Entrevista a Josep Sandoval, periodista

Entrevista a Josep Sandoval, periodista

 “Me sentaron a la mesa entre Schwarzenegger y Stallone y no tuve agallas de entrevistarles”

“De Casa Alfonso lo admiro todo,
pero me quedo con sus personajes entrañables”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Un famoso entre los famosos. Así es Josep Sandoval, uno de los periodistas que durante décadas se labró un nombre entre los personajes más populares de este país y que, pese a no haber cursado carrera de reportero, vio abiertas las puertas de todas las televisiones españolas.

La prensa rosa y las páginas salmón de La Vanguardia se han visto nutridas de sus reportajes y entrevistas. Y en esta ocasión Josep ha acudido a Casa Alfonso para ser sometido a las preguntas que tienen que permitirnos conocer las intimidades que antes él escudriñaba entre sus interrogados.

Compartimos mesa y tertulia con Josep, amante de la gastronomía si bien tiene que renunciar al sabroso y excepcional bacalao que se sirve en el restaurante barcelonés de Roger de Llúria por una alergia con la que viene conviviendo desde su infancia.

-¿Una infancia feliz y con la vista puesta en dedicarse al periodismo?

-Absolutamente feliz pero deseando convertirme en actor. En el colegio, cada vez que había alguna oportunidad para actuar, me prestaba voluntario. Y en una ocasión, en la Academia Arpí, donde estudiaba, en el barrio de Les Corts, hicieron un casting para doblar a un niño africano en un documental sobre las misiones. Yo entonces tenía 13 años y recuerdo que para doblar a ese personaje, que se llamaba Bimbo, el resto de candidatos optó por adoptar un acento extraño. Pero me eligieron a mí, que fui el único que decidió doblarlo sin darle ningún acento especial. Aquella película se divulgó en varios colegios religiosos de España y Sudamérica.

-¿Y no prosperó su carrera como actor?

-Lo seguí intentando. De hecho, a raíz de aquella experiencia, mi padre, que conocía al director de doblaje de la Metro Goldwyn Mayer, consiguió concertar una entrevista con éste. Pero, a la hora de la verdad, mi progenitor decidió que aquella carrera no era la más aconsejable para mí y ahí se frustró mi hipotética carrera artística. Hubo todavía una segunda oportunidad, cuando Tony Leblanc y Concha Velasco vinieron a Les Corts para el rodaje de “Julia y el celacanto”. Las condiciones meteorológicas hicieron desestimar el rodaje en la Costa Brava como estaba previsto y, buscando un barrio en Barcelona que transmitiera ambiente de pueblo, vinieron al nuestro. Intenté colocarme en vano, pero tampoco hubo suerte.

-¿Y a partir de ahí…?

-Mi padre, que tenía un negocio de pintura, deseaba que yo estudiara para aparejador. Finalmente, estudié peritaje e inicié los estudios de Económicas. Pero me di cuenta que aquello no era para mí.

-Entonces, ¿cómo llegó al mundo del periodismo?

-Por pura casualidad. A un amigo mío, que era periodista, le propusieron hacerse cargo de la sección de Espectáculos del diario deportivo 424. Como a mí me gustaba el dibujo, me propuso que le diseñara la página para esa sección. El caso es que la misma daba para mucho, pues igual se hablaba de teatro, como de cine, de cabarets… Y me propuso si quería ocuparme de las discotecas. Eso sí: sin cobrar. En la sección creo que éramos cinco y solo cobraba mi amigo. Poco a poco, el resto fue abandonando y, a medida que lo dejaban yo iba asumiendo más protagonismo en la sección. Hasta que al final ahí quien más trabajaba era yo pero quien cobraba era mi amigo. Llegado este punto decidí acudir al director y le dije que me marchaba, pues ya estaba harto de trabajar sin cobrar. Fue entonces cuando entré a formar parte del Grupo Mundo.

“Hice la primera entrevista a Farrah Fawcett Majors
pero el director la echó a perder”

-Y el inicio de una carrera estelar que le llevó a Estados Unidos.

-Cierto. Ahí tengo varias anécdotas, pero una de las más relevantes es que, acabado de llegar a Los Angeles, vi que estaban rodando una película. Decidí acercarme a una de las actrices que había y le propuse hacer una entrevista, pensando que se negaría a ello. Pero la chica accedió. No tenía ni idea de quién era, pero pensé que intentaría venderlo de la mejor manera posible. Después me enteré que estaban rodando el primer capítulo de una serie de televisión que se llamaría “Los Ángeles de Charlie”. Aquella chica se llamaba Farrah Fawcett Majors. Pero el director, Antonio Torrents, consideró que aquella actriz no tenía empaque ni interés alguno y decidió guardarla en un cajón, como recurso por si algún día la necesitaba. Más tarde, cuando la actriz se convirtió en una de las más deseadas del mundo, el director no supo encontrarla. Le había proporcionado la primera entrevista a Farrah Fawcett Majors y ese reportaje nunca llegó a ver la luz.

-Volviendo a sus años de infancia y juventud, ¿por su cabeza nunca había pasado la posibilidad de acabar dedicándose al periodismo?

-Nunca, aunque es cierto que siempre me había gustado escribir. Incluso llegué a escribirle una redacción a mi hermano para el concurso de la Coca-Cola con el que consiguió ganar…

-Pero sospecho que no tenía nada que ver con la prensa rosa.

-No: era sobre Australia, país que nunca había visitado. La verdad es que en aquellos primeros tiempos la prensa rosa resultaba muy rentable. No obstante, cuando adquirí cierto nombre fue cuando debuté en televisión. Por aquel entonces ya trabajaba en La Vanguardia, pero empecé a trabajar en Tómbola, primero en Valencia y, después, también en Madrid. Posteriormente trabajé para ¡Qué Me Dices!, para Ana Rosa Quintana, para Maria Teresa Campos, para Crónicas Marcianas… He trabajado con todas las cadenas…

-¿Y de qué experiencia guarda mejor recuerdo?

-En Crónicas Marcianas viví la época dorada de mi carrera. Pagaban muy bien y nos mimaban hasta el extremo de tener una cocina en el plató. Cenábamos ahí. Teníamos una nevera con sándwich de angulitas, pasteles… Te ponían chóferes a tu disposición para recogerte e, incluso, recuerdo una vez que estaba en París y que requirieron mis servicios. Me buscaron un billete de avión en primera clase, me recogieron en el aeropuerto, me llevaron al plató, después me acompañaron a casa y, al día siguiente, tenía otro billete para regresar a la capital francesa. Fue un programa excepcional, aunque recuerdo que una vez pasé auténtico miedo.

-¿Cuándo fue?

-Un día en el que pusieron una pareja de dobermans encima de la mesa. Tenía uno de los perros mirándome a apenas un palmo y con una actitud no precisamente tranquila…

“Sardà acabó casándose con la peluquera de Crónicas Marcianas, que era pareja del animador del programa”

-¿Cuánto duró aquella aventura de Crónicas Marcianas?

-Yo estuve tres años, hasta que Xavier Sardá se cansó del programa. Fue una lástima, pero comprendo su decisión, pues el programa le absorbía. Él no tenía vida. Tanto es así que solo podía ligar con chicas del equipo. Recuerdo que un día salía con la productora; otro, con la directora; otro, con una bailarina… Al final, acabó casándose con la peluquera; ¡que era la pareja del animador del programa!

-¡Vaya! Pues a quien haría falta animar sería al ex de la peluquera…

-Había una buena relación entre los tres y aquel desenlace no mermó para nada la excelente sintonía existente. En cualquier caso, Sardà ganó tiempo para sí y pudo dedicarse a una de sus pasiones: los trenes. En su finca del Maresme tiene una gigantesca maqueta en la que invierte horas.

-Usted, mientras tanto, seguía invirtiendo horas y horas haciendo pluriempleo.

-Cierto. Soy un trabajador nato y compatibilizaba colaboraciones en La Vanguardia con otras en televisión. Igual por la mañana estaba en La Vanguardia y tenía que coger un avión para viajar a Madrid para entrar en televisión por la tarde y regresar a última hora del día para volver al cierre del periódico. Por fortuna, en Iberia tenía buenas amigas que me reservaban plazas privilegiadas o me cambiaban las tarjetas de embarque. Tiene guasa el tute que me he pegado de avión cuando a mí volar me genera inquietud. Lo paso muy mal y hasta que no tomamos tierra… Y no se trata solo del puente aéreo. Tenga en cuenta que habré estado en Nueva York como 70 veces, a lo que hay que sumar mis estancias en Los Angeles…

-¿Qué tenemos que hacer quienes añoramos sus crónicas en La Vanguardia?

-Pues es muy fácil: acudir a bolleriafina.com. Cuando finalicé mi etapa en La Vanguardia decidí comprar el dominio en el que antes escribía para el periódico. Ahí escribo a diario artículos de todo tipo, no solo de prensa rosa.

-¿De qué se siente más satisfecho de su trayectoria profesional?  

-No me siento satisfecho de nada. He tenido una vida profesional intensa y la suerte me ha sonreído. Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber aprovechado para entrevista a Arnold Schwarzenegger y a Sylvester Stallone.

“Cuando Schwarzenegger vio mi mechero Bic me miró como diciéndome «¿Pero qué mierda es esto?»”

-¿Y eso?  

-Fue una situación incómoda, coincidiendo con la inauguración del restaurante Planet Hollywood en Los Angeles. El caso es que organizaron las mesas por orden alfabético, y Sandoval empeza por S, como Schwarzenegger y Stallone. La casualidad propició que me sentaron a la mesa entre ambos y no tuve agallas de entrevistarles. De hecho, mantuvieron una actitud muy arrogante durante toda la cena y eran personajes que imponían. Cuando acabó la cena, Schwarzenegger extrajo una pitillera de oro, adornada con piedras preciosas, la abrió y me mostró unos puros Robustos en cuya vitola figuraba su rostro. Me ofreció uno, lo cogí y me dijo que tomara un segundo. Tras ello, me puse la mano en el bolsillo y saque mi mechero Bic de plástico. Me miro como diciendo: “¿Pero qué mierda es esto?”. A continuación, hurgó en su americana y extrajo un mechero dorado, a juego con la pitillera. Hasta el chasquido que hizo para encenderse el puro tenía glamour… Eso sí: no se dignó a encenderme el mío. A esto que Stallone se gira hacia mí, por primera vez en toda la noche, y yo que le digo, en catalán (porque por la estupefacción del momento me salió así): “M’ha donat dos puros…”, refiriéndome al regalo de Schwarzenegger. Y el actor de Rocky que me miró con desprecio y volvió a regalarme su espalda.

-En cualquier caso, en su carrera profesional ha entrevistado a personajes mucho más interesantes.

-Tuve la ocasión de entrevistar a Steven Spielberg en los estudios Universal. Allí le habían reproducido su casa para que invirtiera el máximo tiempo posible en los estudios y trabajar cómodamente. Eso sí: había tanta seguridad por todas partes… En cada habitación, un vigilante. Ese día estaba con él Jeffrey Katzenberg, dueño de Dreamworks. Y cuando acudí a él, vino y me saludó de manera efusiva, y me presentó de un modo sospechoso ante Katzenberg, hasta que le dije que probablemente se había confundido. Y, en efecto, creía que yo era un actor célebre, a lo cual yo le dije: “Mis amigos me llaman Sando, he hecho algún pinito como actor en alguna producción de esos amigos, pero que sería comparable al tercer tyranosaurus rex que mordía a la chica…”. Encajó bien aquella circunstancia pero, ni corto ni perezoso, dijo que necesitaba relajarse. Y cogió el coche y se fue a conducir. Regresó cuarenta y cinco minutos después y me enseñó su archivo del Holocausto. Asimismo, tenía reunidas toda una serie de roulottes que actores famosos, como Charles Chaplin, habían utilizado como camerinos.

-Además de su blog, también podemos leerle a través de su libro.

-Hace seis años lancé “Dime con quién vas”, un libro en el que resumía mis anécdotas profesionales. La editorial me preparó una presentación excesivamente formal, y yo les dije que sería preferible organizar una fiesta. Finalmente, decidí organizarla por mi cuenta. Contacté con Jean Paul Gaultier, quien se avino a apadrinar el libro. En justa correspondencia, quise agasajarle con lo que le gustaba: el flamenco y las vedettes tradicionales. A la fiesta, celebrada en la sala Astoria, acudieron 600 personas. En ella actuaron La Maña, Maruja Garrido y sus palmeros, o Rafael Amargo y Amador Rojas, quienes se retaron a un duelo de taconeo.

-Usted ha amasado muchas amistades a lo largo de su vida.

-Entre ellos a Alfonso García, el gerente de Casa Alfonso, a quien conocí casualmente en Can Meli, donde jugábamos a squash. Bueno, en realidad invertíamos más tiempo en el spa y en el solárium que a ese exigente deporte…

“Le estampé la raqueta en la cabeza
al campeón de España de squash”

-Cuando jugaban a squash, ¿quién ganaba?

-No se lo voy a revelar, pero sí le diré que nunca he tenido espíritu competitivo. Incluso, más que de squash, yo era de acudir al Club Natació Barcelona, donde me tiraba nadando tres horas sin tener que dar explicaciones a nadie. Sí le contaré una anécdota del squash en Can Meli, y es que ahí también jugué con José Luis de la Guardia, campeón de España de la modalidad. Ése sí se lo tomaba en serio, y yo, que soy muy tramposo, si podía arañarle un punto me sentía feliz. De hecho, a mí lo que me interesaba del squash era que se trataba de un deporte muy intenso que me permitía mantener en forma. Y con el campeón de España no te quedaba más remedio que correr y correr. Y en una ocasión en la que intenté racanearle un punto, se lo tomó tan a mal que me lanzó un pelotazo a la espalda que me proyectó hacia una de las paredes. El impacto con la pared me dejó en el suelo sin habla y él, lejos de reanimarme, optó por espetarme: “Levántate, que estás gordo”. Finalmente, me levante y le estampé la raqueta en la cabeza…

-¡Caramba! Aunque conoció a Alfonso en Can Meli, usted ya había acudido alguna vez a Casa Alfonso.

-Sí, ya había venido varias veces y conocía a su padre y a las “tietes”. Una amiga, Conxita, que conocía varios locales emblemáticos para comer fue quien me descubrió este establecimiento.

-¿Qué es lo que más valora de este sitio?

-Puedo decir que se trata de un restaurante que mantiene una muy buena calidad gastronómica unida a un trato y un servicio muy agradable. Todo ello en un entorno único. Lo admiro todo, de Casa Alfonso, si bien me quedaría con sus personajes entrañables: la sonrisa que tenían las “tietes”, la imagen del padre de Alfonso o el don de gentes que atesora el actual gerente.

-Si tiene que elegir algún plato…

-Me quedaría con sus croquetas. Cualquiera de sus catorce variedades son exquisitas, aunque si me tengo que decantar por alguna diría las de pollo o las de jamón.

-¿Qué tal se le da a usted la cocina?

-Solo me defiendo a nivel elemental: alguna ensalada, alguna tortilla, un poco de pasta… Para salir del paso; cocina de supervivencia. Pero no tengo ni idea de hacer paellas o estofados.

-¿Qué les recomendaría a los jóvenes que sopesan seguir su profesión?

-Que trabajen mucho y que nunca subestimen a ningún personaje. Deben evitar cualquier tipo de prejuicio respecto a los entrevistados, pues cualquier persona puede atesorar talento y llegar algún día a gozar del reconocimiento que, en el momento en el que coincides con él, todavía no ha conseguido. Por ello, hay que tratar a cualquier entrevistado como si fuera la hostia.

-¿Entiende que usted ha sido envidiado por muchos periodistas?

-Desde mi modestia, puedo entenderlo, porque la vida me ha sonreído. Debo decir que me lo he ganado, porque he trabajado mucho, aunque también admito que he tenido suerte. Pero insisto que ha sido a base de trabajar muchísimo. Piense que, en ocasiones, un mismo reportaje tenía que hacerlo cinco veces, para distintas publicaciones: lo hacía para ¡Hola!, con un tono más elegante; para Lecturas, desde un punto de vista más doméstico; para Semana, prestando mayor atención a la moda… Había que adecuar el texto a la clientela. Y después de todo eso me quedaba hasta altas horas de la madrugada llevando a cabo otra labor. ¿Quiere saber cuál?

“Le ponía textos a las fotonovelas eróticas
a altas horas de la madrugada”

-Me deja intrigado…

-Me dedicaba a un trabajo muy bien pagado, como era el de poner textos a fotonovelas eróticas. Eso significaba ir pasando diapositivas e inventarme los diálogos entre las parejas: “¡Ay, amor! No sabes cómo me tienes”, y le daba al clic para pasar a la siguiente diapositiva; y a lo mejor me inspiraba “Bésame”. Lo mecanografiaba y con un clic daba paso a otra diapositiva: “Dime que me quieres…”.

2018-03-06T08:02:35+00:00
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