Entrevista a Jordi Nadal

Entrevista a Jordi Nadal

Entrevista a Jordi Nadal, director general de Plataforma Editorial

 El ingrediente principal
en la receta para cocinar un buen libro es la autenticidad

En 1992 ya documenté en un libro
que Casa Alfonso era el mejor sitio para desayunar

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Cocinero antes que fraile, Jordi Nadal atesoró quince  25 años de formación editorial antes de lanzarse a su propia aventura empresarial. A esa década y media enriqueciéndose entre fogones de distintos sellos bibliográficos hay que añadir una pasión por la lectura alimentada por personajes tan populares como Tintín, Astérix o Mortadelo. Hoy se siente un afortunado por tener perfectamente alineada una vida en torno a los libros, pues tanto su perfil académico, como su oficio y su afición principal encajan perfectamente en una realidad que le permite mantener al menos tres conversaciones interesantes por semana. Un servidor confiesa que la mantenida con el director general de Plataforma Editorial en el transcurso de este Desayuno de Casa Alfonso ha resultado exquisita.

-¿De dónde le viene a usted la pasión por los libros?  

-Creo que es algo innato. Siempre me ha gustado mucho leer.

-Tal vez su padre alimentó ese gusto por la lectura.

-Para que se haga una idea, soy el pequeño de cuatro hermanos de una familia de Lliçà de Munt. Mi padre era mecánico de coches; un tipo tan orgulloso de su profesión que así quiso que se le identificara en su esquela cuando falleció, en 1999. Por si fuera poco, reclamó ser enterrado con el mono de trabajo y con la llave inglesa, “por si allí arriba había algo que arreglar…”. Por cierto, ¿ve este pañuelo? (Jordi Nadal en ese momento se saca un pañuelo de cuadros azules del bolsillo): Es el que utilizaba siempre mi padre en el trabajo. Él insistía en que me preparara para reparar automóviles o que me buscara un empleo, y fue así como empecé a trabajar en un supermercado, a los once años. Ahí estuve hasta los dieciocho años.

-¿Y abandonó los estudios?

-No. Compaginé trabajo y estudios, con un expediente de excepción: todo sobresalientes y matrículas de honor. En C.O.U. cedí un poco el rendimiento, porque entonces invertía 44 horas semanales en una empresa de distribución alimentaria de Granollers, donde ejercía de administrativo. Eso me llevó a abandonar el puesto.

“Quería trabajar en la editorial de Tintín”

-Y a concentrarse en los estudios…

-Continué trabajando; siempre he estado en activo. De hecho, también estuve un par de años trabajando en un restaurante, o llevando las cuentas del taller de reparación de mi padre. Y fíjese que, con diecisiete años, acudí a la Editorial Juventud postulándome para trabajar con ellos. Era tanto el entusiasmo que sentía por Tintín…

-¿Fue ahí donde se inició su carrera editorial?

-Empecé en Vicens Vives. Había decidido estudiar Filología Alemana porque, pese a que lo que mejor se me daba eran las matemáticas y que los profesores me aconsejaban que cursara Ingeniería o Económicas, los mejores maestros que tuve en bachillerato fueron los de Humanidades, los cuales me decantaron hacia las Letras. Como ya sabía francés e inglés, creí interesante sumar el germano a mi capítulo idiomático. En aquella época juvenil, recuerdo que un amigo me preguntó qué quería ser yo en la vida. Y yo, sin habérmelo planteado nunca, le respondí de inmediato que “editor”. En ese momento yo trabajaba como promotor universitario de libros de Economía, de Historia… de Vicens Vives. Y me gastaba 9.000 pesetas al mes en libros. En 1980 suponía toda una inversión, lo cual me llevó a negociar con el director de la cooperativa y a plantearle que, si me hacía unas buenas condiciones, tenía asegurada esa cifra mensual de gasto conmigo. Me ofreció un 25% de descuento, cinco puntos por encima de lo que brindaba a los estudiantes…

-Demostró sus dotes de empresario… Pero todavía quedaba una larga trayectoria por delante antes de fundar Plataforma Editorial, ¿verdad?

-Ya lo creo, pues todavía en mi etapa estudiantil obtuve una beca para c coordinar un encuentro cultural con profesionales de Alemania y Cataluña desarrollar una acción contracultural en Alemania y, posteriormente, estuve trabajando en varias firmas del sector editorial: Círculo de Lectores, Edhasa, Salvat, Paidós, Planeta Agostini Profesional y Formación… donde asumí distintas responsabilidades, como director general, subdirector, director editorial o consultor. Como consultor en temas corporativos también estuve ejerciendo en el año 2000 en Nueva York. Y, posteriormente, también viví una experiencia editorial en Alemania que acabó de aportarme un buen poso profesional.

“No solo las historias de éxito tienen derecho a ser contadas; protagonizar situaciones de supervivencia ya te convierte en ganador”

-Para crear Plataforma Editorial…

-Sí, en 2007. Tras haber trabajado en varias multinacionales, tenía el deseo de dar luz a un proyecto propio. Inicialmente era un proyecto participado, en el que yo tenía el 26% de la propiedad, si bien actualmente concentro dos terceras partes de la compañía. Con dos hijos mayores, de 26 y 24 años, y otra pequeña de mi segunda relación, con 5, en esta vida lo doy todo por hecho y me siento infinitamente satisfecho. Uno de mis amigos decía que a los hijos hay que darles la cosmogonía de unos estudios, un oficio y un hobby. Tengo la suerte de haber conseguido que las tres facetas estén perfectamente alineadas, pues mis estudios tienen como eje las letras, mi profesión es la de editor y mi pasión es la lectura. Plataforma Editorial es mi gran proyecto de vida, lo que me estimula de verdad y lo que me da el privilegio de mantener cada semana cuando menos tres conversaciones interesantes. Gracias a Plataforma Editorial, he escuchado a gente tan extraordinaria; he leído libros tan sublimes; he vivido experiencias tan enriquecedoras… Y le digo una cosa: hay muchas situaciones de la vida cotidiana que, solo por la adversidad en la que se enmarcan, merecen todo el respeto. A veces parece que solo las historias de éxito tienen derecho a ser contadas. Pero el simple hecho de protagonizar situaciones de supervivencia ya te convierte en ganador.

-¿En qué se diferencia Plataforma Editorial del resto de editoriales?

-En que, desde el primer momento, hemos cumplido siempre con nuestro lema de lanzar libros con autenticidad y sentido. Eso es lo que realmente resulta valioso. La nuestra es una editorial de buen rollo, divertida, cómplice, ambiciosa, ágil… Cuento con un equipo muy potente; no muy extenso, pues somos trece personas, pero sí que es un grupo humano extraordinario al que procuro motivar, formar, estimular… Soy, eso sí, muy exigente con ellos, pero también les hago partícipes de todos los proyectos. Prueba de ello es que a la feria de Fráncfort acudimos siete personas, medio equipo, cuando algunas grandes editoriales apenas envían a una o dos personas. Por cierto, ¿sabe a cuántas ediciones he acudido de este certamen?

-Sospecho que no pocas.

-Tengo 54 años y, desde los 22, no me he perdido ni una. También puedo decirle que, desde 1978, he hecho un informe de la lectura de cada libro que he leído. Tengo 1.757 lecturas registradas. En mi página web doy fe de los títulos que me han entusiasmado y cuya lectura recomiendo.

-¿Cuál es su ritmo lector?

-Ahora es menor; pero probablemente más rico porque soy más selectivo. Calculo que estoy entre los 30 y 50 libros al año, pero en 1992, cuando llegué al registro número 1.000, leía entre 50 y 80 títulos anuales. Tal vez le gustaría conocer una anécdota muy interesante de ese año olímpico…

-Estoy convencido de que no me defraudará.

-En 1992, la editorial Sirpus publicó el libro ‘Barcelona a 100’, donde cien personajes de distintos ámbitos y menores de 40 años hablábamos de nuestro vínculo con la ciudad. En ese libro yo ya afirmaba que Casa Alfonso es el mejor sitio para desayunar. Es decir: en 1992 ya documenté la excelencia de este restaurante.

“Es una suerte para el patrimonio de Barcelona
contar con establecimientos tan auténticos como éste”

-¿Cuándo y cómo lo conoció?

-Fue Xavier, un amigo mío que trabajaba en una distribuidora de libros cercana, quien me lo descubrió en 1983. Entonces solíamos venir a desayunar juntos a Casa Alfonso, y este escenario me cautivó. Esta autenticidad, esta madera, esta decoración… Un ambiente original que combina lo tradicional con lo ‘décontracté’. Y no es un lugar todavía invadido por los turistas que proliferan por la ciudad. Es una suerte para el patrimonio de Barcelona contar con establecimientos tan auténticos como éste; el Velódromo o el Zúrich, por ejemplo. Al igual que algunas librerías emblemáticas, que conservan la autenticidad de antaño. Lamentablemente, hemos asistido a la pérdida de negocios centenarios, tradicionales y únicos que han sucumbido a la presión inmobiliaria.

-¿Qué es lo que le pirra, a nivel gastronómico, de Casa Alfonso?

-El bocadillo de ‘bull’ me parece excepcional. Pero esta croqueta de chocolate que estoy comiendo ahora me parece sublime.

-¿Cuáles son sus platos favoritos?

-Las lentejas estofadas, los canelones, las gambas a la plancha, unas buenas aceitunas… Soy fácil de satisfacer, pues si tengo un buen pan y un buen aceite, ya tengo el estómago satisfecho.

-¿Y un buen vino?

-Un buen vino blanco o tinto, o una buena cerveza… Aunque prefiero el champán francés. Ésa es mi debilidad. En cambio, no soy de destilados.

-¿Cómo se maneja Jordi Nadal en la cocina?

-Mal. No tengo paciencia para la cocina. Uno de mis defectos es la impaciencia, que conecta con la dureza o con el genio que puedo gastar. Soy una persona muy vital, que derrocha energía y con una capacidad de trabajo enorme. Pero no soy perfecto ni aspiro a gustar a todo el mundo. A estas alturas, no pretendo hacer campaña alguna para convencer ni a mis enemigos ni a los indecisos, que también te definen. Estoy satisfecho de los amigos que tengo y de ser una persona muy ambiciosa. Y no me importa reconocer que no soy nada humilde. Como decía cierto jesuita, “conviene la humildad al sabio, no a su obra”. Me molesta la gente falsamente humilde. ¿Acaso habría que exigirle a Thomas Mann que fuera humilde tras haber escrito ‘La montaña mágica’

-¿Es ése su libro favorito?

-Se halla entre mis seleccionados, pero si tengo que elegir entre los libros de mi vida le diré que, de mi infancia, me quedo con ‘Tintín en el Tíbet’; de mi adolescencia, con Siddharta ‘Obstinación’, de Hermann Hesse, o ‘El principito’; y de mi etapa adulta, fundamentalmente, la literatura de Albert Camus: ‘La peste’, ‘Diario de viaje’ o ‘El primer hombre’.

-Permítame preguntarle qué encontraríamos ahora mismo en su mesilla de noche…

-Un ejemplar de ‘El hambre’, de Martín Caparrós; otro de ‘Biografía del silencio’, de Pablo d’Ors; uno de ‘Ternura y agresividad’, de Juan José Albert; y uno de aforismos de Camus: ‘Breviario de la condición humana’.

“El editor tiene que ser la antítesis del fanático”

-¿Publicados todos ellos por Plataforma Editorial?

-No. El editor tiene que exhibir una mente abierta y descubrir qué hay más allá. Debe ser la antítesis del fanático, que es una persona que no quiere cambiar ni de opinión ni de tema. Me gusta enriquecerme con lo que se publica en otras editoriales, como también me enriquezco de los manuscritos que nos llegan a la editorial para que los valoremos y que no están incluidos en los libros a los que antes aludí en el recuento de lectura anual. Ayer mismo viajé a Madrid y aproveché el trayecto en tren para revisar tres originales.

-¿Cuántos reciben cada año y cuántos editan?

-Recibimos unos 2.500 anuales. En cuanto a ediciones, de los que nos llegan a puerta fría editamos media docena. Después están los encargos, las recomendaciones, las adquisiciones de derechos de autores extranjeros… En conjunto, pueden ser unos 60 libros de adultos a los cuales hay que añadir una decena de juveniles, a través de nuestra editorial Neo, y otros tantos de infantiles con nuestra editorial Patio.

-¿Hay alguno de sus autores que le haya sorprendido extraordinariamente?

-Muchos. Sería injusto que seleccionara uno entre los 570 autores que han colaborado con Plataforma Editorial. Esto era como cuando Luis XIV nombraba a alguien para un cargo… se producía un ingrato y provocaba 99 disgustos.

(Aun así, Jordi Nadal me empieza a nombrar un listado inacabable de nombres que han publicado con su editorial y en los que, al azar, capturo a Victor Küppers y a Álvaro Bilbao).

-¿Cuál es la receta para cocinar un buen libro?

-El ingrediente principal es la autenticidad. Un libro tiene que ser auténtico, original; tiene que despertar emoción, ser intenso, trepidante, impresionante… Debe combinar esos ingredientes, no necesariamente todos, y, en función del género, añadir mayores dosis de uno u otro. Como en todo, hay libros buenos y malos; como creo recordar que decía Josep Pla: “Ui les dones! N’hi ha de rosses i de morenes…”. Cada año se editan 75.000 libros en castellano, y en Plataforma Editorial aspiramos a que nuestros títulos sean auténticos. Y no nos va nada mal. Prueba de ello es que en un momento dado un 2% de los libros más vendidos en Amazon son nuestros…

“Me gustaría editar en la lengua con mayor público potencial”

-¿Plataforma Editorial solo publica en castellano?

-Casi todo es en castellano, salvo algún título que excepcionalmente hemos hecho en catalán. Si mi lengua materna fuera el inglés, no dude que lo haría en esta lengua. O si fuera el chino, lo mismo: me gustaría editar en la lengua con mayor público potencial; siempre y cuando ésa fuera mi lengua materna.

-También han editado libros de cocina. ¿Qué tal ha sido el resultado?

-Los libros de cocina funcionan bien. Una vez, incluso, comercializamos 200.000 ejemplares de un título, aunque fue por encargo. Pero estamos más centrados en educación y en salud; o en valores, desarrollo personal, empresa. Tenemos distintas colecciones, pues me gusta disponer de un catálogo plural, que refleje nuestras ilusiones e inquietudes.

-Habrá algún libro con el que hayan conseguido mayor éxito y que les haya reportado mejores resultados.

-Hay otros aspectos mucho más interesantes que el éxito, que es algo que trasciende al exterior. Reivindico el cumplimiento. Lo realmente importante en la vida es cumplir tus anhelos, que es algo más íntimo, discreto e interno que el propio éxito. Y eso es con lo que me quedo: con muestras de personas que me han transmitido su agradecimiento porque nuestros libros les han ayudado. Recientemente, por ejemplo, recibí un correo electrónico desde Italia de una lectora que me decía que el libro ‘Inteligencia Matemática’ que yo mismo había encargado que editaran le había servido para superar los estragos del reciente terremoto que asoló su país. O una carta que me escribió una mujer con problemas de visión, que me agradecía un libro de regalo que le envié y donde me explicaba cómo la lectura le permitía superar sus deficiencias visuales y aumentar su autoestima. Estoy pensando en invitarla a nuestra fiesta del décimo aniversario que tenemos previsto celebrar el próximo año. Ésas son las historias que justifican nuestra existencia y las que nos estimulan a seguir editando páginas y páginas y páginas…

2017-06-16T14:16:12+00:00