Entrevista a Lloll Bertran, actriz

Entrevista a Lloll Bertran, actriz

 “Casa Alfonso tiene el alma  de esos negocios donde se cultiva
la cercanía con el cliente”

El gusanillo del teatro y yo nacimos a la par

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Puro nervio y torrente de palabras. Así es Lloll Bertran, una actriz tan polifacética como querida que desborda hiperactividad a la vez que simpatía. Rigurosamente correcta, nos llama excitada porque el tráfico le impedirá llegar a la cita con la puntualidad que antes se estilaba. “En un cuarto de hora estoy ahí”, nos comenta para, apenas catorce minutos después hacer acto de presencia con su rostro permanentemente sonriente.

Esta mujer tiene la virtud de, en un mismo acto, saludar, quitarse la chaqueta, sentarse a la mesa y empezar a sincerarse antes de haber tenido posibilidad alguna de formularle una sola pregunta. Su locuacidad, solo comparable a una ametralladora, hace imposible tomar notas sin que se escapen los detalles de las interesantes y divertidas historias que va encadenando, salpicadas con las dosis adecuadas de sal y pimienta que solo una auténtica cocinera del espectáculo conoce y sabe esparcir.

La artista es esta mañana la invitada de los Desayunos de Casa Alfonso, aunque por un momento nos tememos que su prolífico verbo le impedirá degustar plato alguno. “Ya había venido alguna vez tiempo atrás a Casa Alfonso, y si no me dejo caer más a menudo por aquí es porque me falta tiempo incluso para acudir a ver obras de teatro de algunos de mis compañeros”. No nos extraña en absoluto, porque Lloll es una mujer de ésas a quienes les gusta exprimir el día, cada segundo, “porque me siento una sibarita de la vida”. Y mientras el personal del restaurante amablemente nos sirve, Bertran nos cuenta que en sus intentos por sacar el máximo jugo de la jornada “cuando sé que tengo que ir a un lugar me pongo a pensar que, dado que voy a pasar por allí puedo aprovechar para…”. Lo dicho: puro torbellino; pura Lloll.

-¿Cómo nació en usted la vocación por la profesión de actriz?

-Creo que el gusanillo del teatro y yo nacimos a la par. Desde pequeña, me fascinaba el teatro y, en la escuela, siempre que había alguna iniciativa en este sentido yo era la primera a quien llamaban. En el último curso de bachillerato, Escolapios y Escolapias de Igualada montamos un grupo para poner en escena “La terra es belluga”. Y después, con algunos de ellos, formamos el grupo “Ers”.

“Los niños son los mejores actores”

-Pero no sería ésa su primera irrupción en el escenarios.

-No. Ya a los dos años, cuando todavía no sabía ni hablar, ya aparecía con un dedal enfundado en el índice y tarareando… Siempre he pensado que los niños son los mejores actores. La interpretación en el fondo es un juego; hay una expresión francesa, “jouer le théâtre”, o la inglesa “play the theater”, que lo reflejan a la perfección. La base de toda interpretación es creerte el papel, y los niños interiorizan tanto un papel cuando están jugando; se creen tanto lo que hacen, viven tanto sus experiencias cuando juegan… Y me siento muy afortunada de tener la posibilidad de continuar jugando.

-¿Cuándo alimentó la posibilidad que esa debilidad por el teatro podría convertirse en profesión?

-La profesión de actriz siempre me ha parecido fascinante. Para mí, hacer teatro era una ilusión; y lo mejor de todo es no haber perdido nunca la ilusión de hacer teatro. Lo que tenía muy claro es que, independientemente de cuál fuera mi profesión, seguiría haciendo teatro. Desde mi punto de vista, no hay actores profesionales y aficionados; es cierto que para algunos es nuestro trabajo y para otros, un hobby; pero cuando amas este oficio eres un aficionado más, que es lo mejor que le puede pasar al teatro: contar con personas que hallen en él una afición, que amen este arte, más allá de que se puedan dedicar profesionalmente a él.

-No obstante, usted decidió apostar por esta profesión y estudiar Arte Dramático…

-Debo decir que soy una persona a quien le gusta arriesgar… pero con red. Y cuando acabé el COU, desde mi Igualada natal la posibilidad de acudir a Barcelona a estudiar me provocaba cierto respeto. Finalmente, decidí estudiar Magisterio, pues antes consideraba que era una de las profesiones más bonitas que existían. Ahora este oficio ha tomado un rumbo muy distinto. No ejercí nunca como maestra, aunque sí hice prácticas en Castellfollit del Boix. Posteriormente, y con el propósito de ganarme algún dinero, accedí a trabajar en verano en el Registro de la Propiedad. Todavía hoy me encuentro a personas que me transmiten la ilusión que les hace leer algún documento con mi caligrafía, por ser clara. Y un día vi que en Caixa Manresa reclutaban personal administrativo. Decidí presentarme y, tras superar las pruebas, entré a trabajar en la oficina de Òdena. Fue una experiencia muy agradable, pues en la agencia solo éramos el director y yo y a mí me correspondían unas tareas de atención al público que propiciaban que, siendo un pueblo tan pequeño, la gente acudiera a la caja y aprovechara para entablar conversación.

-Lo tendrían fácil con usted…

-Ja, ja, ja. Aquella experiencia la compatibilicé con el Institut del Teatre, pues trabajaba por la mañana en Caixa Manresa y, por la tarde, acudía a clase. Llegaba justito, pero tenía bula, ya que el profesorado conocía mi situación y eran comprensivos. Aun así, recuerdo que un día llegué tarde, entré con sigilo y me senté en la única silla que encontré libre. Una vez sentada me sentí observada por todos los compañeros. Y es que me había sentado justo en la silla en torno a la cual se desarrollaba el ejercicio…

“Cuanto más memorices, más memoria tendrás”

-Su debut se produjo cuando todavía trabajaba como administrativa.

-Tuve la suerte de hacerlo en el Teatre Grec, con “L’Auca del Senyor Esteve”, dirigida por Pere Planella y con un excelente elenco de actores: Rafael Anglada, Pau Garsaball, Joan Borràs, Carme Molina, Joaquim Cardona, Enric Pous, Enric Serra, Rosa Vila, Miquel Graneri, Montserrat Salvador, Montserrat Miralles… Y Carles Sabater y Ramon Madaula, que también debutaba. Tengo un entrañable recuerdo de Rafael Anglada, que era tierno como un peluche. Me dejó grabada una frase que la he convertido en una de mis máximas: “Cuanto más memorices, más memoria tendrás”. Tenía tanta razón… Seguí su consejo y puedo decir que tengo memoria fotográfica, de tal modo que, cuando me dan un guión, lo asimilo en un momento. Incluso en ocasiones, como en televisión, en las que hay cambios de última hora en el guión, soy capaz de asumir esas variaciones de inmediato. La memoria te proporciona una gran seguridad. Para mí, que me gusta improvisar, resulta primordial, ya que es una base para introducir esos pequeños matices personales que a menudo suponen un valor añadido.

-Finalmente, abandonó su trabajo en Caixa Manresa.

-Sí. Tras mi debut en el Auca me informaron que Josep Maria Flotats estaba seleccionando gente para “Cyrano de Bergerac” y decidí presentarme a las pruebas. Una tarde de verano, estaba en la oficina y recibí una llamada de Flotats diciéndome que quería que me incorporara a la compañía. Había un problema: quería disponibilidad total. Deseaba formar una compañía joven, a su medida, impartiendo clases de voz… Pero en verano estaba sola en la oficina, a la que acudía incluso por la tarde, y me resultaba imposible sumarme al proyecto. Finalmente, acordamos que al principio iría los fines de semana. Superado el verano, solicité la excedencia y me lancé definitivamente a la carrera artística. Cuando dos años después me avisaron que vencía esa excedencia ya estaba tan introducida en la profesión que renuncié definitivamente. Aun así, protagonicé alguna campaña publicitaria de Caixa Manresa para algunas ‘vaporetas’ que promocionaban.

“Tanto Vanessa como Sandra  son personajes que crecieron conmigo”

-Muy propio de Vanessa.

-A ese personaje le debo mucho. Es un regalo y siempre que me resulta posible procuro hacerle algún guiño en mis obras. Cuando nació, era el momento dorado de TV3. Pese a haber transcurrido más de un cuarto de siglo, es un personaje completamente actual, que sigue despertando risas. Con Antoni Bassas hicimos muy buen tàndem. Tanto Vanessa como Sandra son personajes que crecieron conmigo y que me acompañaron durante una larga trayectoria. Pero hay otros que también han marcado mi carrera como Pigmalión o la bruja de Gerónimo Stilton. El musical de Gerónimo Stilton fue una experiencia muy agradable, pues la mayoría de mis compañeros eran muy jóvenes y llenos de ilusión. En la actualidad suben unas generaciones muy bien preparadas, capaces de cualquier cosa. Y lo que me hizo subir especialmente la autoestima fue algún comentario en forma de flor que me lanzó alguna amiga, diciéndome que encajaba perfectamente con ellos…

-¿Cómo consigue mantenerse en forma?

-Me gusta mucho hacer deporte de manera moderada; y especialmente bailar. Acudo con regularidad a un gimnasio donde tengo un profesor de baile excelente, que combina todo tipo de modalidades. Bailar, recorrido termal y, si puedo, rubricar la sesión con un masaje resulta perfecto. También ayuda una dieta sana, y en casa observamos una alimentación muy cuidada. Celdoni Fonoll, mi esposo, que es poeta y cantante, cocina de perlas; pero, además, sin apenas fritos; a base de horno y vapor. Las verduras al vapor son una delicia. Comer sano no es en absoluto sacrificado. Además, cocina sin sal. Uno de sus mejores platos es el conejo al horno, que adereza con tomillo, romero, muchos dientes de ajo, pimentón…

-¿Y a usted no se le dan bien los fogones?

-Mi aportación en la cocina es pura colaboración. Celdoni invierte tiempo en ella porque le gusta, y yo ayudo rayando zanahoria, poniendo la mesa, recogiendo… De manera natural, hemos asumido cada uno esos roles. Pero, eso sí: disfruto comiendo. Los pies de cerdo son uno de mis platos favoritos; cocinados de todas las maneras. O los arroces, preferentemente de pescado. Como también los platos de cuchara, como la crema de calabaza. Y lo que nos encanta en casa es el alioli. En casa hacemos alioli a diario. Celdoni hace un alioli tan potente… hasta el punto que, cuando vienen invitados, prepara de dos tipos, ya que la mayoría no están acostumbrados a ese “alioli de hombre lobo”. Para nosotros, el alioli constituye el Santo Grial. Qué puede decirse de un alimento en el que solo concurren ajo y aceite (Celdoni no le pone sal, a lo sumo unas gotas de limón). El ajo es anticancerígeno y el aceite procede de un árbol como el olivo que llega a ser milenario. Mi marido dice que, con estas premisas, tal vez llegaremos a centenarios… ¿Me permite que le cuente una anécdota sobre el alioli?

“‘¿Pero qué coño te has puesto en la boca?’,  me espetó Pepe Rubianes tras besarnos”

-Soy todo oídos.

-El alioli es delicioso pero tiene el hándicap del aliento. Y en mi profesión, si tengo que protagonizar alguna escena de tipo íntimo, por respeto a los compañeros debo buscar una solución. Recuerdo una ocasión en la que trabajaba con Pepe Rubianes y olvidé que una de las escenas iba a transcurrir en un ascensor y que las aproximaciones con él serían máximas. A toda prisa, minutos antes del rodaje, me rocié con un espray y empecé a comer caramelos de menta para disimular el olor. El caso es que, tras protagonizar esa acalorada escena, que culminaba con un beso en la boca, Pepe me dijo (con ese desparpajo que tenía): “¿Pero qué coño te has puesto en la boca?”. Tras sincerarme me espetó, en el mismo tono: “Pues a mí me gustan las mujeres con olor a ajo…”.

-Divertida anécdota, sí. De Casa Alfonso hoy no saldrá con aliento de alioli…

-Este jamón que estamos compartiendo es excelente. Pero es que incluso el pan con tomate con que lo acompañamos está de muerte. Parece un detalle menor, pero que el pan sea tan crujiente, y que el aceite con el que está regado sea de primera calidad como se percibe, convierte un sencillo desayuno en un sublime manjar. De todos modos, al margen de los productos de calidad que se sirven en estas mesas, y de su gerente, que es un ‘filet mignon’, Casa Alfonso tiene el alma de esos negocios donde se cultiva la cercanía con el cliente. El mismo espíritu que se respiraba en “L’Auca del Senyor Esteve”, de las tiendas donde se conserva ese trato familiar y donde te sientes confortable y bien cuidada porque te asesoran con mimo y de manera personalizada. Son esos negocios que configuran esa pequeña y mediana empresa que constituyen el tejido fundamental de nuestro país. La humanidad que se respira en negocios como éste es algo que debe preservarse, pues lo que encuentras cuando entras en un establecimiento como éste difiere por completo a lo que hallas en una gran superficie, donde todo es frío, diluido e impersonal. La proximidad es un valor muy importante. Recuerdo la experiencia de un librero que, pese a que su negocio era modesto, si no tenía el título solicitado, lo buscaba donde hiciera falta para conseguirlo; y te asesoraba sobre los libros que más podían cautivarte en función de tus gustos. Esto es lo que debe procurar todo negocio: satisfacer de manera personal a cada cliente. Por ello, siempre que puedo acudo a las pequeñas tiendas de proximidad.

-Sospecho que invertirá tiempo en tertulia en esos puntos de venta…

-No se equivoca. Una amiga llegó a decirme que no vendría más a comprar conmigo porque el tiempo no le cundía en absoluto.

“Alguien dijo: ‘Que te reconozcan por la calle es engorroso,  pero es peor que no te reconozcan…’”

-Al margen de su locuacidad, usted tiene el “problema” añadido que la gente le reconoce y se siente inclinada a saludarle y a hacerse fotografías, como ha quedado patente desde que ha entrado en Casa Alfonso.

-Así es. Y es algo que solo puedo agradecer, porque el cariño que te expresa la gente no tiene precio. Recuerdo que, en cierto momento, un compañero de profesión me comentó que alguien dijo: “Que te reconozcan por la calle acaba siendo engorroso; pero es peor que no te reconozcan…”.

-Sabia sentencia. Dígame: ¿en qué genero se siente más cómoda?

-En todos los medios me siento bien, aunque si tengo que escoger tal vez me decantaría por el teatro, ya que me gusta sentir el contacto con el público. En televisión, que te brinda una ventana de popularidad inmensa, también es posible, si bien no tiene la magia de lo efímero que atesora el teatro. Toda función teatral es única, porque no hay ninguna igual. Y la reacción del público me gusta corresponderla si es posible, porque es una historia compartida. Pero cada medio te ofrece un plus. El cine, por ejemplo, es algo que queda para siempre plasmado en una pantalla gigante. O la radio, que también he cultivado, junto a Celdoni Fonoll; es un medio maravilloso en el que la voz te confiere una proximidad enorme y da pie a que cada receptor construya su propia imagen a partir de lo que le estás contando.

-¿Qué le parece culminar esta entrevista con un brindis?

-Debo confesar que soy abstemia, aunque valoro el vino y el cava como grandes aportaciones a la Humanidad. Me fascinan el color y el aroma, pero el sabor, sin llegarme a provocar rechazo, no consigue conquistarme. En ocasiones me han invitado a catas y yo, desde mi humilde ignorancia, a lo sumo puedo realizar unas aportaciones extemporáneas que, eso sí, agradecen porque complementan las que realizan los expertos. Aunque no me gusta el vino, me encanta visitar bodegas y pasearme entre barricas, absorbiendo todos esos aromas que despiden. Admito que, si fuera necesario, podría acostumbrarme al vino. De lo que no sería capaz es de consumir licores y bebidas espirituosas. Pero, cuando la ocasión merece un brindis, suelo hacer una excepción y tomar un sorbito. Y esta ocasión lo merece, de modo que… chin-chin.

2018-02-07T10:43:08+00:00
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