Entrevista a Javier Massaguer, pediatra y director general de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona

Entrevista a Javier Massaguer, pediatra y director general de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona

 “Tanto Casa Alfonso como nuestra fundación basamos nuestra eficiencia
en la atención personal

Antes de ir a la escuela, cada mañana nuestro padre nos llevaba a desayunar a Casa Alfonso

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Si la fidelidad a Casa Alfonso tiene un nombre éste es probablemente el doctor Javier Massaguer. La vida de este pediatra está íntimamente vinculada al célebre restaurante barcelonés, pues el ahora director general de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona conoció el establecimiento cuando apenas contaba seis años; o al menos a eso alcanza su memoria tal y como nos cuenta en un distendido Desayuno en Casa Alfonso.

-Fue entonces su padre quien le abrió las puertas de este restaurante…

-Sí. Vivíamos en el Born y yo estudiaba en los Jesuítas de la calle Casp. Y, antes de ir a la escuela, cada mañana nuestro padre nos llevaba a desayunar a Casa Alfonso, donde tomábamos un bocadillo mientras él se iba a misa. Luego nos recogía para acompañarnos hasta el colegio.

-Y así durante…

-Pues puedo decir que prácticamente llevo medio siglo de relación con Casa Alfonso. Calculo que son 48 años. Mi padre, que era un pediatra insigne y admirado en el barrio de la Barceloneta, conoció al hijo del fundador y padre del actual gerente, con quien trabó una sólida amistad. Esa misma afectuosa relación es la que yo mantengo con Alfonso García, la tercera generación del negocio y de cuyas asumí el cuidado como pediatra. Tuve la oportunidad de conocer también a las ‘tietes’ y de ser testigo de la evolución de este establecimiento. Es un local que forma parte de mi vida.

“Casa Alfonso ha ido evolucionando pero ha sabido conservar su autenticidad y mantener su aspecto añejo”

-¿Cómo recuerda este local cinco décadas atrás?

-Era muy distinto, pues entonces primaba la charcutería frente a lo que era el espacio destinado al consumo. Era un establecimiento mucho más sencillo pero en el que la atención personal ya jugaba un papel fundamental para atraer a un buen número de clientes. Con el tiempo, el local ha ido evolucionando pero ha sabido conservar su autenticidad y mantener su aspecto añejo. Y el producto, una de sus principales bazas, también exhibe un carácter auténticamente casero, con una oferta muy variada. Tanto a nivel decorativo y gastronómico, Casa Alfonso se ha ido actualizando de manera acertada.

-¿Cómo recuerda a don Alfonso, el padre del actual gerente?.

-Era un hombre con un gran don de gentes. En la época en la que le conocí, estaba muy al pie del cañón, mientras que en la etapa final su presencia era más de estar controlando que el servicio funcionara a la perfección, siempre atento a que los clientes estuvieran satisfechos, ejerciendo sus dotes de relaciones públicas y mostrando su carácter cariñoso y afable; no solo con las personas que se acercaban a Casa Alfonso para saborear sus platos, sino también con su equipo humano. Todo el mundo gustaba de compartir conversación con don Alfonso. Era un hombre con una gran capacidad de trabajo y muy activo.

-Y de esa infancia, ¿qué otros recuerdos guarda Javier Massaguer?

-Tengo el recuerdo de una infancia muy feliz. Pertenecía a una familia burguesa catalana, cuyo padre procuró que no nos faltara de nada. En esa época empecé a jugar como portero en el equipo de hockey sobre patines de los Jesuítas, iniciando una carrera deportiva que me llevaría a convertirme en jugador profesional e internacional. Recuerdo que con mis dos hermanos formábamos una auténtica piña y que compartíamos unas magníficas vacaciones de tres meses en Vallromanes, donde nuestra madre se volcaba en atendernos.

“Soy un auténtico enfermo del Espanyol”

-Ya que ha mencionado el deporte, debo decirle que un pajarito me ha dicho que usted es “periquito”…

-Mucho. Sin duda, me viene de familia, pues mi padre ya era ferviente seguidor del Espanyol. Y la familia de mi abuela, que era de Arenys, también eran muy “pericos”. Como doctor, debo admitir que soy un auténtico enfermo del Espanyol, aunque no voy al estadio tanto como quisiera por los compromisos que tengo. Eso sí: procuro seguir la evolución del equipo, mirar los partidos aunque sea por televisión… Y en ocasiones también me he desplazado con el club en ocasiones históricas como la final de Glasgow. Soy un “perico” activo, sí.

-¿Ha conseguido transmitir ese amor por el club blanquiazul a sus hijos?

-A medias. Tengo cinco hijos. El mayor, de 19 años, es del Barça. Mi segundo hijo, de 17, sí es del Espanyol; aunque es mi única hija, de 13 años, la que comparte con mayor pasión los colores. Los otros dos, que son gemelos, apenas tienen seis años y todavía no han revelado sus preferencias. 

-Me comentaba que el deporte ha tenido una enorme incidencia en su vida.

-Sí: después de jugar con los Jesuítas defendí los colores del Voltregà, del Sentmenat, el Vilanova, el Espanyol… y también de la selección española. Posteriormente, jugué mucho al pádel, hasta que sufrí un problema con una hernia que me obligó a bajar el ritmo. Pero el deporte es algo que echo en falta, y procuro que, al menos una vez a la semana, jugar al pádel o hacer unas brazadas en la piscina del Club Natació Barcelona, del que he sido socio toda la vida.

-Entiendo que su padre no solo ejerció una potente influencia sobre usted en lo que respecta a colores deportivo sino también profesionalmente…

-Debo decir que él nunca intentó orientarme hacia la pediatría, pero sí que su testimonio me llevó a desear seguir sus pasos. La manera como vivía la profesión consiguió ilusionarme: cómo se volcaba en el trabajo, el trato que dispensaba a los pacientes, a sus familiares… Era un hombre muy comprometido con su carrera, pues siempre le veías estudiando y preocupado por indagar cómo resolver problemas de salud. Y, al mismo tiempo, comprobabas que eso le ilusionaba y le satisfacía enormemente.

-De no haber sido pediatra…

-Sinceramente, no me lo he planteado. Mi padre consiguió que viera en él un modelo a seguir y despertar el entusiasmo por la pediatría. Tal vez, ahora que estoy orientado más hacia la gestión, pienso que podría haber sido economista.

“Tan importante es la comunicación que se establece
con los niños como la que se teje con sus padres”

-¿Qué virtudes debe reunir, a su entender, un buen pediatra?

-Debe tener vocación científica, pues sus decisiones no pueden responder al libre albedrío, sino al rigor empírico. Le tienen que gustar los niños y mostrar cariño hacia ellos. Y, en tercer lugar, saber tratar tanto a esos jóvenes pacientes como a sus familias; porque tan importante es la comunicación que se establece con los niños como la que se teje con sus padres.

-Sospecho que no goza de demasiado tiempo libre. Aun así, ¿en qué lo invierte?

-En muchas relaciones sociales; viniendo a Casa Alfonso, por ejemplo. Pero también me gusta mucho leer, el cine, el teatro e invertir tiempo con la familia.

-¿Encontraríamos algún libro en especial en su mesilla de noche?

-Muchísimos. Soy de lectura impulsiva y empiezo muchos libros que me recomiendan, aunque apenas acabo entre el diez y el quince por ciento de ellos. Eso sí: renuncio a libros de gestión. Busco libros de ficción que me distraigan u otros títulos con los que pueda aprender.

-¿No se hallan las recetas culinarias entre sus aficiones?

-Soy un cero en la cocina. Lo único que sé hacer son bocadillos; probablemente, herencia de Casa Alfonso. Tengo que reconocer que no domino las tareas domésticas en general, pues en mi hogar familiar disponíamos de servicio y crecimos sin asumir esas responsabilidades. No obstante, en estos últimos veinte años he procurado espabilarme e implicarme más en estas labores.

-¿Cuáles son sus preferencias culinarias?

-Si tengo que elegir, me decanto por un bocadillo o por unos huevos fritos con patatas. Como también me gusta mucho la carne, y como los bocadillos calientes los prefiero a los fríos, uno de rosbif sería perfecto… Y lo complementaría con un cava rosado.

-¿Hace o ha hecho algún tipo de dieta?

-Muy a menudo realizo dieta, aunque de manera intermitente. Por razones de salud, en los últimos años durante cuatro o cinco años me someto a una suerte de barbecho, consistente en una dieta severa para reducir kilos. Los compromisos sociales comportan ritmos de vida y dietas que no son las más recomendables, por lo que, cada vez con más frecuencia, procuro someterme a un plan para compensar esos excesos.

“La caries es la enfermedad crónica infantil
más importante”

-¿Cuáles son los objetivos que persigue la Fundació Hospital de Nens de Barcelona?

-Básicamente, son tres: la asistencia médica, la docencia y la investigación y la obra social. Somos proveedores de asistencia médica y social para los niños de Barcelona. Aquellos recursos que no cubre el sistema público de salud, como pueden ser servicios dentales, vacunas, gafas, nutrición… procuramos aportarlos desde nuestra fundación. Entendemos que no puede haber dos Cataluñas. ¿Sabía usted que la caries es la enfermedad crónica infantil más importante?

-Lo ignoraba.

-Pues el sistema de salud no lo cubre. Y es algo importante porque, al margen de los problemas que comporta para los niños a la hora de masticar, también tiene sus consecuencias estéticas, pues el día de mañana esos chavales que la han sufrido pueden ser desestimados por esa razón en un proceso de selección de personal… O las gafas: su carencia puede tener repercusiones enormes en su etapa de escolarización. Nos enfrentamos a problemas muy serios, pues no podemos olvidar que uno de cada cuatro niños se encuentra en situación de vulnerabilidad; ya sea porque viven en un hogar mileurista, porque sus padres están en paro, con problemas de droga, de delincuencia… En Cataluña hay 1.300 niños ingresados en Centros Residenciales de Acción Educativa (CRAE), que son los que, junto a los ambulatorios, nos los derivan a la Fundació para que los atendamos.

-Me temo que esa situación se habrá agravado en los últimos tiempos.

-Así es. La situación es horrible en la actualidad. Tenemos a unos 125 niños en lista de espera para atenderlos en dental. Lamentablemente, la medicina pediátrica no resulta rentable. Prueba de ello es que somos el único hospital privado de toda España. Resulta difícil sostener una institución de esta naturaleza. Tenemos la suerte de contar con la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que ponen toda la voluntad, todo el empeño y todo el cariño para poder prestar toda la atención necesaria a esos niños.

“La Administración no podría sostener la pediatría
en cualquier otro país desarrollado”

-¿Por qué no resulta rentable la medicina pediátrica?

-Porque los niños, en general, son pacientes sanos; que no suelen necesitar unos grandes cuidados. La Administración no podría sostener la pediatría en Cataluña; ni en cualquier otro país desarrollado. Contamos con hospitales excelentes, pero acusamos carencias enormes, pues nos faltan especialistas, no sabemos cómo hacer frente a las listas de espera… Afortunadamente, en nuestro país contamos con unas tres mil fundaciones que hacen un trabajo extraordinario, como la Pere Tarrés, que interviene en el tiempo libre para ayudar a niños sin recursos. Suerte tiene la Administración de la existencia del mundo fundacional y de la gente que hay a su alrededor y que cubren todas esas carencias.

-Usted cumple este año dos décadas al frente de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona. ¿De qué se siente más satisfecho de estos veinte años?

-De la evolución experimentada. En 1997, era un hospital que prestaba atención a niños con pocos recursos y que ofrecía servicios dentales. Ahora constituye todo un referente en la pediatría de Cataluña. Me siento orgulloso de pertenecer a un equipo que ha conseguido elevar su prestigio y de haber contribuido a que, anualmente, atendamos 100.000 urgencias, cuando hace veinte años eran apenas 15.000; o que ahora contemos con 300 profesionales, doce veces más que los 25 que formaban la plantilla dos décadas atrás. Ahora es un hospital universitario, con todo lo que conlleva que esté en el Eixample, en el centro de la ciudad.

-El prestigio al que aludía queda acreditado con numerosos premios.

-Cierto. Hemos recibido múltiples premios, porque la dedicación con los pobres de las Hijas de la Caridad nos ha hecho acreedores del Príncipe de Asturias, de la Creu de Sant Jordi, del Premio Civisme de Catalunya, del DKV, del Hospital Más Solidario… Pero quiero destacar asimismo que la Sociedad Catalana de Pediatría, que el año pasado cumplió 70 años, se refirió a nosotros como el principal fenómeno de la disciplina en todo este periodo. También tenemos el premio a la Excelencia Docente. No en vano, los estudiantes de Medicina hacen prácticas en el centro a partir del sexto curso. El Hospital de Nens es, además, un centro muy querido por las familias que lo utilizan, como lo demuestra que su popularidad se propaga sin que efectuemos ninguna acción publicitaria. Fíjese que nuestro centro atiende más urgencias que las clínicas Teknon, Dexeus y Quirón juntas…. Es un centro único, pues no hay hospitales exclusivamente pediátricos como el nuestro.

-Seguro que tiene muchos agradecimientos a efectuar a su sala de máquinas…

-Especialmente a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, sin cuyo concurso el centro no sería posible. En su momento decidimos crear una estructura de obra social, en la que participa Casa Alfonso. También hay que agradecer la colaboración de Laboratorios Ordesa, que aporta importantes recursos. O la de Cáritas. La asignatura pendiente reside en que la sociedad civil y las empresas cubran todas esas necesidades que tenemos.

-¿Existen similitudes entre la dirección de un centro como el Hospital de Nens y un restaurante como Casa Alfonso?

-Alfonso ha implementado un cambio en el establecimiento a partir de su inquietud como empresario. Se ha preocupado de conocer tendencias, de ver lo que ocurre a su alrededor para adaptar este espacio y su servicio a las necesidades de los consumidores. En nuestro caso también tenemos esa inquietud y procuramos adecuarnos a las necesidades que detectamos en nuestra sociedad. No somos empresas multinacionales, sino casos únicos que basamos nuestra eficiencia en la atención personal, en estar muy pendientes de aquellos que demandan nuestros servicios.

2017-12-19T09:57:39+00:00
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