Entrevista a Gemma Nierga, periodista.

Entrevista a Gemma Nierga, periodista.

“De joven, la radio no me interesaba”

“En televisión lo único que suelo ver es el Barça”

Hoy por hoy, Gemma Nierga goza del liderazgo de las ondas radiofónicas en España. En compañía de Pepa Bueno, y tras haberse asomado a la ventana radiofónica durante década y media, la experimentada periodista barcelonesa pasea ahora con profesionalidad por las mañanas hertzianas de la Ser. Atraída tanto por la buena mesa como por la mejor amistad, Gemma acudió recientemente a Los Desayunos de Casa Alfonso. Prestándose por un día a cambiar el rol de entrevistadora por el de entrevistada, su carácter cordial, su tono cálido y su verbo sincero convierten una agradable charla sobre el mantel en mucho más que hablar por hablar…

-¿Cuándo y por qué decide usted hacerse periodista?

-La decisión surgió de una manera extraña, porque yo de niña pensaba en ser maestra, abogada o bailarina; pero nunca se me ocurrió ser periodista. El caso es que yo estudiaba en una escuela de monjas, las Escolapias de Llúria; y entre las actividades que hacíamos estaba el teatro. Desde 8º de E.G.B. representábamos y escribíamos obras, e incluso hacíamos “Els Pastorets”. Y, en una ocasión, me correspondió asumir el papel de fotógrafa. Fui ahí cuando descubrí que lo que de verdad me gustaba era retratar el Mundo, que quería era explicar el Mundo. Así, en tercero de B.U.P., decidí que seguiría la carrera de Periodismo, sin tener una vocación clara.

-Pues para no tener vocación…

-En realidad, creo que la vocación estaba dormida, y que, en la Facultad, los profesores consiguieron despertarla.

-Buenos profesores debió tener. Pero, dígame, ¿en su juventud no escuchaba la radio?

-Si tengo que ser sincera, no me interesaba. Mis primeros recuerdos de la radio están asociados a mi madre escuchando a Elena Francis mientras planchaba o a Luis del Olmo cuando era mi padre quien la sintonizaba. Pero a mí la radio no me interesaba. Como mucho me gustaba la música, como Los 40 Principales.

“En la radio, sólo me visten la voz y los silencios”

-¿Es la radio su medio principal, en el que se siente más cómoda?

-Sí. La radio es la que más me ha aportado, y la que más me gusta, porque es un medio rápido, ágil y honesto. En la televisión existe una parte de artificio que poco tiene que ver con mi manera de ver la vida. A mí me gusta lo que respira naturalidad. Y, en ocasiones, cuando estaba en el plató de televisión a punto de empezar me decía a mí misma: “Esto es muy artificial…”. Los focos, el vestuario, el maquillaje… Como artificial es la percepción de la audiencia, que a menudo acaba teniendo una visión distorsionada de ti. La radio, en cambio, te permite comunicar de una manera más directa y honesta; un medio donde sólo me visten la voz y los silencios.

-Antes de llegar a la Facultad de Ciencias de la Información ya había hecho sus pinitos en una emisora local.

-Sí, en Ràdio Vilassar de Dalt. Junto a Enrich Folch, el director cinematográfico, presentábamos un programa de películas. Con 17 años me ponía por primera vez frente a un micro para leer los títulos de los filmes. Para mí era casi como un juego…

-Llegó a Ràdio Barcelona hace casi un cuarto de siglo.

-Así es. En verano de 1989 un amigo común de Alfonso García, el gerente de Casa Alfonso, me dijo que había una plaza vacante. Y yo, que en esa época era lanzada y atrevida, me presenté. Y así fui como empecé: presentando discos entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana… En aquel momento me pareció el mejor puesto del mundo. Posteriormente, el director, Josep Mª Martí, me pasó a programas con Jordi Hurtado y, al año siguiente ,ya estaba presentando “Parlar per parlar”.

-Dice que era lanzada y atrevida. ¿Ya no lo es?

-La vida te enseña, y la vida te provoca miedos. A mí, por ejemplo, la vida me cambió mucho hace 8 años, con la llegada de Pau, el primero de mis dos hijos. En ese momento cambian por completo tus prioridades. La etapa de madre te marca mucho. Te da serenidad; y, a medida que avanzas en la vida, vas poniendo distancia en muchas cosas, a relativizar según qué.

-¿Se arrepiente de algo?

-No; de nada. Estoy muy satisfecha de todo lo que he hecho. Y, sobre todo, de haber luchado mucho por programas que me parecían imposibles; de haber superado retos increíbles. Porque yo no era nadie cuando me puse a competir en la noche con mi “Parlar per parlar” con una fórmula consolidada y de éxito como era “La nit dels ignorants” que conducía Carles Cuní. Y aun así no me rendí. Como también asumí el desafío de dar continuidad a “La Ventana” y sustituir a todo un Xavier Sardà. Ya ve: una chica casi desconocida que venía de las madrugadas para tomar las riendas del programa líder de la tarde.

-Desde luego, no le fue nada mal: 15 años en las tardes de “La Ventana”. Usted que ha estado en todas las franjas horarias de la radio, ¿cuál de ellas prefiere?

-Todas ellas tienen su encanto; y sus inconvenientes. Ahora mismo, la noche me resultaría difícil, porque tengo mi reloj biológico que se adapta mejor al horario diurno. Ahora hace un año que estoy en “Hoy por hoy”, y pese a que hubo tardes inolvidables en esos 15 años de “La Ventana”, no siento nostalgia. Son ritmos diferentes: por la mañana, la actualidad todavía se está planteando, mientras que las tardes son para digerirla lentamente.

“No pasa por mi cabeza volver a televisión”

-Y, aun prefiriendo la radio, ¿no siente morriña de la televisión?

-No. Y no pasa por mi cabeza volver a la pequeña pantalla. Es otro mundo, donde existe una gran presión por los resultados de las audiencias. Creo que mi etapa televisiva se truncó con “Ya te vale”, el último programa que presente en Televisión Española. La televisión tiene unas reglas de juego demasiado duras, y la dictadura de las audiencias es terrible. Recuerdo que, tras estrenar “El destino en sus manos”, al día siguiente, cogiendo el avión de regreso, me encontré con un titular que decía “Gemma Nierga fracasa estrepitosamente con su nuevo programa”. Me quedé de piedra. En la radio, cuando menos tienes un margen de tiempo para demostrar las posibilidades de un programa.

-De su paso por televisión, ¿de qué programa guarda mejor recuerdo?

-Probablemente de “3 senyores i un senyor”, que presentaba con Susanna Griso y Fina Brunet. Éramos muy jóvenes y teníamos unas ganas enormes de comernos el mundo. Había mucha amistad entre nosotras, y también con la directora, Carme Basté. Además, en aquella época no existía la tiranía de las audiencias. De aquella experiencia han pasado 20 años… y todavía hay quien me piden que recuperemos ese espacio.

-Hábleme de su faceta como telespectadora. ¿Qué programas mira usted?

-Soy muy mala espectadora de televisión. Lo único que suelo ver es el fútbol, el partido del Barça. También me gusta seguir los programas de deportes, con los comentarios del partido. Y nada más.

-¿Ni tan siquiera los informativos?

-No me atraen, porque frecuentemente los informativos de televisión están condicionados por la disponibilidad o no de unas imágenes. Y puede ser que nos muestren un suceso acaecido en Japón, sin repercusión en nuestro entorno, simplemente porque cuentan con imágenes de vídeo. Los informativos televisivos tienen una parte de espectáculo; y eso me genera rechazo. Me informo a través de la radio y la prensa escrita. Mi fuente, en la actualidad, es Internet: voy con mi ‘tablet’ a todas partes consultando los diarios digitales.

-¿Hay alguien a quien admire de manera especial a nivel profesional?

-A Iñaki Gabilondo. Sin duda es el mejor periodista, el mejor opinador, el mejor analista que existe. Me gusta cómo observa, cómo explica, cómo analiza la realidad. Ha sido una gran suerte poder trabajar con él.

“Me he vuelto un tanto descreída”

-Y una suerte haber ganado dos Ondas. ¿Cómo ha vivido esta doble experiencia?

-Hoy en día para mí tal vez no resulta tan importante, porque me he vuelto un tanto descreída. Pero recuerdo que cuando me lo concedieron supuso una gran satisfacción, como cualquier premio que supone un reconocimiento a tu labor y que te anima a seguir adelante. El primero, en 1997 y por “Hablar por hablar”, fue muy especial, porque era un programa que me había inventado casi de la nada y que había cuajado muy bien. Era la culminación de un sueño, y la guinda fue que me lo entregó Iñaki Gabilondo… Y el segundo, en 2007 y en reconocimiento a la trayectoria, supuso un orgullo por lo que significa. Son premios que, por otra parte, vinieron a compensar dramas personales que viví en esos años, por lo que para mí los Ondas tienen un cierto sabor agridulce.

-¿Guarda sabor agridulce de su intervención espontánea al final de la manifestación en protesta por el asesinato de Ernest Lluch?

-Recuerdo aquel episodio con profundo dolor, porque el asesinato de Ernest Lluch fue un batacazo enorme, que nos hundió en un inmenso desconsuelo. Y aquel dolor derivó en rabia, una rabia que me llevó a pensar que en aquella marcha faltaba algo. Algo que era de sentido común y que se convirtió en una ola de indignación y admiración. Porque lo que dije, a fin de cuentas, era la voz de Ernest Lluch. Él, si hubiera estado a mi lado, también hubiera reclamado diálogo; incluso con sus asesinos hubiera intentado dialogar. Todo aquello supuso una sacudida emocional que me dejó bastante afectada, porque recibí muchas críticas… Pero tampoco olvidaré que, al día siguiente, el pasillo de la radio estaba lleno de flores enviadas por gente de todas partes diciéndome “gracias” por haber expresado lo mismo que ellos hubieran querido decir. Y lo más emocionante fue recibir la llamada de Enric Lluch, su hermano mayor, para agradecer mis palabras. Sinceramente, me siento muy orgullosa de aquella reacción que, de algún modo, sirvió para honrar la muerte de Ernest Lluch.

-Usted demostró una gran valentía.

-Fíjese que, aun no siendo una persona tímida, tengo bastante timidez. Y esa timidez conseguí vencerla en gran medida a través del teatro.

-¿Del teatro que hacía en el colegio?

-Sí, aunque después tuvo continuidad. Porque cuando nos dimos cuenta que una vez finalizada la etapa escolar se nos acababa aquella actividad, decidimos buscar un grupo de teatro al que unirnos. Y primero nos unimos al de Enric Folch, que tenía un grupo en los Escolapios de Diputació. Ahí coincidimos con Jordi Galcerán, Victòria Pagès, Anna Corina o Alfonso García.

-¿Alfonso García?

-Sí, el gerente de Casa Alfonso. Aunque el grupo se fue fragmentando y recomponiendo, estuvimos haciendo teatro durante toda la década de los 80. Incluso nos presentábamos a concursos y conseguimos algunos premios.

-Me decía que el teatro le ha ayudado a vencer la timidez.

-En efecto. El teatro te permite expresar con el cuerpo, y todo lo que sea expresión artística favorece la comunicación. Si de algo estoy especialmente agradecida a la escuela es de haberme introducido en el teatro, que estuve cultivando como aficionada hasta 2005, cuando nació mi primer hijo. Creo que es una actividad muy recomendable para cualquier estudiante que quiera dedicarse al Periodismo.

-Sabiendo que coincidió con Alfonso en el teatro, es absurdo preguntarle cómo conoció Casa Alfonso…

-Con Alfonso me une una excelente amistad, y ése es uno de los principales motivos por los que vengo a menudo a Casa Alfonso. Me gusta, también, porque queda cerca de Ràdio Barcelona. Alfonso es un anfitrión perfecto: la comida es soberbia, él es todo amabilidad, siempre está de buen humor, te lanza piropos y te da un buen rollo… Es de esas personas que te cargan las pilas.

“Las croquetas de espinacas con corazón de queso son mis favoritas”

-Gemma Nierga tendrá sus preferencias culinarias…

-De Casa Alfonso me gusta todo. Me gusta mucho picar, y el jamón de Casa Alfonso es exquisito. Las croquetas están de muerte; por ejemplo las de setas… ¡o las de espinacas con corazón de queso!, mis favoritas. Por no hablar del Alfonsito, ese chupito de ‘irish coffee’ para completar un buen ágape.

-¿Qué tal se le da a Gemma Nierga la cocina?

-Mal. Cocinamos poco en casa. Hacemos mucha plancha; carne o pescado. Seguimos una dieta sana y sencilla.

-Mantiene muy bien la línea. ¿Hace deporte?

-Soy un desastre; no encuentro tiempo. He estado pagando la cuota del gimnasio durante 10 años sin apenas ir. Tengo el día organizado de tal modo que me resulta imposible: Me levanto pronto, a las 6; voy a la radio, hasta mediodía; llego a casa a las 3, justo para comer y, a continuación, ir a buscar a los críos al colegio. Y, francamente, entre pagar una canguro para ir al gimnasio o compartir la tarde con mis hijos, prefiero la segunda opción.

-La reclamarán para muchos actos sociales, imagino…

-Sí, pero no pueden conmigo. No me va la vida social: declino hacer presentaciones de libros, ejercer de pregonera o acudir a estrenos. Estoy volcada con mis hijos. Y sólo hago algunas excepciones cuando de por medio existe alguna razón de amistad.

-Dígame qué noticia le gustaría anunciar algún día.

-Es difícil dar con una única cuestión, pero supongo que sería algo así como que todos los países se han puesto de acuerdo para acabar con el hambre en el mundo. Es inconcebible que, estando en nuestra mano la posibilidad de poner fin a algo tan cruel como que haya niños que mueren de hambre, hoy en día sigamos asistiendo a esta situación. Si pudiera dar esa noticia querría decir que, por fin, el sentido común se impone en las actuaciones de nuestros políticos.

-¿Con qué nos sorprenderá próximamente Gemma Nierga?

-Ojalá no haya ninguna sorpresa. Disfruto mucho de este presente.

2017-04-20T21:26:41+00:00