Entrevista a Juan Carlos García-Valdecasas, cirujano

Entrevista a Juan Carlos García-Valdecasas, cirujano

 La dedicación y el compromiso  son tan claves en un quirófano
como en un restaurante

El vino es saludable
siempre y cuando vaya asociado a la comida

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Unas manos virtuosas, un exhaustivo conocimiento sobre el aparato digestivo pero, por encima de todo, dedicación y compromiso. Ésos son los trazos que definen grosso modo al doctor Juan Carlos García-Valdecasas, catedrático de Cirugía en la Universidad de Barcelona y jefe del Servicio de Cirugía General y Digestiva, Hepatobiliopancreática y Transplantamientos del Hospital Clínic. Hace un par de años su carrera profesional fue reconocida por el rey Felipe VI con la Orden al Mérito Civil. No en vano, este galeno de vocación ha salvado centenares de vidas a lo largo de su trayectoria. Algunos tan conocidos como Éric Abidal, el entrañable defensa lateral francés del Futbol Club Barcelona. Otros tan entrañables como Alfonso García Hernández, el segundo gerente de Casa Alfonso, a quien el doctor García-Valdecasas consiguió resolver su problema hepático y prolongar, así, en catorce años su ciclo de vida.

Un día cualquiera en la vida de este entregado cirujano se inicia a las 6 y media de la mañana, cuando acude al centro sanitario para atender las primeras reuniones laborales y las visitas a los pacientes. Unas horas más tarde, el doctor realiza un alto en el camino para visitar Casa Alfonso y compartir mesa y didáctica conversación mientras repone fuerzas para acometer una jornada frenética que puede concluir a altas horas de la madrugada en su hábitat por excelencia: el quirófano.

-¿Quién le decantó a usted hacia la Medicina?  

-Mi padre era catedrático de Farmacología, y esa faceta ya despertó en mí el interés por la salud. Fue a los nueve años cuando decidí ser médico y, de hecho, nunca me planteé ninguna otra profesión. Aun así, no fue hasta tercero que opté por la Cirugía Digestiva. Mi intención inicial era ser médico y tratar enfermos. Al principio creía que me orientaría hacia la Oftalmología, pero en primero de carrera, pese a ser un buen estudiante, obtuve una nota justa (para mí, injusta) en esa materia que determinó que me replanteara mi carrera.

-Tal vez se perdió ahí un buen oftalmólogo…

-Nunca lo sabremos. Lo cierto es que estoy satisfecho de mi recorrido profesional. Para mí es una suerte, y sobre todo un privilegio, haber podido desarrollar ciertos aspectos de la Medicina que, cuando estaba estudiando, no podían considerarse más que una entelequia o una utopía. Porque si bien hoy un trasplante de hígado puede considerarse una cirugía rutinaria, en mi juventud era algo extraordinario.

-¿De qué se siente especialmente satisfecho?

-Por una parte, de haber contribuido a alcanzar unos porcentajes de éxito extraordinarios en este tipo de intervenciones, pues en el 98% de los casos los trasplantes de hígado se resuelven favorablemente. El 80% de los pacientes presenta una buena salud cinco años después de la intervención; y a los diez años son el 75%. Son porcentajes muy altos. Por otra parte, hemos conseguido que la cirugía de trasplantes haya situado nuestro país como referente en esta faceta a ojos de todo el Mundo.

“La base católica del país presuponía
que no íbamos a ser proclives a la donación de órganos”

-¿Cuál ha sido la clave?

-El sistema sanitario ha resultado clave, pero en especial es debido a que hemos contado con un alto índice de donantes. Por una vez, hemos sabido hacer algo bien, pues hemos organizado un sistema de donaciones que ha funcionado de manera excelente, lo cual fue contra pronóstico, pues un país con una fuerte base católica se presuponía que no tenía que mostrarse muy proclive a la donación de órganos. Pero ahora somos el país número uno en donantes por millón de habitantes; por delante de países como Estados Unidos o Alemania. Lideramos el ranking de países con mayor actividad en trasplantes y de resultados exitosos.

-¿Cómo se organizó este sistema?

-El sistema se inició en el Hospital Clínic de Barcelona, para posteriormente exportarse al resto de Cataluña para, después, replicarse en España. Es el más eficaz, pues incentiva la donación, ya que permite la detección a tiempo del donante. Disponemos de una ley que establece como criterio fundamental que toda persona, mayor de edad, es donante mientras no se demuestre lo contrario. A ello hay que añadir la sensibilidad de la población, a lo cual contribuye la absoluta transparencia del proceso, pues la gente quiere saber a quién van a parar los órganos.

-¿Y no se extrapola este exitoso sistema a otros países?

-Algunos países sí lo han adoptado, como Polonia o Croacia. De hecho, la Organización Nacional de Trasplantes, que recibió el premio Príncipe de Asturias, goza del reconocimiento por parte de las autoridades sanitarias de la Unión Europea. Pero hay países como Francia, Alemania o Gran Bretaña que están condicionados por su propia trayectoria histórica y en la que resultaría complejo implementar este sistema. Estados Unidos, que es un país muy heterogéneo, ha incorporado el sistema español en algunas de sus regiones, mientras que en otras aplican el sistema tradicional. En Brasil también han avanzado gracias a importar este sistema, pero en Argentina no existe el mismo incentivo y se ven condicionados por el propio de lista única.

-Usted logró sanar al segunda generación de Casa Alfonso. ¿Cómo conoció este establecimiento?

-Mantengo una buena amistad con el tercero de los Alfonso, con quien compartíamos partidos de squash en el club Vall Parc, a los pies del Tibidabo. Fue ahí donde conocí a Alfonso, quien gestionaba el restaurante del club y que fue el encargado de preparar las celebraciones de las comuniones de mis hijos. Eso me llevó a conocer a su padre. La verdad es que me gusta venir a este establecimiento, y ojalá tuviera más tiempo para visitarlo más a menudo.

-¿A qué dedica el poco tiempo libre que, sospecho, tiene?

-Tengo poquísimo tiempo entre semana y suelo invertirlo en practicar deporte. Hubo un tiempo que lo abandoné y, finalmente, mis colegas médicos me advirtieron que tenía que perder peso. Ello me llevó a hacer ejercicio con mayor intensidad. Suelo practicar la carrera en la cinta elíptica de mi casa, por la noche. Y los fines de semana doy rienda suelta a mi pasión por el golf. Empecé en el club de Vallromanes y ahora juego en El Prat, con el propósito de vencer el reto que representa este deporte.

“Intenté reanudar la carrera en el exterior…
y sufrí la lesión en la otra rodilla”

-¿Prefiere correr en casa que salir a practicar el running por la calle?

-A raíz de tener que perder peso, empecé con el running y me rompí el menisco. Pensé en operarme, pero el doctor Cugat me dijo que tenía el menisco propio de un individuo de sesenta años, y que si empezaba a rascármelo me quedaba sin menisco. Así, que opté por la prótesis. A los dos años quise intentar reanudar la carrera en el exterior… y sufrí la misma lesión en la otra rodilla. De ahí que opte por la elíptica, con la que no sufro tanto el impacto del pie contra el suelo.

-¿Qué tal se desenvuelve entre fogones?

-Mal. Me gusta disfrutar de lo que preparan los demás. Si me llaman para sentarme a la mesa, voy adonde haga falta. Soy de los que comen de todo. Aprendí de ello en el servicio militar, y nunca me he negado a probar cualquier cosa. En mis viajes asiáticos (Taiwán, China, Japón, Corea…) he probado avispas, hormigas, cocodrilo, perro, lengua de vaca, canguro, serpiente… Eso sí: como aquí no se come en ningún sitio.

-No se lo voy a discutir. ¿Qué es lo que suele apetecerle más?

-Suelo cuidar la dieta y acostumbro a comer bastantes verduras y alimentos a la plancha. Me gusta mucho el pescado al horno; sobre todo, la merluza; pero también el besugo.

“Soy más de tintos que de blancos”

-¿Le gusta el vino?

-Soy bebedor, pero no experto conocedor. Me gusta acompañar las comidas con vino, sí. Pero me satisface la sencillez. Soy fiel a un amigo que me envía botellas de las bodegas Fernández de Piérola. Me gustan los Ribera de Duero, los Rioja, los de Cataluña… Soy más de tintos que de blancos. En cualquier caso, y por supuesto, con moderación.

-¿Es compatible el vino con preservar la buena salud del hígado?

-El vino es saludable siempre y cuando vaya asociado a la comida; creo que más el tinto que el blanco, aunque no tengo base científica para defender esta tesis. Dos o tres copas de vino acompañando el almuerzo no tiene que causar ningún daño. Y fuera de las comidas, de forma ocasional, tampoco. Personalmente, soy poco amigo de consumir alcohol de alta graduación, pero tanto yo como mis cinco hijos sabemos disfrutar del vino de manera razonable y con moderación. El alcoholismo, por otra parte, es relativo, y depende de la naturaleza de cada persona, pues hay personas que con dos cervezas ya sufren enolismo. En el entorno médico se dice que alcohólico es el que bebe una copa más que el doctor que lo lleva… Bromas aparte, sí podría decir que consumir 80 gramos de alcohol al día, equivalente a una botella de vino, a dos whiskies o a dos gin tonics, resulta peligroso.

-¿Qué me aconsejaría de cara a disfrutar de un hígado sano?

-La práctica de ejercicio es básico. No le damos la suficiente importancia y, sine embargo, la actividad física se revela como uno de los mejores sistemas para la prevención de enfermedades como la diabetes, la hipertensión, el colesterol… Ya lo advertía el doctor Valentí Fuster, que aconsejaba el ejercicio diario, aunque sea andar; una actividad que a mí también me gusta mucho. No solo para el hígado, sino también para el páncreas, halla también sus beneficios en la actividad física gracias a las endorfinas que se generan; unos estimulantes que provocan una sensación positiva. Asimismo, es fuente de antioxidantes propios que resultan más eficaces para prevenir el envejecimiento que determinados medicamentos creados con ese objetivo. Y, por si no había quedado suficientemente claro, beber con moderación.

-No sé si la población, y en especial la juventud, tiene asimilado este último extremo.

-Ciertos hábitos arraigados entre la juventud son preocupantes; y el del alcohol es uno de ellos. Me enerva comprobar que, en ocasiones, se debate acaloradamente sobre temas banales y que, en cambio, un tema sobre el que deberíamos profundizar como es el alcohol y sus consecuencias no merece la misma atención. No soy partidario de un absoluto intervencionismo por parte del Estado, pues creo que acaba resultando contraproducente. Desde mi punto de vista, la clave radica en la educación. Creo que explicar a los jóvenes y adolescentes las consecuencias del abuso del alcohol, con historias contadas por personas que han sufrido accidentes de circulación por no haber tomado precauciones, consigue mejores resultados. Una silla de ruedas sacude las conciencias y permite hacerse a la idea que los excesos tienen un alto precio.

-Pronto se cumplirán 30 años de su primer trasplante de hígado. ¿Qué recuerdo guarda de esa experiencia?

-Fue el 16 de junio de 1988. Doce horas intensas en el que contábamos con un hígado sano de una joven de 18 años y en el que el quirófano estaba abarrotado con personal del Clínic que quería asistir a esa intervención. Yo había vuelto a España en 1984 y, desde entonces, en ocasiones había tenido la sensación que el sacrificio de prepararme para efectuar trasplantes no serviría para nada. Pero ahí estaba: convencido de lo que estaba haciendo. Posteriormente, fui aprendiendo, mejorando la técnica, recortando el tiempo… Ahora invertimos apenas cinco horas en un trasplante y, al día siguiente, el paciente ya está reanimado y puedes hablar con él.

-¿Cuántos trasplantes de hígado suma?

-Son más de dos mil trasplantes los efectuados por mi equipo, aunque de manera personal calculo que la mitad; algo más del millar.

-Entre ellos, trasplantes con donante vivo.

-El primero fue en el año 2000. Fue algo espectacular. Que dos personas estuvieran compartiendo el mismo hígado…

-Tengo entendido que el hígado se regenera fácil y rápidamente.

-En tres semanas, en torno al 50% de su volumen; y en tres meses, casi el 80%. El del receptor se regenera más rápido, ya que la medicación consigue acelerar el proceso.

“Sigo teniendo miedo ante un trasplante con donante vivo”

-Para usted un trasplante tiene que resultar una práctica rutinaria.

-No crea: un trasplante con donante vivo entraña una gran responsabilidad, porque al donante no puede pasarle nada. A pesar de que he practicado más de un centenar de ellos, sigo teniendo miedo. Porque controlo la cirugía, pero no que pueda aparecer una flebitis, una pulmonía o una infección. Podemos prevenir todo lo posible, pero la garantía absoluta que no surgirán problemas no la tenemos. Y eso condiciona.

-¿Cómo se supera un trago amargo?

-Afortunadamente, nunca he vivido un trago amargo de esos, pero sé que cuando eso ocurre tiene un impacto enorme para el centro. Tengo la suerte de contar con un grupo humano muy competente, porque en el quirófano el cirujano no es Dios, sino que ahí entran en juego la labor de equipo, la profesionalidad de múltiples disciplinas asociadas y una muy buena organización y coordinación. La cirugía requiere técnica y habilidad, pero también es importante la evaluación del donante, del hígado, de los riesgos. Y tener confianza en el equipo te permite mayores cotas de éxito.

-¿Cuáles cree que son las virtudes que le han llevado a triunfar en su profesión?

-Sobre todo, la ilusión. La ambición de querer cambiar el curso de los trasplantes y conseguir que todo este sistema funcionara. Debo decir que ha sido posible gracias al apoyo personal del equipo del hospital y, también, del apoyo institucional. Sin ese apoyo, no hubiera sido posible.

“Me resulta difícil hallar en los jóvenes cirujanos la misma ilusión”

-¿Es eso, ilusión, lo que les pediría a las próximas generaciones de cirujanos?

-Personalmente, me resulta difícil encontrar en los jóvenes esa misma ilusión. La cirugía ha avanzado muchísimo en los últimos años y el margen de mejora en esta disciplina es reducido, lo cual comporta que exista poco estímulo. Aun así, debo decir que se están gestando muy buenos profesionales.

-Antes ha aludido a la importancia de la organización en el quirófano. ¿Cree que existe alguna semejanza con la organización que requiere un restaurante?

-La organización, sin duda, es básica para el buen funcionamiento de un restaurante. Y ahí creo que el éxito radica en la dedicación del gerente y en el compromiso de su equipo con él. Y tanto en el restaurante como en el quirófano resulta primordial que la dedicación y el compromiso se mantengan en el tiempo. Si bien es cierto que en el quirófano está en juego la vida humana y eso alarma, en ambos ámbitos la organización, la dedicación y el compromiso son ineludibles. A mis hijos les decía que, si se planteaban ser médicos, la Medicina les tenía que gustar mucho; porque de la mera satisfacción no se vive.

-¿Ha seguido alguno de ellos sus pasos?

-Ninguno. Uno es abogado, otra dirige una cadena de gimnasios, otra es magistrada, otro economista… Supongo que la experiencia de saber que su padre a menudo llegaba a las dos de la madrugada a casa no ayudó en ello.

-Antes de levantarse de la mesa, y para terminar, dígame qué destacaría de Casa Alfonso al margen de este jamón que ha elegido degustar.

-Destacaría la calidad, tanto en el trato humano como en los productos que se sirven. Al mismo tiempo, Casa Alfonso ha conseguido aportar innovación a platos tradicionales. Como también ha sabido conservar el encanto de lo antiguo de manera impecable. Hay locales en los que lo viejo se torna decadente, pero aquí aparece realzado, porque todo se cuida con mimo y esmero convirtiéndolo en un valor adicional que convierte este restaurante en un establecimiento único.

2017-06-16T14:22:11+00:00