Entrevista a Joan Pera

Entrevista a Joan Pera

 “No me cuesta demasiado
hacer feliz a la gente”

 “No hay drama en la vida que dure dos horas como ocurre en el teatro”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Pese a autodefinirse como pesimista, este hombre ha hecho felices a varias generaciones con sus cómicas intervenciones. Aunque el teatro ha sido su escenario habitual, también la televisión y la radio le han brindado no pocas opciones profesionales. Por no hablar del cine, medio incómodo para Joan Pera pero en el que ha prestado su voz a varias estrellas de Hollywood. Entre las más renombradas, alguien tan vinculado al humor y tan pesimista como Woody Allen.

-Por la calle, más de uno le habrá confundido con Woody Allen al oírle hablar.

-Mi voz es muy característica, y en Cataluña identifican mi voz con la de Joan Pera. Pero le contaré una anécdota que me ocurrió fuera de Cataluña, donde mi voz no resulta tan popular. Un taxista de Bilbao me dijo que mi voz se parecía a la de Eduard Punset. Y yo le pregunté: “Y a la de Woody Allen, ¿no?”. Y para mi sorpresa me dijo que no, que a Punset sí, pero que a Woody Allen, para nada.

-¿Se imaginaba de niño doblando a las estrellas de Hollywood?

-Sinceramente, no. En primer lugar, porque ni me planteaba dedicarme profesionalmente a la actuación. La faceta de actor yo ya la cultivaba en la escuela, en los Maristas de Valldemia, en Mataró (era en lo único en lo que brillaba); y también en el centro parroquial. Pero en aquella época no se contemplaba la posibilidad de vivir de ello. A lo sumo, en Madrid podía haber algunos actores que se ganaran la vida en este terreno. De hecho fue en Madrid donde debuté profesionalmente, pues necesitaban un joven para representar “Prohibido suicidarse en primavera”, de Alejandro Casona, en el Teatro Calderón. Fíjese cuál era el entorno en ese momento que, cuando entré en el Instituto del Teatro, éramos sólo 11 alumnos matriculados; los más pirados. Hoy deben ser entre 200 y 300…

-Aun así, usted ha podido ganarse el pan en el arte de la interpretación.

-No siempre ha sido así. Antes de conseguir poder dedicarme plenamente a ello ejercí varias profesiones. Siguiendo los consejos de mis padres, había estudiado Magisterio, lo cual me permitió impartir clases en el mismo colegio Valldemia. También trabajé como comercial, vendiendo seguros o café, e incluso abrí una tienda, junto a mi esposa Carmen, de ‘gadgets hippies’ que, durante un tiempo, no funcionó nada mal. Pero llegó un momento en el que me empezaron a reclamar para tareas de doblaje, cada vez con más frecuencia, y me planteé que, pese a que el teatro es una actividad de temporada, quizá era posible vivir de la interpretación.

“Doblar a Sean Connery fue una experiencia desastrosa”

-¿Recuerda a quién dobló por primera vez?

-La primera prueba consistió en doblar a Sean Connery, en una de las películas de 007. Fue una experiencia desastrosa, porque ni la voz ni la actitud resultaron las deseadas. Tenga en cuenta que, por aquel entonces, nadie te enseñaba a doblar, por lo que acudías a los estudios prácticamente a la aventura. De hecho, los actores tenían ciertos recelos a ejercer el doblaje. Yo mismo ni me había planteado desarrollar esta actividad. Pero, como yo había participado como actor radiofónico, tanto en Radio Barcelona como en Radio Nacional de España, se me presentó esta oportunidad.

-Que usted no desperdició…

-La primera película que doblé fue El Decamerón. Cuando vi el resultado pensé que había quedado bastante bien y me animé a continuar. También por el reto que alberga el doblaje, como es el de conseguir que la voz funcione con personajes a quienes nunca hubiera soñado con prestar mi voz. Y resulta muy gratificante poder participar en grandes producciones de Hollywood.

-Además de a Woody Allen, ¿a qué otros actores ha doblado?

-Hasta no hace mucho, a causa de las características de mi voz, me han venido ofreciendo doblar a chavales, como a Matthew Broderick en “Juegos de guerra”, o a Robert MacNaughton, en “E.T., El Extraterrestre”. También a Rowan Atkinson, a Jerry Lewis, a James Stewart, a Jack Lemond o a Chico de los hermanos Marx. A lo largo de mi carrera, más que a los guapos galanes, me han venido ofreciendo papeles más próximos al terreno cómico y divertido y personajes más humanos. En el caso de Woody Allen, inicialmente fue el locutor de Radio Nacional Miguel Ángel Valdivieso quien le dobló. Sin embargo, su muerte prematura obligó a buscar un sustituto. Las pruebas que hice funcionaron y así fue cómo mi vida profesional quedó unida con la de Woody Allen.

-No puede negar que su vida profesional está también muy íntimamente unida a la de Paco Morán…

-Desde luego. Con Paco protagonizamos más de 3.000 representaciones de “La extraña pareja”. Realmente éramos una extraña pareja, porque éramos un auténtico contrapunto, ya que él se había prodigado en el drama y yo, en la comedia. 15 años trabajando juntos… Era un crack, algo que hoy en día cuesta mucho de encontrar. Tuve la suerte de convivir con éxito con él, pues Paco era una persona un tanto especial, con un temperamento complicado. Dominaba la escena con gran profesionalidad; tenía “ángel”. La gente lo admiraba por su gran capacidad de enfrentarse a los retos más difíciles. Siendo feo, mi madre decía que era el feo más guapo que había visto nunca.

-Supongo que esa relación ha marcado su vida.

-Trabajamos muy a gusto y llegamos a ser inseparables. Y eso que Paco, como decía, no era un personaje fácil. En la vida real en absoluto era simpático. A menudo iba a su casa, en Vilassar, porque a él venir a la mía le agobiaba un poco, por mis hijos; que, por cierto, le llamaban Tío Paco. Conmigo creo que se sentía a gusto, porque supongo que no me cuesta demasiado hacer feliz a la gente. La estima que existía entre ambos se percibía arriba en el escenario; y eso hacía que los espectadores nos apreciaran más. Esto es lo más bonito de la profesión: el aprecio del público. Porque los actores luchan para ser admirados por guapos, altos, por el buen decir o por el buen hacer. Pero nosotros conseguimos el aprecio y la estima auténticos de los espectadores.

“Había quien pensaba que en la vida real yo era sobrino de Joan Capri”

-Joan Capri creo que también le marcó…

-Joan Capri fue mi maestro. De pequeño ya asistía a sus funciones; en el Romea, en el Talia o cuando vino a Mataró. Mi padre lo pasaba en grande con él, y a mí me cautivó enseguida. Conseguía la magia de hacer poco de actor, pues hablaba como la gente de mi alrededor. Pero yo no podía imitarle, porque éramos muy diferentes. Él era una persona triste, perpetuamente preocupada… De hecho, estaba enfermo. Y yo era todo lo contrario: hablador, alocado, la alegría de la huerta. Me cogió mucha estima, y eso constituye un orgullo. Recuerdo que en alguna ocasión había arremetido contra todos y había llegado a decir que el único que valía era yo. Que una persona tan controvertida y exigente me demostrara ese afecto resultó muy importante para mí. Había quien pensaba que en la vida real yo era su sobrino, tal y como ocurría en la serie “Doctor Caparrós”…

-Donde coincidió con Maria Matilde Almendros.

-Ella fue quien me abrió las puertas de la televisión. Maria Matilde era un encanto de mujer. La conocí en la Radio Nacional y se ve que le caí bien. Así, cuando en 1967 abrieron las puertas de Televisión Española al teatro en catalán, me dieron un pequeño papel. La primera obra fue “El ferrer de tall”, una obra de Frederic Soler de tres horas y media que redujeron a tres cuartos de hora. Y voy a contarle una anécdota que me ocurrió recientemente…

-Cuente, cuente.

-Fue en el Liceu, con motivo de un concierto de Jordi Savall. Se me acercó un señor y se me presentó como el director del teatro. Y, a continuación, me dijo: “Yo he montado decorados para usted”. Resulta que Maria Matilde Almendros era su tía y que nos había acompañado en algunos bolos que habíamos hecho por Cataluña.

-¿Es en el teatro donde se siente más cómodo?

-El teatro tiene la ventaja que tienes una comunicación directa con el público. Durante la función te das cuenta si conectas con él y cómo debes desenvolverte. La radio también me gusta, pero aunque también consigues establecer una comunicación directa con el oyente resulta más complicada porque no existe ‘feed back’. En cuanto al doblaje, me gusta porque supone participar en grandes producciones de Hollywood, pero lo que se refiere a actuar en cine no me gusta demasiado. He hecho poco cine y las experiencias no han sido muy gratificantes. Una vez, para aparentar mayor edad, me pusieron una máscara durante 20 minutos y pensaba que me cogía una lipotimia…

-Usted ha explotado sobre todo la vis cómica.

-Me resulta imposible protagonizar un drama. Puedo enseñar cómo hay que hacerlo, pero me cuesta sumergirme en las obras de este género. Pienso que no hay drama en la vida que dure dos horas como ocurre en el teatro. Yo me veo capaz de interpretar papeles que reflejen lo que de verdad le ocurre a la gente. Y he llegado a rechazar papeles porque no se correspondían con la realidad cotidiana.

-Habituado a la interpretación, no le resultaría complicado conquistar a su esposa…

-Con Carme éramos vecinos y nos unía el teatro aficionado en la parroquia. Fue un proceso evolutivo natural. Yo tenía claro que la persona que tenía que vivir conmigo debería entender esta profesión, aceptarla y jugar con ello. Y puedo decir que Carme ama más el teatro que yo. Ella es copartícipe de esta historia.

-Con ella comparte 6 hijos. ¿Premeditado?

-No estaba previsto. Nuestra juventud transcurrió en paralelo al movimiento hippy, una época donde reinaba la inconsciencia y donde la evolución de la vida te iba llevando. Al casarnos queríamos dejar transcurrir un par o tres de años antes de empezar a tener hijos. Pero, al mes, ella ya estaba embarazada. Al nacer el primer varón, decidimos buscar la parejita. Pero llegó otro niño. A los 5 años, de nuevo quedó en estado. Nos hizo cierta gracia, pero el resultado fue un nuevo varón. Y, 7 años más tarde, como las cosas nos iban bastante bien, decidimos probar suerte de nuevo.

-No me diga más: con idéntico resultado.

-Sí: otro niño. Pero lo peor fue que, a los 2 meses, Carme quedó embarazada de gemelos. Que también fueron varones. 6 hijos y todos varones.

-Uno de los cuales sigue sus pasos…

-Roger, el segundo. Él tiene más talento que yo, pero resulta difícil ser hijo de alguien conocido, ni que sea a nivel local. Eso reclama una lucha por crear un espacio propio y una identidad diferenciada. En mi época intervine en muchos “Estudio 1”, al margen de las series del circuito catalán de TVE. Y entonces esa presencia te otorgaba mucha notoriedad. Hoy las cosas son muy distintas. En casa, sin embargo, he procurado minimizar los éxitos y maximizar los fracasos; con el objetivo de que mis hijos se den cuenta que los fracasos marcan pero que no deben vencernos.

-Pero imagino que se siente satisfecho, en general, de su carrera.

-He ganado batallas; pero también he perdido algunas. Pero mi vida ha sido siempre pensar que la buena será la próxima. Ahora mismo, tengo mucha confianza en las representaciones de “La extraña pareja” que inicio este agosto en el Condal junto a Antonio Dechent.

-¿Qué batallas ha perdido?

-Las de TV3, por ejemplo, o de Madrid. Puedo afirmar con orgullo que soy el único actor de Cataluña cuya fama no se debe a la televisión. Pero esto no se acepta desde el punto de vista de la política cultural, dirigida por unos parámetros administrativos. Y no gusta que actúes al margen de estos parámetros que buscan marcar una industria cultural que alguien en su día decidió que tenían que seguir unas directrices ideológicas. Obviamente, esto comporta que no recibas subvenciones y que sufras competencia desleal frente a quienes se amoldan a esas exigencias. Pero me consuela que, a pesar de los obstáculos, la gente venga a ver nuestros espectáculos. A fin de cuentas, la estima del público es lo que de verdad cuenta.

-Sin embargo, usted fue la primera voz de TV3.

-Y la primera cara. Con el tiempo, aquella intervención se difumina. Pero ése era un momento histórico. Era tan importante tener una televisión catalana… Tengo el orgullo de haber participado en una ilusión colectiva. Y debo decir que es la peor actuación de mi vida, pues me atenazaron los nervios, a causa de la responsabilidad que pesaba sobre mí en ese instante. El entorno era complejo, estaban ahí todos los políticos y existía el temor que, en última instancia, Madrid vetaría el estreno de la emisión. El plató era más pequeño que los lavabos que hoy día pueda tener TV3. Y con tantos nervios hasta me equivoqué a la hora de anunciar el partido que se emitía a continuación y, en vez de Atlético Osasuna me salió Atlético Espanyol. Cuando yo ni soy “perico” ni nada por el estilo.

“La paella me queda buenísima… antes de tirar el arroz”

-¿Qué tal se le da la cocina a usted?

-La paella me queda buenísima… antes de tirar el arroz. Mire: la cocina me tienta, pero suelo ser un desastre. Nunca acierto con la dosis de los ingredientes; por exceso o por defecto. No tengo la virtud de los grandes ‘chefs’ de hacer fácil lo difícil. A mi mujer se le da mucho mejor, pues ella, con la mitad de lo que pueda poner yo en la paella, le queda excelente.

-¿Es la paella su plato preferido?

-Sí, aunque el gran plato de fiesta, para mí, es la zarzuela. Pero ese plato ya reclama mayor presupuesto y esmero.

-¿Algún vino para acompañar?

-Me decantaría por un blanco catalán: Raimat, Torres… O un buen cava, si no es muy ácido, pues sufro problemas de acidez. Pero una copa de cava me encanta.

-Usted es cliente frecuente de Casa Alfonso…

-Me encanta este restaurante. Y le diré más: A mi mujer, después de al teatro, al sitio al que más le gusta ir es a Casa Alfonso. Es un lugar distinto, muy especial, entrañable. Siempre acostumbro a encontrarme a algún personaje del mundo artístico. Y los platos son excelentes. Un local sofisticado con unos precios razonables donde quedas satisfecho.

-¿Alguna preferencia en cuanto a la oferta?

-A mi mujer le pirra el salmón, pero a mí todo me encanta. Ya sea picar un poco de jamón, que es divino; o croquetas, de todo tipo. Las berenjenas con miel también me encantan. Por no hablar de la oreja de cerdo: la mejor del mundo. Pero mi mujer me riñe, pues no es compatible con el colesterol…

2017-04-20T21:19:47+00:00