Entrevista a Lluís Aguilar, cirujano ortopédico y traumatológico

Entrevista a Lluís Aguilar, cirujano ortopédico y traumatológico

“Nuestro cuerpo se ha diseñado para correr y saltar, no para estar sentados”

“Recientemente descubrí que mi tío abuelo era el proveedor de café de Casa Alfonso en los cincuenta”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Define nuestro cuerpo como una máquina; un ingenio que no fue concebido para el reposo sino para mantenerse en actividad. No resultaría procedente poner en tela de juicio su opinión, pues nos hallamos ante una eminencia en lo que respecta a medicina traumatológica.

Además de cirujano y ortopeda, el doctor Lluís Aguilar halla en la espalda, y más concretamente en la columna vertebral, su especialidad. Ese eje esquelético constituye para él una joya de la que cuelgan los distintos órganos y que atesora la médula espinal. Razones suficientes para cuidarla, para lo cual recomienda ejercicio físico.

Pese a todo, accede a que durante un par de horas nos sentemos ante la mesa en Casa Alfonso para compartir una charla tan amena como interesante mientras degustamos algunas de las delicatesen que se sirven en el célebre establecimiento barcelonés.

“Algún ex compañero me preguntaba si ya era traumatólogo, por lo que debí cultivar ese deseo ya de pequeño”

-¿Cuándo, quién y cómo alimentó su deseo por orientar sus pasos hacia la Medicina?

– No existen antecedentes profesionales en mi familia. A lo sumo, puedo decir que, a mi abuelo paterno, le atraía la Medicina, pues durante la Guerra Civil prestó servicio como sanitario. Ese interés lo ratifiqué años más tarde cuando descubrí que guardaba una libreta con un largo listado de medicamentos. Me enteré que en el pueblo leridano de mi abuela, Belianes, eran muchos quienes le consultaban acerca de cómo podían resolver sus achaques de salud. Pero él era funcionario. Tampoco puede decirse que mis padres influyeran en mí, a la hora de decidirme por la Medicina, pues mi progenitor trabajaba como electricista en Hidroeléctrica de Cataluña y mi madre, como modista. Quizá ése es el único factor en común, que ella cosía y a mí me corresponde hacerlo como cirujano… Pero puedo decir que ese deseo de encaminarme hacia la Medicina nació espontáneamente cuando todavía era un niño. En mi lejana juventud recuerdo haber reencontrado algún antiguo compañero de escuela que me preguntaba si ya era traumatólogo, lo cual certifica que, desde muy joven, no solo tenía clara la profesión sino, incluso, la especialidad. Tal vez porque sentía admiración por el doctor Aliert Ochoa, que trabajaba en el Hospital de la Esperanza y que resolvió los problemas de rodilla de mi padre.

-Jugaría a médicos en su infancia…

-Descártelo: no creo en las perversiones sexuales. Mi infancia está asociada a ese pueblo que le mencionaba, Belianes, donde transcurrían mis veranos. Aunque ya no teníamos casa ahí, acudíamos a la fiesta mayor, a finales de julio, y ya me quedaba hasta finalizar agosto. Mis padres me dejaban en casa de algunos amigos, que alegaban que necesitaba espabilarme y crecer. Allí viví con libertad absoluta, convirtiendo la bicicleta en mi compañera inseparable y recorriendo todos los caminos posibles. Establecí un vínculo especial con ese pueblo. Me siento uno de esos otros tantos leridanos que hay repartidos por Cataluña. Desde los doce años que no me he perdido una fiesta mayor en Belianes. Incluso hace ocho años fui el encargado de leer el pregón en ese pueblo, donde se produce el mejor aceite del Mundo.

-¿Lo dice como enamorado de la tierra de sus ancestros, por su buen paladar o porque se le da bien la cocina?

-Me manejo bastante bien entre fogones. Si no me dedico más a ello es por falta de tiempo. Pero es una actividad que consigue relajarme. También presto atención a los programas de televisión que versan sobre cómo cocinar y, cuando en Internet descubro recetas interesantes, me las guardo para ponerlas en práctica más adelante. El libro de Josep Lladonosa sobre cocina catalana constituye mi referente en ese terreno.

-¿Tiene alguna especialidad en los fogones?

-Lo mío es cocina tradicional catalana. Me salen muy bien las tortillas: de alcachofas, de patatas, de espinacas con judías… También los arroces, los estofados, el fricandó, los guisantes rehogados…

-¿Y si fuera usted el comensal, qué elegiría?

-Resulta difícil decirlo. He tenido la suerte de visitar algunos de los más reputados restaurantes, como el Bulli, el Celler de Can Roca, el Can Fabes… Pero si tuviera que quedarme con una experiencia culinaria mencionaría el chuletón que me comí en Can Xurrades, en la calle Casanova. Me lo trajeron con la piedra por si quería acabar de hacérmelo pero estaba tan al punto que disfruté tal cual me lo sirvieron. También en el Gresca he vivido algún momento delicioso a nivel gastronómico. En general, me gusta todo, salvo ciertas texturas, como la de los sesos. Tampoco soy muy amante de los dulces. A lo sumo, de los postres puedo apreciar aquellos basados en cítricos.

-¿Recuerda cómo nació su vínculo con Casa Alfonso?

-Ya lo creo. Todavía era médico residente cuando un compañero que tenía consulta cerca de aquí me lo descubrió. Debía ser en 1992 cuando degusté el primer bocadillo de jamón en este establecimiento. A partir de ahí, he vuelto muy a menudo. Muchos viernes coincido con el doctor Javier Massaguer, el director del Hospital de Nens. Recientemente descubrí que mi tío abuelo era el proveedor de café de Casa Alfonso, allá por los años cincuenta. Café Bofarull se llamaba…

-Curiosa anécdota. ¿Qué es lo que le hace volver tan a menudo a Casa Alfonso?

-Lo más importante es el trato personal, que hace que te sientas como en casa. Por otra parte, el concepto gastronómico casa muy bien conmigo, pues prefiero picar que enfrentarme a grandes platos. Y en Casa Alfonso saben presentar muy bien estos caprichos para el picoteo. Asimismo, siempre han mostrado una gran inquietud por innovar. Queda patente en las frecuentes exposiciones rotatorias de pintura, que añaden a este local un aliciente extra.

“La dieta mediterránea es la más saludable en todos los sentidos”

-¿Hay alguna dieta recomendable para cuidar la espalda y la columna vertebral?

-La dieta mediterránea es la más saludable en todos los sentidos: comer de manera variada y equilibrada. La espalda tiene poco cartílago y no hay ningún alimento que podamos decir que la beneficie de manera especial. Precisamente uno de los retos médicos reside en cómo regenerar los discos intervertebrales. Eso y curar la artrosis.

-¿Más vale prevenir?

-Sin duda. Por ejemplo, a la hora de sentarnos. Usted ahora mismo podría mejorar su postura.

-Dígame cómo.

-En primer lugar, mejor sentarnos en la punta, con las piernas abiertas y los pies hacia atrás. Si la silla dispone de reposabrazos, mucho mejor.

-Me gustan este tipo de consejos. ¿Qué más puedo hacer por mi espalda y mi maltrecha columna?

-Deporte. Nuestro cuerpo se ha diseñado para correr y saltar; no para estar sentados. Hay que reforzar la espalda. El cuerpo es una máquina que tiene que estar afinada y, lamentablemente, muchos vivimos de la renta conseguida cuando practicábamos deporte de manera intensiva. Muchos adolescentes, sobre todo chicas, sufren dolor de espalda precisamente porque abandonan el ejercicio cuando finalizan su trayectoria escolar. Por tanto, es necesario recuperar esos hábitos saludables como es hacer ejercicio.

-Para la espalda, habrá deportes más recomendables que otros…

-Los hay. Nadar posiblemente es el más recomendable, pero también lo son el pilates, el yoga, el taichí, la gimnasia orientada… Si me pregunta si andar es saludable le diré que sí, pero no aporta ningún beneficio a la espalda salvo que se trata de ‘nordic walking’, actividad en la también se ejercita el tren superior.

-¿Alguno no recomendable?

-En caso de lesión, el pádel es el peor. Tampoco el squash es aconsejable. En cambio, el tenis sobre tierra batida sí resulta recomendable. El esquí también puede favorecer la espalda, salvo que nos dediquemos a hacerlo sobre baches. En cualquiera de los casos, lo importante es realizar muchos estiramientos antes de iniciar cualquier actividad.

-Si no estamos diseñados para estar sentados, mal van quienes invierten ocho horas al día sentados frente a un ordenador.

-Un estilo de vida sedentario no favorece la buena salud de la columna, por lo que hay que procurar mantenerse en forma y evitar el sobrepeso, pues esa patología también nos lleva a adoptar una postura de la espalda que no resulta la más idónea. Eso ocurre incluso con las embarazadas, que tienen propensión a echar los hombros hacia atrás, lo que no les beneficia en nada. Echarnos en el sofá tampoco entra en el perfil de lo que denominaríamos posturas ergonómicas. Y que conste que soy el primero que se deja vencer por esa tentación. Deberíamos recuperar la cultura postural de las civilizaciones anteriores. Un colega mío que trabajaba en el hospital de la Vall d’Hebron y que, al mismo tiempo, ejercía de médico en la Nissan constató un dato muy curioso tras varios años de observación. Los primeros operarios de la planta, que se había nutrido de personas que procedían de un entorno rural en el que estaban acostumbrados a tareas agrícolas y de alta exigencia, apenas sufrieron lesiones. En cambio, los últimos en incorporarse, para quienes ése constituía su primer trabajo, presentaban problemas frecuentemente. El cuerpo tiene que estar preparado para cualquier tipo de actividad.

“El 80% de la población mundial sufre algún episodio de dolor lumbar a lo largo de su vida”

-En caso contrario, podemos acabar en el quirófano; tal vez en sus manos.

-El 80% de la población mundial sufre algún episodio de dolor lumbar a lo largo de su vida. Y de éstos, el 40% acusa más de cien días de baja en su trayectoria laboral, si bien el problema se resuelve espontáneamente. De entrada, la cirugía debe estar alejada del paciente, pues el dolor no se resuelve en el quirófano. En algunos casos no queda más remedio que intervenir, a través de practicar una descompresión, una fijación, un desplazamiento… También es posible tener que intervenir en caso de fractura, de tumor o si existe una patología degenerativa, que resulta muy dolorosa y que, en caso de deformación hacia el interior pueda resultar especialmente preocupante, pues la columna es el estuche de la médula espinal y si ésta se comprime el problema deviene grave. La columna, de la que en mayor o menor medida penden todos los órganos del cuerpo, constituye nuestro escudo. Si nos sentimos agredidos, tendemos a refugiarnos con la espalda. Y cuando el estrés nos atenaza, estamos cargando las cervicales y las dorsales. La ansiedad o las crisis de pánico a menudo derivan en contracturas. De ahí la necesidad, insisto, de reforzar la espalda mediante el ejercicio físico.

-Todavía no me ha revelado qué es lo que le llevó a interesarse por la espalda y la columna.

-La carrera médica me llevó a ello de manera inesperada. Inicié la carrera en Lleida, donde a principios de los ochenta disfruté de los mejores cuatro años de mi vida. Compartía un piso de estudiantes, las fiestas se sucedían y, además, vivíamos unos tiempos excitantes a nivel político y social. Completé los estudios en el Hospital Clínic de Barcelona e hice la residencia en el Hospital del Mar. Me interesaban varias especialidades, incluida la cirugía. Sin embargo, algún tipo de intervenciones no me resultaban agradables. Empecé a practicar artroscopias junto a los doctores Puig Adell, Cugat o Llobet, en una época en la que este tipo de intervenciones constituían una novedad. Pero finalmente me di cuenta que era una técnica que acabaría practicando todo el mundo y que era necesario buscar mayor especialización. Finalmente, surgió una oportunidad en Alemania, en la Werner Wicker Klinik de Bad Wildungen. Se trata de un centro de referencia a nivel mundial en lo que concierne a la columna vertebral. Aunque la propuesta inicial era de seis meses, finalmente invertí ahí dos años. Volví por razones familiares.

-¿Y eso?

-Al partir a Alemania lo hice con mi esposa y mi hijo. Pese a que ella es medio alemana, fue incapaz de integrarse en aquel rincón de mundo. Cuando llevábamos un año, decidió regresar a Barcelona con mi hijo. Permanecí ahí porque no existían en Cataluña oportunidades laborales equiparables. Sin embargo, al año no tuve más remedio que tomar el mismo camino cuando constaté que mi hijo no quería ponerse al teléfono. Intentaron retenerme en Alemania, doblándome incluso el sueldo y prometiéndome que podría viajar semanalmente a Barcelona. Resultaba difícil, teniendo en cuenta que el aeropuerto más cercano se hallaba a dos horas en coche.

-Entiendo que aquí le brindaron alguna propuesta profesional interesante.

-Pues no. Me hubiera gustado trabajar en el Hospital del Mar, que era mi referente. Pero era demasiado joven para la formación que atesoraba y, por otra parte, no estaba dispuesto a asumir las condiciones que ofrecían a los jóvenes sin experiencia.. finalmente, surgió en 2004 una plaza en el Hospital Plató que compatibilizo con Spineli, una empresa que ofrece servicios completos para tratar la columna desde todas las vertientes. Contamos con rehabilitadores, fisioterapeutas, osteópatas, psicoanalistas, especialistas en dolor. Orientamos a los pacientes y les ayudamos a resolver sus problemas de espalda y de columna.

“El sistema sanitario se mantiene a costa de reducir el sueldo al personal sanitario”

-¿Gozamos de un buen servicio sanitario en nuestro país?

-La Sanidad es un engaño. Pretendemos tener una sanidad pública, universal y gratuita… sin destinar apenas recursos. El sistema sanitario, desde finales de los 80, se mantiene a costa de reducir el sueldo al personal sanitario. Resulta escandalosa la diferencia salarial de los médicos una vez saltamos la frontera; incluida la portuguesa. La sanidad privada no sustituye a la pública. Sería necesario recuperar la desgravación por las aportaciones de los particulares a la sanidad privada en forma de cuotas a mutuas. En Alemania, sistema que conozco muy bien por mi estancia durante dos años en ese país, la Seguridad Social actúa como una mutua más. Pero aquí nadie se atreve a afrontar el problema y así nos va…

-No se excite. Dígame cómo procura relajarse, al margen de cocinar. ¿Tiene otras aficiones?

-La música me gusta y, en casa, forma parte de nuestras vidas. Mi esposa es pianista y tiene una pequeña compañía de ópera. Mi hijo toca el piano y el violín, y a mí me gusta tocar la guitarra; piezas de cantautores, jazz, blues, rock… Pero otra de mis aficiones reside en los comics. Desde joven, alimenté esta pasión; primero con El Corto Maltés, que figura en mi perfil de WhatsApp, pero después con Marvel, Los 4 Fantásticos, El Gran Defensor, La Cosa, La Masa… Después con las revistas Zona 84, Vértigo, Víbora… El otro día me vi obligado a prescindir de una colección de los años 70; no tanto por la falta de espacio en casa, que también, sino porque el papel se deshacía. Resultó doloroso…

-Peor es el dolor de espalda… ¿Ya hace deporte? Porque usted me ha recomendado la actividad física pero no vaya a ser que en casa del herrero, cuchara de palo.

-Suelo jugar al tenis una vez a la semana y acudir al gimnasio cada tres o cuatro días, si bien ahora estoy en proceso de recuperación por una lesión en la rodilla que confío no tenga que someter a quirófano. En mi juventud también practiqué el rugby. Mi madre decía que todo lo quería probar… Y, ciertamente, soy muy polifacético e inquieto, pues me gusta leer, mirar cine en televisión, incluso series de corte médico (por deformación profesional), como “The Resident” o “Código Negro”. Otra de mis aficiones es la fotografía, si bien me falta constancia para la postproducción. En cambio, las nuevas tecnologías me generan cierta inquietud y procuro distanciarme de ellas.

-Mejor. No vaya a ser que el estrés le cause problemas en la espalda. 

2018-07-12T08:58:18+00:00
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