Y otro referente para mí es David Copperfield, a quien he tenido ocasión de ver en directo en dos ocasiones en Las Vegas: la primera, con toda mi familia, y la segunda, gracias al premio de “Pura Magia”, que consistía precisamente en un viaje a la Meca de la magia para ver a este maestro. Es un personaje inaudito. He visto con mis propios ojos como era capaz de hacer aparecer un Cadillac… Cuando emergió de la nada, tenía una de las ruedas, todavía en movimiento, a menos de un metro de mi cara… Eso de hacer emerger algo grande es algo que solo Copperfield sabe hacer bien.

“La magia te ayuda a triunfar entre las chicas…
pero no siempre”

-No puedo evitar asociar David Copperfield a Claudia Schiffer. ¿Ayuda a ligar la magia?

-Me encuentro con dos reacciones opuestas, en función de si se trata de chicas a quienes les gusta la magia y otras a quienes no. Con las primeras, la magia te ayuda a triunfar, pues les hace mucha gracia que te dediques a esa actividad. Pero a las segundas se les nota un halo de decepción y, cuando les digo que me dedico a la magia, me insisten en cuál es mi profesión; no dan crédito a que pueda vivirse de la magia.

-¿Y se puede vivir de ella?

-Poco a poco he ido mejorando mi caché, pero ayer precisamente hablaba con el Mag Lari y conveníamos en que hace diez años todo hubiera sido más fácil, pues ahora el entorno político y social afecta, en general, a todo lo que tiene que ver con el teatro. Por no hablar del IVA que tenemos que soportar en el mundo del espectáculo. Pero, aparte, ahora nos enfrentamos a la competencia de la televisión, de Internet, de Netflix… Sumando todos esos inputs, quienes nos dedicamos a las artes escénicas lo tenemos difícil. Hay que invitar a la gente a sacudirse la pereza de encima, salir de casa y disfrutar de los espectáculos en vivo, porque un espectáculo en vivo es insustituible.

-¿Dónde halla la inspiración para sus trucos?

-La idea puede partir de una conversación con amigos, o de una película que me sugiera un número para recrear una escena, o de una canción que me estimule a desarrollar un truco con esa melodía. Tengo mi propio laboratorio: el hangar; un local al que denomino así porque tiene la forma de una nave para alojar aviones. Ahí trazo todos los números, con una pizarra, y ahí es donde ensayo, pues en el hangar tengo acumulados todos mis aparatos. El tiempo de desarrollo de la idea varía en función de su complejidad, pudiendo oscilar entre un mes y tres meses.

-¿Cuántos números tiene en su repertorio?

– Ahora mismo debo tener unos sesenta números diferentes. Le dedico mucho tiempo a cada número, porque busco convertir cada uno de ellos en una pequeña obra de arte.

-¿De cuál se siente más satisfecho?

-Lo que realmente me genera placer es ver la cara de la gente y comprobar que les he dejado estupefactos. Si tuviera que elegir alguno probablemente es el de la impresora, en el que, a partir de una fotografía de Sandra, consigo que mi hermana emerja tal cual de la máquina.

-¿A qué dedica el tiempo libre?

-Buena parte del tiempo libre lo invierto desarrollando ideas de magia. Sí que dedico tiempo a ir al teatro, visitar museos o asistir a conciertos, pues la cultura me permite ser creativo. No tengo grandes aficiones. Me gustaría ser deportista, pero no he nacido para practicar deporte, pues me aburre o me canso. Soy persona de fácil tentación y que prefiere abandonarse a otras actividades más agradables como compartir mesa.

-Hablando hablando, veo que no va a hacer desaparecer este delicioso jamón…

-Es que está tan bueno que me sabe mal que se acabe.

-No se preocupe que en Casa Alfonso jamón no faltará. ¿Qué tal se le da la cocina?

-Se me da bien, a pesar de que mi madre me ha limitado bastante. Desde hace cuatro meses, vivo de manera independiente y eso me ha abierto las puertas a un mundo culinario que me resultaba desconocido, ya que mi madre no me dejaba entrar en la cocina. De todos modos, ella me enseñaba de manera inconsciente, pues yo le preguntaba cómo había conseguido que aquello fuera tan bueno. La cocina me relaja, pues me permite desconectar. Es un entretenimiento fantástico, pues mientras estás cortando la cebolla te olvidas de los problemas que te rodean. Asimismo, cocinar en compañía también es un acto sociológico muy enriquecedor.

-Tanto como compartir mesa. ¿Cuál es su plato favorito?

-El que más me gusta son unas carrilleras de cerdo al horno con higos y cebolla caramelizada. Me queda muy bien y me encanta. Pero si con algo triunfo con mis amigos es con unos espaguetis a la carbonara que cocino de manera muy auténtica, tal y como mandan los cánones napolitanos. Es decir, nada de nata o bacon, sino yema de huevo cruda, orégano, queso parmesano, pimienta y panceta picada. Los comensales no suelen estar acostumbrados a ese sabor tan auténtico y me felicitan por ello.

“Les pongo etiquetas de veneno a los licores”

-Cuando tiene invitados, ¿suele combinar la presentación de esos platos con algún truco de magia?

-Soy muy cuidadoso con las presentaciones, pero no suelo incluir trucos de magia en la mesa. Pero hay pequeños detalles que sí hablan de mi inclinación por este mundo, como por ejemplo poner el vino en una cubitera que es una chistera o disponer de una bandeja de licores que he dispuesto en botellas antiguas de farmacia que he ido recopilando en tiendas de anticuario y a las que he incorporado unas etiquetas de distintos venenos, tales como cicuta, ácido… E invito a mis amigos a descubrir qué están viviendo. Lógicamente, las botellas contienen ginebra, vodka, ron…

-¿Alguna preferencia en vinos?

-Me gustan los blancos. He ido evolucionando, desde el Bach, más dulzón y propio de quienes se inician, hacia el Blanc Pescador, Coto y, finalmente, descubrí el Castillo de Miraflores, un vino presentado en botella azul, con un punto dulce y que entraba tan bien…

-¿Qué destacaría de Casa Alfonso?

-Me ha gustado el trato, el humor y la socarronería de Joaquín, pero puedo decir que Casa Alfonso es de esos sitios que me gustan porque reúnen tres cosas fundamentales que valoro mucho: se come muy bien, propicia la conversación y cuenta con un ambiente muy acogedor. Un lugar muy recomendable.

-¿Qué recomendaría a los jóvenes que quieren seguir sus pasos en la magia?

-Dedicación, insistencia y que no se rindan nunca. Deben pensar que toda profesión artística tiene momentos en los que, mentalmente, sufres algún bajón anímico. Y en esos momentos hay que ser fuerte y demostrar perseverancia.

-Imagino que usted fue muy perseverante en su experiencia en “Pura Magia”…

-La experiencia en “Pura Magia” fue muy dura, pues el nivel de exigencia en ese concurso era máxima. Disponíamos de muy poco tiempo para conseguir enganchar al espectador. Quienes venimos del mundo del teatro nos vemos obligados a aprender de ese entorno televisivo, pues nadie llega a la pequeña pantalla conociendo los entresijos de este medio. Teníamos escaso tiempo para preparar los números y, en ocasiones, alguno de ellos era improvisado, pues no había sido posible ni ensayarlo, con el riesgo que suponía el quedar retratado en televisión ante una audiencia masiva. Afortunadamente, ya contaba con cierto bagaje y capacidad de reacción, lo cual resultó fundamental para salir airoso y ganar.

-Pocas mujeres en el mundo de la magia, ¿verdad?

-Sí: de los trece del concurso apenas había tres. Es algo que nos hemos preguntado a menudo y a lo que no hallamos explicación. Es posible que el cliché del mago sea masculino, que se haya creado ese arquetipo que el artista de la magia debe ser un hombre, pero hay mujeres que se dedican a la magia que son extraordinarias. Juan Tamariz lo justificaba diciendo que los hombres somos más infantiles y dados al juego que las mujeres, que no tendrían tanta afinidad con esta actividad de entretenimiento. Es algo con lo que no estoy del todo en acuerdo, pues hay otras actividades de ocio, como pueden ser las de hacer ganchillo, en las que predominan más las mujeres. Hay quien dice, también, que para dedicarse a la magia hay que estar muy conectado con el niño interior que albergamos, una faceta que no estaría tan desarrollada en la mujer.

-Antes de despedirnos, dígame a qué responde esa llave que lleva colgada del cuello.

-Es un símbolo, pues las llaves están asociadas a cofres o recipientes que guardan secretos. En el mundo de la magia suele ser bastante común, con números en los que intervienen candados o cadenas. Recuerdo uno que hacía el Mag Lari y que me fascinaba y que consistía en que encerraba a una niña en una caja enorme bajo llave. Había un temporizador y era necesario liberar a la niña en un minuto. Pero entonces, el mago tiraba la llave al suelo y, a continuación, vertía sobre ella un cubo lleno de llaves… Durante un minuto, el Mag Lari se dedicaba a dramatizar la búsqueda de la llave correcta para liberar a la niña, en un número espectacular que, in extremis, se resolvía con la apertura de la caja… y la niña que había desaparecido. Magia en estado puro.

-Para magia, la que pone usted, que, si me lo permite, se transforma por completo sobre el escenario y consigue emocionar con su espectáculo. Le auguro un futuro extraordinario.

2018-06-20T05:43:53+00:00
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