Entrevista a Enric Valletbó, Director General de Autolica

Entrevista a Enric Valletbó, Director General de Autolica

 La calidad de un plato siempre equivaldrá
a la calidad de su peor ingrediente

En ocasiones me planteo
que tal vez tendría que haber abierto un restaurante

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

805194bb-805e-48e1-a284-3d77b21ca06eA Enric Valletbó le cuesta reconocer que su principal afición es la culinaria. Acude a Casa Alfonso, establecimiento que ha frecuentado con cierta asiduidad, con el propósito de compartir desayuno y hablarnos de su trayectoria personal y profesional. El motor ocupa buena parte de la conversación con el director de Autolica, marca tan asociada a Mercedes-Benz como Automóviles Fernández, una institución en Barcelona para los conductores menos jóvenes. Motor por tierra y por aire, como podrán comprobar los lectores que no se detengan en estas primeras líneas y que acabarán aterrizando en la sosegada y particular manera de cocinar de una de las pocas personas que puede presumir de haber dado más de un millar de vueltas al circuito de Catalunya, en Montmeló.

-Usted dirige una empresa con una historia incluso más larga que Casa Alfonso.

-Prácticamente de la misma época. Nuestro negocio parte en 1932, dos años antes que Casa Alfonso, cuando Esteban Fernández fundó Automóviles Fernández, que fue el primer representante general en España de Mercedes-Benz. Mercedes había creado el primer automóvil casi medio siglo antes, en 1886.

-Un negocio de antes de la guerra.

-Así es. Nuestros vehículos, y sus propietarios, sufrieron las consecuencias del conflicto bélico. Disponemos de abundante documentación que así lo certifica. Fíjese.

Enric ha venido a la cita con una nutrida carpeta que da fe de cómo los Mercedes Benz fueron utilizados en la contienda al servicio del ejército; cuando menos el republicano.

“AUTORIZACIÓN a favor del portador, para que requisen, de donde sea y donde los encuentren, DOS coches TURISMO veloces y grandes que han de ser destinados al traslado de los heridos que llegan del frente de lucha aragones (sic) al hospital de Sanidad.

Por la gravedad del caso y tratrse (sic) de un hecho de humanismo (sic), al servicio además de la causa antifascista, nadie debe negarse a cumplir esta ordenanza”, reza un documento de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña.

El director general de Autolica también nos muestra un documento con el que, a través del consulado alemán en Barcelona, se intentaba proteger a los propietarios de los vehículos ante posibles incautaciones, haciendo referencia al carácter germano de los mismo. U otro, también, que una vez finalizada la guerra avala ante el ministro de Industria y Comercio, el comportamiento y la competencia del fundador de Automóviles Fernández.

-Fíjese en esta factura, de octubre de 1939. Al precio de compra se le suma un 10% en concepto de “subsidio al combatiente”, al margen del 3% de “tasa de lujo”.

-Ustedes cuentan con una auténtica joya documental.

-Esto es solo una pequeña muestra del archivo que conservamos en nuestras instalaciones de la calle Motors y que se encuentra a disposición de nuestros clientes. A través de unos monitores visionamos los diferentes documentos, a los cuales tienen acceso directo si desean consultarlos.

“Queremos contribuir a la conservación de los modelos clásicos”

-Ahí permanece Automóviles Fernández.

-Cierto; si bien nuestro actual nombre Autolica ya cuenta con unos cuantos años en el mercado.

…. Automóviles Fernández es una denominación a la que históricamente no podemos renunciar por lo mucho que representa para muchos barceloneses. En la calle Motors, además de albergar nuestro archivo documental y técnico, contamos con el Mercedes-Benz Clàssic Centre Barcelona. Ahí disponemos de un taller clásico, con unas modernas y amplias instalaciones donde prestamos servicio de mantenimiento, reparación y restauración de modelos de antaño. Un servicio que se basa en personal técnico especializado, en recambios originales y en unos precios reducidos respecto a las tarifas convencionales, pues lo que queremos es contribuir a la conservación de esos modelos clásicos.

-Autolica, Automóviles Fernández… Distintas empresas de un mismo grupo.

-Así es. Se trata del grupo Quadis, fundado por la familia Soler en 1940 en Vilafranca del Penedès y que, en 1983, adquirió Automóviles Fernández. Por aquel entonces el grupo Soler ya era representante de vehículos industriales de Mercedes-Benz en Barcelona, además de comercializar furgonetas pero también turismos en Tarragona y Castellón. Actualmente se denomina grupo Quadis, cuenta con numerosas empresas y lo preside Joan Manuel Soler, segunda generación, si bien dos de sus hijos ocupan el consejo de administración y la dirección general en una consolidada tercera generación.

-Usted no mantiene ningún vínculo familiar con ellos.

-No. Pero sí puedo decirle que el fundador inició su actividad con solo dos personas: un contable y un comercial. Ese comercial era mi padre.

-¿Eso le condicionó a usted la carrera profesional?

-Debo admitir que sí. En mi época de estudiante empecé a colaborar con ellos. Trabajaba de ocho de la mañana a las cinco de la tarde y, a partir de las seis, acudía a la universidad nocturna. Empecé estudiando Económicas y, al año siguiente, cambié a Empresariales. Pero ni una carrera ni la otra se me daban bien. Se me cruzaban demasiadas cosas en el camino: los estudios, el trabajo, la novia, la moto… Con la moto acompañaba a los comerciales en sus visitas. Tuve la gran suerte de aprender mucho a su lado y descubrir que ésa vertiente se ajustaba mejor a mi talante. Entonces, a los comerciales se nos llamaba viajantes. Cada día solíamos hacer en torno a quince visitas y quienes venían conmigo valoraban el disponer de un “chófer”. Aunque una vez, al salir de la visita, descubrimos que me habían robado la moto…

-Vaya… Sospecho que el motor figura entre sus principales aficiones.

-Siempre he sido una persona muy inquieta, competitiva y amante de la actividad. Me gustan los coches, sí, y durante siete años participé en las 24 horas de resistencia de Montmeló en sus siete primeras ediciones, con un equipo veterano que se hizo acreedor del trofeo Paco Gódia en la del 2004, año en el que decidimos retirarnos. Es una actividad muy dura para quienes no somos profesionales, sobre todo por lo que supone la preparación y la logística de la prueba. Puedo decir con orgullo que soy de los pocos que han cubierto más de mil vueltas en el circuito de Catalunya.

-¿Tiene alguna otra afición más allá de los coches y las motos?

-Sí, aunque también vinculada al mundo del motor. Durante cinco años practique el vuelo en ultraligero. Tengo más de medio millar de horas de vuelo. La sensación de volar es extraordinaria; indescriptible; hay que vivirlo.

“Desistí de volar
cuando constaté que existían factores no controlables”

-¿La ha abandonado?

-Sí. Cuando estaba preparándome para obtener el título de piloto privado falleció mi instructor en accidente. Aquello tuvo un fuerte impacto sobre mí, porque, a pesar de que no es una actividad peligrosa, constaté que existían factores no controlables. En esa etapa de cinco años había asistido a la muerte en accidente de otros dos conocidos, pero atribuía los siniestros a la falta de rigor de los pilotos. En cambio, mi instructor era una persona metódica y meticulosa. Un piloto experimentado que, junto a su padre, participaban en exhibiciones e, incluso, habían creado su propio ultraligero con un motor de 2CV. Tanto es así que, cuando me comentaron que tenían en mente la construcción de una avioneta, les brindé ayuda. A Paquito, el hijo, le propuse que pusiera a la venta su Mercedes, que yo me encargaría de comercializarlo, y le dije que le compraría la primera unidad; con la condición que él podría hacer sus demostraciones a quien quisiera venderlo y yo podría disfrutar de él cuando lo deseara, y que, transcurridos una serie de vuelos (fabricados una serie de aviones), él debería entregarme un aparato nuevo. La fábrica llegó a gestarse, y ya disponía de algunos representantes en Europa y en Sudamérica cuando sufrió el accidente. Viajaba con el representante de Finlandia, que quiso forzar demasiado el avión. Éste entró en lo que se denomina “barrena plana”. Paquito ya no tuvo tiempo de reaccionar. Tanto su familia como la del copiloto fueron testigos involuntarios del trágico siniestro…

-Lo lamento. Veo que usted domina motor por tierra y aire. ¿También por mar?

-No, aunque dentro de mi capítulo inquieto de aficiones puedo revelarle que, en mi juventud, obtuve el título de submarinista. Entonces lo gestionaba el Centro de Recuperaciones e Investigaciones Submarinas. Te embarcaban en un dragaminas desde el monumento a Colón y te llevaban frente a la costa de Mataró, donde nos sumergíamos a treinta metros para realizar una serie de ejercicios junto al instructor. Sin embargo, un problema de compensación en el oído aconsejó no prolongar esa práctica.

“Mis principales aficiones las concentran mi familia y el trabajo”

-Es usted un personaje muy polifacético.

-Le advierto, sin embargo, que mis principales aficiones las concentran mi familia y el trabajo. Tengo dos hijos y dos hijas, una de las cuales me ha procurado dos nietas y un nieto.

-¿Han seguido sus pasos profesionales?

-No, aunque puedo decirle que la madre de mis nietos es una mujer muy inquieta que quiso alistarse en el ejército de Aviación junto a una amiga. Las pruebas eran muy estrictas y unos detalles menores de salud impidieron su propósito. Para resarcirse de ello, se alistó con los Regulares. Durante cuatro años permaneció en situación militar e incluso obtuvo la licencia para conducir carros blindados, Cuando se cansó del Ejército, colgó el uniforme e inició unos estudios en hostelería. Sus tres hijos y el cuidado doméstico, no obstante, concentran ahora mismo su principal atención. Una empresa de rafting por el Guadalquivir, la ingeniería informática y el mundo del teatro son las actividades profesionales de mis restantes tres hijos, o sea, que nada que ver en absoluto con la mía.

-Me comentaba que su otra gran afición es la laboral.

-Una concesión como la de Mercedes-Benz reclama mucha dedicación. Somos una empresa de servicios pero, además, tenemos que responder a la alta exigencia de un fabricante cuyo lema es “The best or nothing” (Lo mejor o nada). Esto exige concentración absoluta y una orientación plena al cliente. Nuestras encuestas de satisfacción valoran el “Muy Bien” como un suspenso. El “Sobresaliente” es requisito indispensable. Mi esposa, ex directora de Exportación de varias y relevantes empresas, y que conoce nuestra compañía porque ha asistido a distintos eventos que hemos organizado, afirma que soy un hombre con suerte, porque trabajo con gente inteligente. Y, debo reconocerlo, me siento afortunado de pertenecer, desde 1972, a esta compañía pilotada por una familia de grandes empresarios que han sabido mantener una misma línea y que, al margen de ser concesionario de Mercedes-Benz, comercializa vehículos de una treintena de marcas distintas.

-¿Cuáles serían los valores diferenciales de esta compañía?

-La seriedad, la solidez, la profesionalidad… Recuerdo que hace un cuarto de siglo, cuando en el mercado proliferaban alteraciones en los cuentakilómetros de los vehículos de segunda mano, recibimos la orden estricta de no aceptar coches que presentaran cualquier tipo de modificación en esta o cualquier otra faceta. Hay una frase de nuestro presidente que lo resume todo: “Queremos ser los mejores”. Y ese objetivo también es fruto de confiar en la cantera, siguiendo un poco el modelo del Barça. Procuramos formar a nuestro equipo en el oficio pero, también, en los valores de la compañía; conscientes que somos una empresa de servicios donde la atención al cliente resulta clave. Enrique Méndez, un amigo mío ex directivo de Nestlé decía que una empresa es la suma de los valores, los conocimientos y las actitudes de sus directivos y sus empleados. Y es una gran verdad. Si cuentas en tu equipo con buenos profesionales y directivos, poco tienes que preocuparte…

-¿Qué puntos en común existen entre su grupo empresarial y Casa Alfonso?

-Muchos. Casa Alfonso tiene unos orígenes temporales similares, además de ser una compañía familiar que se ha ido transmitiendo de generación en generación respetando esos mismos valores fundacionales. Casa Alfonso ha sabido superar a lo largo de la Historia los momentos adversos y ha conservado su carácter e identidad, como puede apreciarse en su estética, en su decoración, en su mobiliario… Por otra parte, Casa Alfonso también halla en la calidad y el servicio los valores diferenciales en un sector muy competitivo. Por experiencia sé que la clientela te premia con su fidelidad solo si eres capaz de mantener en el tiempo ese nivel.

-¿Qué tal “conduce” usted en la cocina?

-Pues mire: en ocasiones me planteo que tal vez tendría que haber abierto un restaurante, pues tengo algunos amigos que se dedican a ello y no les va nada mal. Es cierto que hay que tener habilidades culinarias y un perfil adecuado para gestionar un establecimiento como Casa Alfonso. Pero, si te gusta el mundo de los fogones… 

“Tengo mi propio «juguete»”

-Todavía no me ha contestado a la pregunta…

-Recientemente, mi hijo me regaló “Paleorecetas”, el libro de recetas prehistóricas que recientemente publicó Eudald Carbonell, protagonista no hace mucho de los Desayunos de Casa Alfonso. Pues puedo decirle que este regalo no es casual, pues tengo mi propio “juguete”.

-¿Qué clase de juguete?

-Antes en una casa fuera de Barcelona, y actualmente en la terraza de mi ático, dispongo de un horno de leña que es un auténtico laboratorio de experiencias. Ahí juego a cocinar con el fuego, que siempre me ha fascinado. Durante siete años estuve viviendo en Tarragona. Ahí aprendí a preparar adecuadamente los “calçots” para que estuvieran en su punto. Más tarde, organizaba “calçotades” monumentales para mis amigos, con hasta 1.300 unidades… Toda la vida he cocinado. Es una afición que compatibilizo con un huerto urbano, también muy singular, pues en las macetas, en vez de geranios, tengo calabacines, tomates, albahaca, menta, cebollino…

-¿Cuál es la mejor creación que ha salido de ese horno?

-El cabrito. Es también mi plato favorito. Y, cocinado al horno, es muy fácil y súper natural. Basta con poner un dedo de agua en la bandeja, salpimentarlo y cuestión de paciencia. Con el horno a unos 200ºC (teniendo en cuenta que en el horno de leña no hay botones reguladores y es cuestión de experiencia y de conocer bien cómo trabaja el fuego), hay que invertir entre hora y cuarto y hora y media por cada lado; primero situando la parte externa del animal boca abajo. No hay más secreto. O sí lo hay: como decía un gerundense amigo mío, la calidad de un plato siempre equivaldrá a la calidad de su peor ingrediente. De ahí la necesidad de no sacrificar nunca la calidad.

2017-04-20T21:01:29+00:00