Entrevista a Jorge de León, tenor

Entrevista a Jorge de León, tenor

 “No hay nada más gratificante que hacer disfrutar a los demás, y cocinar o cantar lo consiguen”

“Acudir a Casa Alfonso forma parte
de lo que yo llamo deporte cultural

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Cuando el público acude a disfrutar de la ópera al Gran Teatro del Liceo probablemente ni se le pasa por la cabeza que ese acomodador que les acompaña hasta ocupar su butaca pueda llegar un día a subir al escenario y asumir el papel principal. Pero la historia de Jorge de León nos permite descubrir que, tras una enorme voz, se esconde una trayectoria labrada en la humildad y en el trabajo continuado hasta conseguir hacer realidad el mayor de los sueños profesionales.

Este canario, que a partir del 10 de marzo interpreta Andrea Chénier en ese majestuoso teatro operístico barcelonés, demuestra ser un artista que toca con los pies en el suelo; consciente que el éxito es algo efímero y que mantenerse en primera línea resulta mucho más complejo que alcanzar esa posición privilegiada.

Poco antes de un ensayo, Jorge de León se acerca a Casa Alfonso para compartir mesa y charla. Afirma que es la primera vez que vive esta experiencia en el restaurante de Roger de Llúria, pero promete que no será la última; sin descartar, incluso, obsequiar a la clientela con una actuación improvisada.

-¿De dónde le viene su pasión por la música?

-Mi familia, originaria de Lanzarote, siempre fue muy folklorista. Muy pronto entré en una coral y la música se convirtió en mi pasión ya desde muy joven. Tocaba la guitarra, el timple canario o el cuatro venezolano, y entré a estudiar música y canto en el Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife con Isabel García Soto. Posteriormente amplié estudios de canto en Italia con Giuseppe Valdengo y con Alfonso García Leoz.

-¿Alfonso García? Vaya, como los gerentes de esta misma casa. Sus padres, no obstante, no desarrollaron la carrera artística como usted, ¿verdad?

-No. Mi padre era albañil y mi madre, ama de casa. Yo mismo, mientras me preparaba para hacerme un hueco en el mundo artístico, compaginé distintas profesiones que compatibilizaba con mis estudios. Fui, por ejemplo, acomodador de cine, trabajé como comercial en Carrefour o en una tienda de muebles o, incluso, como policía local.

“Durante diez años estuve trabajando como policía”

-¿Dónde?

-En Adeje. Con el propósito de conseguir un puesto de trabajo estable mientras estudiaba, busqué una plaza de funcionario. Durante diez años estuve trabajando como policía, hasta que pedí la excedencia al ver que mi carrera artística prosperaba. Tuve la suerte de contar con muy buenos compañeros, que me cambiaban los turnos para facilitarme acudir a clases, ensayos…

-Su vida dio un vuelco en 2004.

-Hasta entonces había hecho algunos partiquinos en varios teatros, pero ganar el Concurso Internacional de Canto Julián Gayarre fue un gran revulsivo; que se vio corroborado con el segundo premio del Concurso Jaime Aragall.

-Y empieza ahí una carrera triunfal pero sospecho que muy exigente…

-Así es, porque hasta entonces la carrera había reclamado un gran esfuerzo, pero cuando llegas a determinado nivel la exigencia todavía es mayor. Cuando te conviertes en alguien conocido, el público, los melómanos, tus seguidores… tienen unas expectativas mayores que no puedes decepcionar. En mi caso, llegar solo fue un inicio del camino que me esperaba.

-¿Cómo es la preparación de un tenor consolidado como usted?

-Depende de las épocas. Al empezar, tienes que estudiar mucho. Cuando las funciones se van encadenando tienes que buscar espacios entre los ensayos para seguir estudiando y preparándote. Tenga en cuenta que las sesiones de ensayo pueden comportar entre cuatro y cinco horas diarias.

-Y todo ello cuidando la voz…

-Y también la forma. Esta profesión es muy exigente y hay que cuidar la dieta, mimar la voz y mantener una buena forma física.

-¿Cuáles son sus métodos para mantenerse en forma?

-Durante once años, la carrera fue mi método para mantenerme físicamente. Para ser policía era necesario gozar de una excelente forma física, y salía con mis compañeros a correr a diario. Pero con el tiempo esta práctica fue derivando hacia otra. En Chicago, por ejemplo, me encontré que con 27 grados bajo cero no podía salir a correr porque ponía en peligro mi voz. De manera que lo que hice es abrigarme bien y transformarlo en lo que yo denomino como deporte cultural.

-¿En qué consiste?

-Pues en hacer una ruta que te permita conocer la ciudad. Y ya sea planificándolo previamente, o improvisando, recorrer la ciudad sin dejar de visitar museos, parques, templos… Y eso te permite descubrir de primera mano el entorno.

-En cualquier caso, un tenor tampoco necesita ejercitarse de manera muy intensiva.

-Un tenor debe mantenerse en forma pero sin demasiada intensidad, cierto. Y debe estar atento a muchos detalles para no poner en riesgo la voz. Practicar la natación, por ejemplo, entraña riesgos, por la presencia de cloro en el agua. Por ello, es preferible hacerlo en el mar. Y el ejercicio que permite rebajar peso es aquel que lleva el cuerpo al extremo y que provoca la quema de grasa. Pero todo eso debilita, lo cual no resulta recomendable para quien tiene que cantar sobre un escenario, pues ésta es una actividad agotadora. Por ello, hay que buscar cierto equilibrio.

“Algunos compañeros sudan tanto que deben
cambiarse la camiseta dos o tres veces por función”

-Viendo cómo sudan algunos tenores, sí parece una actividad agotadora la suya…

-Tengo compañeros que sudan tanto que se tienen que cambiar dos o tres veces la camiseta interior durante la función. Se pierde mucho líquido cuando estás actuando sobre el escenario; por los nervios, los focos, el esfuerzo que supone cantar… Piense que son cuatro horas de función, en la que acabas tan agotado que, cuando finaliza, te comerías un cochino con cáscara… Y lo que suele ocurrir es que acabas comiendo tarde y mal. Recientemente, por ejemplo, actué en Turín. En Italia se suele cenar entre las 7 y las 8 de la tarde, y al acabar, con un hambre espectacular, te das cuenta que son las once de la noche y que a duras penas encontrarás ningún establecimiento abierto.

-Y sospecho que no resulta recomendable comer copiosamente antes de la función.

-No. Hay que comer mucho antes de la función. Yo suelo hacerlo un par de horas antes como mínimo. Y es mejor comer de manera frugal porque tener hambre te mantiene más despierto, más atento y más concentrado en lo que estás haciendo. En cualquier caso, cuando estás sobre el escenario en lo último en lo que piensas es en comer.

-¿Sigue algún tipo de dieta en especial para cuidar la voz?

-Un tenor debe buscar una alimentación equilibrada, combinando hidratos de carbono y proteínas. Para cuidar la voz hay que observar otros aspectos, como por ejemplo fumar, que no resulta compatible con el canto. O evitar el ruido: las discotecas son el enemigo número uno para un tenor, pues te obligan a forzar la voz para que te escuchen. Yo enseguida noto la tensión en las cuerdas vocales cuando tengo que forzar la voz.

-¿Suele cantar en la ducha?  

-Raramente; entre otras razones porque el agua caliente suele generar un ambiente húmedo que puede dañar las cuerdas. La voz es mi instrumento y debo cuidarla. Por eso suelo practicar ejercicios expresamente orientados a ello, al igual que cualquier deportista calienta sus músculos antes de competir.

-Además de la ópera, ¿le gustan otros géneros musicales?

-Soy un amante de la música en general que ha tenido la suerte de convertir la ópera en su medio de vida. Desde niño alimenté esta ilusión por la música. Incluso podría impartir clases, pues tengo el título de profesor de música en grado superior. No obstante, siempre me he planteado desarrotlar la carrera musical desde el punto de vista artístico. No descarto en un futuro dedicarme a la docencia. Todo dependerá de si llega un día en el que el instrumento no da más de sí…

“Cada día le pongo todo mi amor a la profesión”

-¿Teme que su voz se apague algún día?  

-Una carrera larga en el mundo de la ópera no resulta fácil. Por detrás vienen nuevas generaciones muy potentes y cada cual tiene que saber cuándo llega el momento de ceder paso. Yo tuve la suerte de empezar como tenor spinto, un privilegio que constituye el sueño de todos los grandes tenores. En cierto modo, sería como decir que toqué el techo en el inicio de mi carrera. A partir de aquí, todo resulta un tanto complejo y hay que marcarse nuevos retos y pensar, cada día que subes al escenario, que puedes gustar o no. Eso sí: cada día le pongo todo mi amor a la profesión.

-Ahora tiene nuevos e interesantes retos por delante.

-En efecto. Ahora en marzo ponemos en escena en el Liceo Andrea Chenier, con dos repartos, de modo que intervengo en 7 funciones con el papel principal. Posteriormente actuaré en Hamburgo, en Viena y en Tokio, donde pondremos en escena la Tosca de Puccini. Y en 2019 me espera el talismán de los tenores: Otello, en Málaga.

-¿Está suficientemente reconocida la ópera en nuestro país?  

-Sí. Solo hace falta ver la de grandes teatros con los que contamos. Aun así, es cierto que le falta algo más. Pero resulta difícil competir con el exceso de oferta de ocio. En la actualidad, todos tenemos acceso a un abanico tan amplio de eventos culturales. También hay que felicitarse que la tecnología permita que hoy la ópera llegue al cine y que no sea necesario desplazarse a miles de kilómetros para disfrutar de una determinada actuación. Eso permite que mucha gente que no conocía el ópera descubra este arte y se sorprenda de su riqueza. Estamos hablando de un espectáculo que aúna teatro, música, danza, escenografía, pintura, poesía, luz… Aquí tal vez no estamos tan habituados, pero yo he visto en Alemania a niños que acudían al teatro a escuchar ópera como si fueran al cine a ver una película. Y hay que desterrar la idea que la ópera es carísima. Hay opciones que la hacen asequible para todo el mundo. Hay que pensar que la cultura es lo que nos forma como personas.

“Lo que llamó la atención de los críticos fue mi agudo”

-¿Cuál es la principal virtud de Jorge de León?  

-Lo que llamó la atención de lo críticos fue mi agudo, que recuerda a los tenores de antaño; un perfil de artista que ya no existe. Sobre esa punta de agudo he tenido que trabajar a lo largo de mi trayectoria. Bien es verdad que también gusta mi interpretación y mi puesta en escena, así como también se valora mi aparente juventud.

-Al margen de la música, que también constituye una afición, ¿a qué le gusta dedicar el tiempo libre?  

-Soy un enamorado de mi tierra y del mar, así como también de viajar. Me gusta caminar y disfrutar con mi moto y navegar con mi barquito. Me permite evadirme de esos momentos intensos de las actuaciones y recuperarme.

-¿Qué tal se le da la cocina?

-La cocina siempre me ha generado inquietud, pues forma parte de nuestra cultura, también desde el punto de vista creativo. Lo incluyo dentro del deporte cultural, pues me encanta visitar mercados, ver los productos… Y me encanta disfrutar de la gastronomía de cada lugar que visito. Cuando vengo a Cataluña, aprovecho para degustar calçots o butifarra.

-Pero no me ha respondido si se maneja bien entre fogones.

-Me gusta cocinar para alguien. No hay nada más gratificante que hacer disfrutar a los demás, y cocinar o cantar son actividades que lo consiguen. Ésa es una misión en la ópera y a mí me encanta ver disfrutar a los míos ante un plato que les pueda haber preparado. Puedo hacerles unas papas arrugás, pero también, como mi pareja es valenciana, últimamente le estoy cogiendo el punto al arroz. En Catarroja me enseñaron a preparar el típico all i pebre, que yo en Canarias lo hago a mi manera con morena o con congrio, ya que no disponemos de anguilas. Es fantástico ver la reacción de satisfacción de la gente ante un plato que le gusta, como también lo es ante una actuación en el escenario. Recuerdo lo gratificante que fue ver a unos niños que acudieron a un ensayo, que se quedaron con la boca literalmente abierta cuando desplegué toda mi voz.

-¿Tiene algún plato preferido?

-En este país se come estupendamente en todas partes. Recientemente estuve en Asturias, donde pude disfrutar de unas excelentes fabes con almejas y sidra. O las tellerinas de Galicia me encantan también. Al igual que me gusta disfrutar del producto de temporada en cada momento del año.

“Casa Alfonso es como una máquina del tiempo
que te traslada a otra época”

-¿Cómo calificaría esta experiencia en Casa Alfonso?

-Como muy agradable. Este establecimiento resulta muy acogedor, por su luz, por su ambiente. Tiene un gran encanto. En cierto modo es como una máquina del tiempo que te permite trasladar a otra época. Es un local con solera. Acudir a Casa Alfonso formaría parte de eso que llamo deporte cultural, porque aquí puedes disfrutar también de la esencia de la ciudad, de su gastronomía, de la conversación, de su arte… En el futuro formará parte de mis rutas culturales en próximas paradas en esta ciudad. Palabra.

-¿Qué les recomendaría a los jóvenes que desearían seguir sus pasos artísticos?

-Le voy a contestar con mi experiencia. Yo luché por mis sueños y fui en todo momento realista. Quise desengañarme y no vivir de ilusiones. Hay que pensar que si la puerta no se abre hay que buscar alternativas. La perseverancia no está reñida con la ilusión, pero cada cual tiene aceptar sus circunstancias y su realidad. Entonces, a partir de ahí, lo que recomiendo es ser realista. Yo, por ejemplo, sé que nunca voy a ganar una medalla olímpica. A lo sumo podía haberme planteado participar en unos Juegos. Pero hay que partir de la base de las posibilidades que cada uno tiene para alcanzar sus metas. Esos sueños hay que mantenerlos, sí, y afrontar la vida de manera positiva. Pero siendo siempre consciente de las circunstancias con las que concurres y la realidad que te rodea.

2018-04-03T13:31:13+00:00
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