Entrevista a Jordi Dalmau

Entrevista a Jordi Dalmau

“Mi esposa me impidió casarme con el traje que yo quería”

“La osadía siempre ha sido mi mejor aliada”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Jordi Dalmau conquista a las novias. Porque a la hora de sellar el compromiso matrimonial son muchas las que se deciden por él. Tanto es así, que están dispuestas a renunciar a su objetivo inicial y elegir para la boda el vestido que él decida. Claro que este joven e innovador diseñador de modelos de novia tampoco pudo casarse con el traje que hubiera deseado. Junto a Mònica, su feliz esposa desde hace casi década y media, Jordi acudió a Casa Alfonso para compartir un desayuno a las puertas de su aniversario nupcial.

-¿Cómo surgió en usted el deseo de convertirse en diseñador de vestidos de novia?

-Es una larga historia, pues mi carrera profesional se inició como mecánico de coches en el taller de mi padre, en Granollers. Hasta que yo le dije a mi padre “esto no me va” y decidí partir a Holanda para estudiar arte floral. Posteriormente, tras volver a Cataluña, junto a Mònica, abrimos una floristería. Aquello significó nuestro primer contacto con el mundo de las novias.

-Por los ramos, entiendo…

-Sí. Y en un determinado momento acudió a nosotros una firma de novias que trabajaba en televisión. Querían adornar un vestido, sin ningún encanto, con unas flores. Transformamos por completo aquel modelo, personalizando con las flores un vestido que adquirió un encanto extraordinario y que tuvo una gran repercusión mediática. Tanto es así que la empresa de novias quiso ficharnos. De este modo, empezamos a trabajar para ellos.

-¿De manera externa?

-En efecto. Empezamos con una pequeña colección, de manera muy doméstica, en el comedor de casa. Y, poco después, tras ver nuestras creaciones llamó a nuestra puerta otra firma de moda que querían que les desarrolláramos una colección de novias.

-Sí que les salían novios…

-Duró poco el idilio, pues una vez entregada la colección rompieron su compromiso. No nos pagaron por el trabajo que hicimos. Pero, en el fondo, aquello fue una suerte, porque a raíz de esa desagradable experiencia le dije a Mònica, que tenía una tienda de vestidos de novia: “Vamos a crear nuestra propia marca. Y la quiero presentar en la Pasarela Gaudí”.

-Ambicioso desde el principio.

-Y osado. La osadía siempre ha sido mi mejor aliada. Mònica me decía que estaba loco, que cómo iba a convencer a los responsables de la Pasarela Gaudí.

-¿Y cómo lo consiguió?

-Primero me preguntaron qué iba a aportar a la Pasarela. Y yo contesté con decisión que “color”, que el mundo de las novias hasta entonces era muy aburrido y que iba a hacer un planteamiento muy colorista. Fue lo primero que me pasó por la cabeza, porque acudí a la entrevista sin ni tan siquiera haberme planteado qué me podrían preguntar. Y, a continuación, cuándo me dijeron cuál creía que era el motivo por el que tenían que darme cabida en la Pasarela Gaudí yo les dije que porque éramos catalanes, y que era una razón de peso porque había poca representación de Cataluña. Aquello resultó decisivo para que, en 2009, irrumpiéramos en la Pasarela.

-¿Ahí presentaron ya su primera colección?

-Sí, Eterna. A ella le han seguido Sueños, Enigma, Esencia de Hadas, Elixir y, ahora, Euphoria, que presentaremos el 8 de mayo en la próxima Barcelona Bridal Week y de la cual hicimos un avance el pasado 29 de marzo en Gerona.

-Antes ha mencionado la osadía como aliada. Es ése el valor diferencial de Jordi Dalmau respecto a los competidores.

-La osadía, lo es, como también el color tiene un gran protagonismo en nuestras colecciones. Pero en realidad no tenemos competencia, porque nuestro proceso es prácticamente artesanal. El corsé también nos identifica. Y hay que destacar nuestra sobrefalda, cuya confección ha sido patentada.

-¿En qué consiste?

-En un dispositivo en el cinturón que permite desmontarla. Resultó complicado convencer al juez que se trataba de un sistema innovador nunca visto anteriormente.

-Les habrán intentado copiar…

-Sí, pero sin conseguirlo. Y también nos han propuesto comprarnos la patente… o incluso la compañía.

-Sus modelos han traspasado fronteras…

-Bueno, estamos presentes, además de en Granollers, Lérida, Gerona, Valencia, Madrid, Vitoria, París, Rusia, Bélgica y Qatar. Pero no queremos masificar la marca, porque entendemos que una novia que acude a Jordi Dalmau quiere diferenciarse; de ahí que queramos limitar nuestra presencia.

“Soy en cierto modo el psicólogo de las novias”

-¿En qué se fija Jordi Dalmau a la hora de satisfacer a las novias? 

-En primer lugar, en la anatomía. Varía mucho según los países. Las españolas, en general, presentan forma de pera. Las francesas son más delgadas. En Bélgica suelen ser generosas de pecho. Las rusas tienen unos cuerpazos… Y las cataríes suelen ser anchas de espaldas. Después me fijo en si es divertida, si se atreverá a vestir mi propuesta… Soy en cierto modo el psicólogo de las novias. Y suelo tener buen ojo y acertar. Una de nuestras novedades es que podemos dar un trato personalizado a nuestras clientas. Procuramos que la novia se sienta como en casa, con un trato directo con el diseñador, ni que sea a través de Skype si no es posible coincidir personalmente con la novia.

-Es ella quien acaba decidiendo… 

-Ella decide, pero yo la asesoro. Y, en ocasiones, ha sucedido que han venido con una idea muy definida… y han acabado aceptando una propuesta rotundamente distinta.

-¿Alguna novia famosa entre sus clientas?

-De momento ninguna, pero esperamos que algún día alguna de ellas se fije en nosotros y sea capaz de acercar nuestros diseños a un abanico más amplio de público.

-¿Vistió a su esposa para el enlace nupcial?

-No, porque todavía no diseñábamos colecciones. Ella se casó con un precioso modelo de Cymbeline. Lo más curioso, sin embargo, fue que mi esposa me impidió casarme con el traje que yo quería, que era un modelo de Caramelo de color naranja. Fue una ceremonia singular, porque organizamos una especie de obra de teatro con Mònica. Hicimos creer a los invitados que no encontrábamos las alianzas, y la juez de paz, que estaba compinchada, amenazó con aplazar el enlace. Además, yo aparecí con una americana blanca de mi padre que había teñido de naranja y Mònica me decía que no se casaba. Finalmente, me casé con una americana plateada.

-¿Cómo conquistó a Mònica?

-Coincidimos gracias a amigos comunes, en discotecas en Blanes, una Semana Santa. Al principio no me quería ni dar la mano. Al cabo de quince días de salir juntos le di un ultimátum: o me daba la mano o lo dejábamos estar.

-Y le dio la mano… y se la pidió para casarse.

-La boda fue una auténtica sorpresa, porque un amigo restaurador nos había preguntado un día cuándo nos casaríamos y, en tono de broma, le dijimos que en abril de 2000. Y nos reservó la fecha… Aun así, nos casamos muy convencidos y aquel fue un día muy importante en nuestras vidas.

-¿Cuánto suelen tardar en tener listo un vestido de novia?

-Unos tres meses, aunque en ocasiones hemos tenido que deshacer entuertos de otras firmas y acelerar el proceso.

-¿Y en desarrollar una colección?

-Un año. Lanzamos una colección anual y, al acabar una, ya empezamos con la siguiente.

El amarillo destaca en la nueva colección Euphoria

-¿Qué puede adelantarnos de esta próxima colección Euphoria que presentan este mes de mayo en Barcelona Bridal Week?

-Pues que está formada por 62 referencias y que en ella tiene un destacado protagonismo el color, en especial el amarillo, el negro y el blanco. En especial, el amarillo, que es el color de la energía, la amistad, el buen rollo.

-¿En qué se inspira para sus creaciones?

-La inspiración surge espontáneamente. Creo mucho en el destino, en todo lo que se cruza por delante y acaba convergiendo para dar lugar a un resultado. Y en Euphoria intervienen los barcos que atracaban en el 1900 en el puerto de Barcelona, y cuyos pasajeros acudían a Barcelona, al Teatro Principal, aunque los hombres abandonaban a sus mujeres para ir a la sala Latino, donde asistían a escenas de destape y exclamaban un “oh” eufórico. Por cierto que va a ser en el propio Teatro Principal donde vamos a celebrar nuestra fiesta de lanzamiento de la colección.

-Imagino que serán el centro de atención internacional. Me resulta curiosa su presencia en un país tan exótico como Qatar. ¿Cómo llegaron ahí?

-Fue precisamente en una de nuestras presencias en la Barcelona Bridal Week. Una señora que asistió al desfile quedó encantada con nuestras creaciones y manifestó su intención de abrir una tienda en Qatar con nuestra marca. Es un mercado muy importante, pues ahí vendemos para las súper fiestas que organizan y que son previas a la boda. Porque las ceremonias nupciales reúnen a múltiples pretendientes. Las novias se esmeran en vestir sus mejores galas, optando por modelos muy sofisticados y atrevidos, sabiendo que están en un proceso selectivo muy competitivo en el que son los padres de los jóvenes quienes acaban negociando cómo se resuelven esos enlaces nupciales.

-No resulta fácil salir al exterior…

-Lo que no resulta fácil es que los jóvenes diseñadores podamos salir adelante en este país, porque mientras en otros países como Francia, Inglaterra o Alemania cuentan con ayudas, aquí sólo hallamos obstáculos. En nuestro caso, tenemos la suerte de contar con buenos patrocinadores en cada una de nuestras colecciones. En esta ocasión tenemos que agradecer la colaboración de Frutas Villa Pepita; fresas Emcocal; Kaloe, que es un producto rico en vitamina C para la piel; la cadena de hoteles Sallés; y Paco y Lola, que elaboran vino Albariño y que acaban de lanzar su primer cava.

-¿Le gusta el vino?

-Hasta no hace mucho, no le prestaba atención, pero ahora ha empezado a interesarme. Prefiero los blancos y los rosados a los tintos, y preferiblemente, los dulces.

-¿Cómo conoció Casa Alfonso?

-Casualmente, pues un proveedor me dijo que iba a descubrirme un sitio excepcional y me trajo aquí. Quedé gratamente sorprendido de su atmósfera.

-¿Viene a menudo?

-Me gustaría venir con mayor frecuencia, pero mi agenda me lo impide.

-¿Cuáles son sus preferencias culinarias?

-A la hora de comer me comporto como un chiquillo, pues me decanto por cosas tan sencillas como el lomo con patatas. Pero tengo que reconocer que el jamón, que me encanta, es excepcional en Casa Alfonso.

-¿Se le da bien la cocina?

-En casa cocino yo, y con la pasta triunfo bastante; tanto por las salsas que preparo para acompañarla como por la propia pasta, que la amaso y elaboro yo mismo.

2017-04-20T21:23:29+00:00