Entrevista a José María Peiró, diseñador de trajes de novia

Entrevista a José María Peiró, diseñador de trajes de novia

 “Una novia no se casa
con cualquier diseñador”

Para una boda en Casa Alfonso
recomendaría a la novia un vestido de estilo bohemio

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Por sus manos han pasado millares de novias que han confiado en él para el día más importante de su vida. Podría haber sido modisto, pero su visión y su ambición llevaron a José María Peiró a encarar su carrera profesional hacia el diseño de vestidos nupciales. Sus creaciones no solo han conquistado a las protagonistas de las bodas locales, sino que este artista textil se ha labrado un nombre más allá de nuestras fronteras y, a medio plazo, confía que sus exportaciones alcanzarán el 50% de su negocio. Veterano conocedor de Casa Alfonso, este reputado diseñador hace un paréntesis en su apretada agenda para compartir mantel en el famoso restaurante barcelonés.

-Usted se inició profesionalmente siendo muy joven.

-Así es. A los dieciséis años ya trabajaba en talleres de costura. Siempre me había gustado el mundo del diseño y el dibujo y me ofrecieron trabajar en una empresa que se dedicaba a confeccionar vestidos de fiesta y para novias. Tras tres años como aprendiz, decidí fundar mi propia empresa.

-¿A los diecinueve años? Vaya precocidad.

-Sí. En Sevilla me llamaban José María Tempranillo. En esa época ya me movía mucho y vendía mis creaciones en distintas tiendas de toda España. Quise especializarme en vestidos de novia, pues constaté que las chicas que querían algo especial para ese día tan importante solían acudir a las modistas. Pero estas profesionales estaban desapareciendo, y la alternativa existente eran los modelos ya confeccionados, pero que no presentaban idéntica calidad. Ahí vi un filón interesante y decidí lanzarme y romper moldes.

“La manera de vestir de las personas
es una manera de descubrir cómo son”

-¿No tenía en su familia ningún ancestro que se dedicara a una actividad similar?

-Ninguno. El mundo de las chicas siempre me ha atraído. Mis juegos de infancia no eran los típicos masculinos como el fútbol y durante toda mi vida he cultivado más amistades entre las féminas que entre los chicos. Siempre me he fijado mucho en la manera de vestir de las personas, porque es una manera de descubrir cómo son; sobre todo en el caso de las mujeres. Y si me he centrado en los trajes de novia es porque te permite trabajar con materias primas más nobles, pues el prêt à porter ha evolucionado a un tipo de prendas en la actualidad que es de usar y tirar; y por razones de costes resulta inviable recurrir a materiales nobles como la seda, por ejemplo.

-Durante una larga etapa contó con un socio…

-Sí. Me alié con Jesús para crear Jesús Peiró, que era básicamente administrador de la empresa. Teníamos el taller en Sants y vendíamos directamente a las novias. Aunque nos publicitábamos en revistas especializadas, puedo decir que el principal reclamo era el boca-oreja. Los modelos que salían de nuestra factoría causaban sensación. Fuimos de los primeros en vender vestidos acabados a las novias.

-Aunque sin renunciar a los encargos.

-Continuábamos dando la posibilidad de realizar vestidos a medida, sí. Y no solo a las novias, sino a las madres de la novia. Afortunadamente, el perfil de madre ha cambiado mucho…

“Antes las madres de las novias eran tan clásicas
que aspiraban a vestir como una vieja”

-¿Por qué lo dice?

-Porque antes eran tan clásicas… Aspiraban a vestir como una vieja. Hoy en día esas madres se sienten jóvenes y buscan un modelo atractivo. Por eso prefería también centrarme en las novias, para evitar desencantos.

-¿Cuántos vestidos habrá diseñado en su vida?

-Pues calculo que habrán sido más de seis mil, a razón de unos doscientos por año. Una de las mayores satisfacciones ha sido diseñar el vestido… para la hija de otra novia a quien había vestido. Y eso que ahora se ha elevado la edad media en la que se contrae matrimonio, pues si cuando empecé las novias solían casarse a los veintitrés años, ahora se han invertido los guarismos y se casan en torno a los treinta y dos. La edad en la que se pasa por la vicaría ha dado lugar a dos sentencias controvertidas: “llega un momento en el que el hombre tiene que sentar cabeza” y, tiempo atrás, “las que se no se han casado a los veinticinco se quedan para vestir santos”.

-Y en el caso de Jesús Peiró hubo un momento para la separación.

-Hace catorce años decidimos separar nuestras vidas profesionales. La empresa había crecido enormemente y se había vuelto excesivamente comercial para mi manera de entender este mundo, donde entiendo que la creatividad debe primar por encima de todo. El gusto y la creatividad suelen estar reñidos con lo comercial. Y, a partir de ahí, decidí crear José María Peiró for WhiteDay.

-¿En qué se diferencian sus creaciones respecto al resto de diseñadores?

-Mi estilo siempre ha buscado diferenciarse del resto y, sobre todo, evitar los disfraces. No me gustan los grandes volúmenes. Busco la elegancia y conjugarla con la coherencia. Uno de los problemas con los que me encuentro es que, como en la actualidad la gente no suele prestarle hoy en día suficiente atención a la hora de vestirse, el día de la boda hay quienes quieren darlo todo. Y con esa perspectiva a menudo se pierde el sentido común. Desde mi punto de vista, si la ceremonia es religiosa no se puede acudir al templo con un vestido extremadamente abierto. Y si se trata de una boda civil es posible aparecer sexy pero sin sacrificar la elegancia.

-¿En qué se inspira para sus creaciones?

-Procuro hablar mucho con ellas. Les pregunto por el entorno en el que van a casarse, el tipo de ceremonia, si les gusta ir despeinadas, si son más modernas o más clásicas… Y, en función de si se casan en una masía, en una playa, en un castillito… les lanzo la propuesta que considero más adecuada, procurando que el vestido sea lo más personalizado posible.

“Las novias no disponen de tanto tiempo como antes
para seleccionar vestidos”

-Por algo vendrán a usted…

– La novia no se casa con cualquier diseñador. En la actualidad, las novias no disponen de tanto tiempo como antes para seleccionar vestidos. Antes podían recorrer decenas de tiendas buscando el que más les gustaba, pero con el actual ritmo de vida resulta imposible. Suelen consultar en Instagram, en Facebook o en Internet y hacen una criba. A partir de aquí, saben que si acuden a José María Peiró conseguirán algo diferente.

-Fabricado íntegramente en Barcelona.

-Así es, y con materiales selectos, como la seda natural, telas italianas o el encaje francés. Quedamos muy pocos que fabriquemos exclusivamente aquí. La mayoría externalizan la producción en Asia. Recientemente he hecho un cambio radical y atiendo a las novias directamente en los ateliers de Madrid y de Barcelona.

-¿Son buenas confidentes?

-Las novias saben lo que no quieren. Me proporcionan información muy interesante. La mayoría rehúye la ciudad como escenario de la boda; como también casarse en invierno o primavera. Ahora todo el mundo quiere casarse en verano, sin caer en la cuenta que pueden ahorrarse entre el 30 o el 40% si se casaran en invierno, cuando hay menos demanda y cuando hay destinos para el viaje de novios muy interesantes y asequibles en esa época.

-¿Se ha convertido, pues, en una actividad estacional la del diseño de vestidos de boda?

-Completamente. La actividad se concentra en cinco meses, de junio a octubre, teniendo en cuenta que en agosto tampoco no suele haber enlaces nupciales. Empresarialmente, eso supone un serio hándicap de cara a mantener una estructura de veinticuatro profesionales que son los que forman nuestra compañía.

-¿Sospecho que los siete meses restantes no son de tiempo libre?

-No. Nos dedicamos a actividades comerciales, a la venta de colecciones.

-¿Y a qué dedica José María Peiró su tiempo libre?

-A disfrutar de la familia, básicamente. Tengo tres hijos, de 13, 11 y 10 años, y siempre que podemos nos escapamos a una masía ampurdanesa, en Pals. Ahí me permito hacer de payés y tengo un huerto donde me entretengo.

“Accedí a diseñar el vestido de boda de mi esposa”

-¿Vistió a su esposa para su enlace nupcial?

-A pesar de que dicen que trae mala suerte ver el vestido de la novia antes de la boda, accedí a hacérselo. Me decanté por un vestido sencillo de seda, para casarnos en el Empordà.

-Sus modelos han traspasado fronteras.

-Aunque el negocio se concentra principalmente en España, tenemos distribuidores en Italia, Alemania, Estados Unidos y Japón, y este año hemos conseguido representación en Reino Unido. Ahora la exportación supone el 30% de nuestra facturación, pero confiamos en que pronto superemos el 50%.

-Usted conoció Casa Alfonso hace décadas.

-De la mano de mi padre. Fue él quien me trajo aquí por primera vez, a principios de los 70. Entonces el ambiente era algo distinto, pues predominaba la charcutería. Mi padre, que tenía una gran relación con el segundo de los Alfonsos, el padre del actual gerente, era un tipo muy meticuloso con los productos. Venía especialmente a Casa Alfonso por el jamón, lo cual no quería decir que se trasladara después a la otra punta de Barcelona para conseguir un fuet que, para su gusto, era el mejor, o que recorriera toda la ciudad para comprar un vino de payés que, en su opinión, no tenía parangón. Era hijo de unos payeses de Cardona y tenía el paladar muy exigente.

“Casa Alfonso ha sabido ser fiel a su esencia”

-Por eso vendría a Casa Alfonso… ¿Qué destacaría usted de este establecimiento?

-Sobre todo, su capacidad por mantener este estilo tan auténtico, tan original. En este sentido, Madrid ha mostrado mayor cuidado en conservar estos establecimientos emblemáticos, como el Lhardy. Casa Alfonso ha sabido ser fiel a su esencia. Locales como éste hay pocos en Barcelona.

-¿Cómo vestiría a una novia que escogiera Casa Alfonso para su boda?

-Para unas nupcias en Casa Alfonso recomendaría a la novia un vestido de estilo bohemio, acorde con lo que respiran estas paredes.

-De la carta de Casa Alfonso, ¿qué destacaría?

-Aunque la elección resulta difícil, el jamón es inigualable.

-Entre sus preferencias culinarias se hallan…

-Los guisados; en especial cuando llega el frío.

-¿Se maneja usted bien en la cocina?

-Mi problema es que no tengo tiempo. Pero no se me da mal la carn d’olla o el asado. En Navidad suelo conseguir elogios entre mi familia por el asado que les preparo.

-¿Qué le parece si acabamos esta entrevista confesando un pequeño pecado de juventud?

-Me parece correcto y divertido, ahora que ha prescrito ese pecado. Y es que, con diecisiete años, me compré un coche y me fui de viaje.

-Sin carnet.

-Sin carnet. Eso me dijo mi madre. Yo tenía que ver mundo y le dije que ya me lo sacaría más adelante…

2017-12-19T10:07:37+00:00