En “Sota Teràpia”,
como en Casa Alfonso, la clave reside en contar con un buen equipo

En mi profesión no hay nada que tengas aprendido para siempre, sino que cada día tienes que ganarte al público

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Desde octubre, Cristina Plazas es vecina profesional de Casa Alfonso. Madrileña de origen pero catalana de adopción, la actriz salta a diario al escenario del teatro Borràs para someter al público a una sana terapia cómica no exenta de drama. Un baño de realidad que conecta con los espectadores desde el primer minuto y que los arrastra a lo largo de dos horas a una vorágine de ingenioso humor que esconde un amargo trasfondo. Y hasta aquí podemos “leer”, pues esta obra de Matías del Federico merece ser vista sin desvelar secretos. Y, después, rematar la sesión acudiendo a Casa Alfonso como hace a menudo Cristina, quien en esta ocasión comparte mesa en nuestros habituales Desayuno para que nos hable de su carrera, de sus inquietudes y de sus proyectos.

whatsapp-image-2016-12-29-at-22-28-51-¿Cuándo decidió ser actriz?  

-De pequeña, quería ser escritora. Me gustaba mucho leer y la Literatura era mi asignatura favorita. Tenía claro que deseaba cultivar una profesión creativa, pero me di cuenta que resulta muy duro enfrentarte a un papel en blanco y, en cambio, el teatro no reclamaba tanta responsabilidad, porque era un trabajo en equipo en el que ya existía un guión.

-¿Resultó fácil encaminar sus pasos hacia ese mundo?

-Mis padres lo veían como algo absurdo. No es que me abroncaran por albergar ese sueño, pero desestimaban la posibilidad que pudiera ganarme la vida con este trabajo. Lo cierto es que, en esta profesión, tiene que pasar mucho tiempo para que dejen de preguntarte si se puede vivir de ella, lo cual creo que no ocurre con otras carreras. Dudo que a un arquitecto le hayan cuestionado la viabilidad de su oficio, ni tan siquiera en la época de la crisis inmobiliaria. El caso es que llevo veintiséis años en la profesión, de lo cual estoy muy orgullosa. Y mis padres están sorprendidísimos…

-Desde su punto de vista, ¿cuáles han sido sus méritos para convertirse en actriz de éxito?

-La exigencia conmigo misma, por ejemplo. Cada día llego al teatro dos horas antes de que empiece la función; suelo ser la primera. Creo que tiene que ver con el sentimiento de no haberme creído nunca que estoy asentada. Soy del parecer que, en mi profesión, no hay nada que tengas aprendido para siempre, sino que cada día tienes que ganarte al público. Comparto una reflexión que hacía Michele Pfeiffer, una actriz a la que admiro y que decía: «estoy esperando que se den cuenta que soy un fiasco». Al margen de ello, creo que mi voz potente también ha resultado de gran ayuda.

-Una voz con carácter. ¿Condiciona los papeles esa voz?

-Sin duda. Siempre me asignan papeles asociados a mujeres líderes y con carácter; de jefa, de rica, de poderosa.

“Soy una mujer con carácter,
pero no la mujer convencional y conservadora que encarna Laura”

-¿Es Cristina Plazas una mujer con carácter como Laura, el personaje que interpreta en “Sota Teràpia”?

-Soy una mujer con carácter, sí, pero no la mujer convencional y conservadora que encarna Laura. Pero me siento cómoda ejerciendo este papel en el escenario; aparecer con ese vestuario y estilo y asumir ese rol…

-No sé si se sentirá cómoda, pero desde el público se percibe que esas dos horas de función tiene que ser agotadoras.

-Con “Sota Teràpia” es la primera vez que acepto un trabajo de carácter de corte más comercial, que reclama un ritmo de asimilación del guión mucho más rápido. Me ha permitido descubrir a un autor que no conocía y puedo decir que ha sido una experiencia muy satisfactoria. Llevamos más de medio centenar de funciones, llenando la sala y generando muy positivas críticas. El ritmo es una de las claves del éxito que estamos cosechando; un ritmo ciertamente trepidante, que no permite lagunas en el guión. De ahí la necesidad de que estemos todo el equipo muy compenetrado. “Sota Teràpia” es una comedia moderna, con un lenguaje contemporáneo, que se apoya en el guión y en el equipo (además de los actores, la regidora o los técnicos). Como en Casa Alfonso, el secreto reside en contar con un buen equipo. Pero el guión también tiene su mérito. Prueba de ello es que, en Argentina, hace dos años que está en cartelera. En Madrid también hace un año que triunfa. Y nosotros ya llevamos dos meses… Y así hasta finales de enero

-¿Sin posibilidades de prórroga?

-Es una incógnita. Yo, del público, no me arriesgaría a perdérmela…

“En solo cuatro meses debuté en una serie en valenciano”

¿Qué le llevó a usted a abandonar su Madrid natal?

-El deseo de hacer teatro junto a Carles Alfaro. Aún no había cumplido los veinte años y cabía la posibilidad de participar en un curso gratuito en Valencia. Fue toda una aventura, porque tenía dinero para el billete de ida y con un chico que se llamaba Pepe Galoto hicimos un intercambio de piso: él me cedió el suyo en Valencia por un mes y, a cambio, yo hacía lo propio con el mío en Madrid. De repente me encontré en un curso que se hacía en valenciano y sin poder regresar a casa porque no tenía vivienda disponible. Lloré muchísimo, pues la experiencia fue dura al principio. Pero el caso es que, cuatro meses más tarde, yo debutaba en una serie televisiva ¡en valenciano!

-¿De cuál se trataba?

-“Herència de sang”. Me asignaron un personaje muy potente. Y recuerdo que a menudo tenía que consultar el diccionario porque había palabras que no entendía qué significaban… Pero al final estuve catorce años en Valencia, y eso se nota en mi acento al hablar catalán.

-Yo apenas lo detecto.

-Lo cierto es que mi acento ha ido evolucionando, pero recuerdo que, trabajando con Lluís Homar, en “L’Escola de les dones”, resultaba gracioso porque él hablaba catalán oriental y yo el típico occidental de Valencia. Y de lo que estoy especialmente satisfecha es que el personaje de Cristina Padró en la serie de TV3 “La Riera” es el primero en el que no me han puesto una etiqueta lingüística. Porque hasta entonces los personajes que me asignaban parecía que tenían que justificar su origen.

-¿Qué referentes tiene en el mundo artístico?

-Tengo varios. Desde Teresa Lozano a Joaquín Hinojosa o al propio Carles Alfaro. Pero posteriormente tuve la suerte de conocer a Anna Lizaran, con quien coincidí en “La Via Augusta” y que para mí lo es todo en el teatro. Era una mujer capaz de asumir cualquier papel. Sin duda, es mi gran referente.

-El restaurante Can Riera, de la serie “La Riera”, ¿qué similitudes guarda con Casa Alfonso?

-En primer lugar, el trato familiar que se dispensa a los clientes. Pero también la inquietud de sus gerentes por la innovación; el esfuerzo por la mejora constante, que entronca con el sentimiento al que aludía anteriormente con el hecho de la necesidad de que cada día tienes que ganarte al público.

-¿Cómo descubrió Casa Alfonso?

-Me trajo Fernando Bernués, un director teatral vasco a quien le gusta la buena mesa. Pero posteriormente también vine con Eduardo Mendoza y Rosa Novell o con Àlex Casanova.

“El personal de Casa Alfonso, al segundo día,
ya conocen tu nombre y te tratan de manera especial”

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-¿Qué es lo que destacaría de este restaurante?

-Aunque me siento tan catalana como mi marido y mi hija, creo que conservo mi genética madrileña. Y creo que este establecimiento tiene una pátina de algunos restaurantes de Madrid, aunque también del País Vasco, en los que se teje una complicidad especial entre el personal y los clientes, que hace que al segundo día ya conozcan tu nombre y te brinden un trato especial. Se respira un ambiente especial, propio de esos locales añejos en los que se cuidan mucho las tapas, en los que las cañas de cerveza se tiran debidamente, donde los camareros destilan simpatía… La decoración y, sobre todo, la barra, lo convierten en un escenario único. Un sitio de esos en los que dices “vamos a tomar una cerveza rápida” y, al final, te quedas hasta medianoche.

-De su carta, ¿qué destacaría?

-El jamón, sin lugar a dudas, es excelente; el mejor de toda Barcelona. Pero los platos de temporadas son exquisitos: las alcachofas, la ensaladilla… Por no hablar de las croquetas o del queso. El pescado y la carne también son deliciosos, aunque son platos quizá más indicados si vienes a cenar en pareja, porque en caso contrario, si vienes en grupo o con amigos, te decantas por unas tapas; que son fantásticas.

-¿Suele venir, tras las funciones?

-Vengo bastante; alrededor de una vez por semana. Y si no venimos más a menudo es porque, al salir del teatro, suele estar siempre lleno. Tienes que reservar previamente. Sobre todo, vengo en días especiales, en los que coincido con algunos amigos y deseo compartir un buen rato. En esas ocasiones, Alfonso acostumbra a salvarme y nos busca un hueco…

-¿Cómo se desenvuelve Cristina Plazas en la cocina?

-A Oscar, mi marido, se le da mucho mejor que a mí. Aun así, hay tres platos que me permiten salir airosa. Uno de ellos es el mojo picón, heredado de mi madre canaria. También me quedan muy bien unas sardinas crudas con aceite, ajo, perejil y un punto de vinagre, así como la paella valenciana. Y últimamente estoy haciendo mis pinitos con el fricandó y cada día me sale mejor.

-Y a Oscar, ¿qué platos se le dan bien?

-Puestos a escoger tres, diría el ceviche, los huevos estrellados y, sobre todo, el ‘steak tartar’.

-Entiendo que la cocina no forma parte de sus aficiones favoritas.

-Mi afición favorita es leer, pero también las manualidades. Me gusta coger pedacitos de tela y hacer alfombras grandes, bolsas…

-¿Qué libro tiene ahora en su mesilla de noche?

-“Victus”, de Albert Sánchez Piñol.

-¿Es ése su autor preferido?

-Hay muchos que me gustan; Elena Ferrante, por ejemplo. “Dos Mujeres” es una trilogía apasionante ambientada en los años 50 que describe una relación de amistad tejida desde la infancia. De haber sido escritora, me hubiera gustado parecerme a ella. Pero también me gustan Calvino, Mario Vargas Llosa, John Irving, Paul Auster, Italo Calvino, Gabriel García Márquez o Muriel Barbery. De ésta, acabo de leer “La elegancia del erizo” por segunda vez y puedo asegurar que no será la última…

“Tomo notas que espero plasmar algún día en una obra de ficción”

-Creo que si usted se propone ser escritora, lo logrará.

-Me gustaría, sí. Pero entiendo que es una actividad que reclama continuidad. Y ahora mismo los proyectos profesionales no me lo permiten. Necesitaría un año sabático. Eso sí: cuando surgen ideas voy tomando notas que algún día espero poder plasmar en una obra de ficción.

-¿Qué proyectos profesionales tiene en perspectiva?

-Ahora estoy centrada totalmente en “Sota Teràpia”, aunque es cierto que hay tres propuestas cinematográficas en estudio. Pero resulta difícil compatibilizar rodajes y sesiones teatrales. Como también lo es compatibilizarlo con otra actividad que, desde hace cuatro años, comparto con mi pareja…

-¿De qué se trata?

-De una mini explotación agraria. Tenemos un terreno en Viandar de la Vera, en Extremadura, apenas hectárea y media de olivos, que nos permite producir el mejor aceite del Mundo: Garganta.

-¿Cómo se lanzaron a ello?

-Fueron unos amigos que nos animaron a ello, y empezamos los cuatro, aunque al poco tiempo ellos se retiraron. Lo hacemos puramente por ‘hobby’, pues no nos lo planteamos como negocio; aunque igual un día me convierto en cultivadora de olivos… ¡y me dedico al teatro solo por ‘hobby’! (afirma riendo, Cristina). Es una producción pequeña, pues este año hemos cosechado 4.600 kilos de aceitunas que han dado lugar a 347 litros de aceite. Pero este próximo año vamos a doblar la producción, ya que las nuestras son aceitunas beceras, cuyos olivos arrojan buenas cosechas en años alternos.

-¿Y se dedican ustedes a la explotación directa?

-Totalmente. Nosotros podamos los olivos, recogemos las aceitunas ¡con las manos, sin varearlas!, las llevamos al almazara, las metemos en pequeñas garrafas, las etiquetamos…

-¿Y las venden?

-Se las vendemos a los amigos, como los actores David Selvas o Pere Arquillué, que nos pagan los costes. Incluso a veces nos han ayudado en la recogida. Al ser una producción tan pequeña, apenas podemos venderles unos pocos litros. No sale barato, precisamente porque obtenemos pocos litros, pero es muy apreciado porque es aceite totalmente artesano, sin herbicidas, prensado en frío, sin aditivos, de aceituna manzanilla extremeña, con un aroma de bosque verde, con el punto justo de amargura… Ahora vamos a ampliar la explotación, con 300 olivos adicionales de una finca aneja que estaba abandonada.

-¿Dispondrán de tiempo para atenderla?

-En esta ocasión ha sido Oscar quien ha asumido buena parte del trabajo, porque yo estoy inmersa en “Sota Teràpia” y me resulta imposible trasladarme a la finca, pues está a 800 kilómetros de aquí. Y no crea que no me sabe mal, porque ahí, en plena naturaleza, me siento muy feliz. Tenemos una pequeña casa aparcera ¡de 18 metros cuadrados de planta! Con el altillo tal vez alcanza los 28, pero para los tres es suficiente. Ver corretear jabalíes o caballos por entre los olivos es una gozada.

-¿La veremos en el futuro como una empresaria oleícola?

-Lo dudo. Lo hacemos por puro amor al arte y porque disfrutamos con ello. Lo cual no quiere decir que llegue un día que nos cansemos y lo abandonemos. No sabemos lo que nos deparará el futuro. Lo mismo que ocurre con la profesión de actriz, que tiene el aliciente que nunca sabes a qué nuevo papel vas a enfrentarte. Y, si no te gusta ese personaje, te queda el consuelo que, en unos meses, lo sustituirás por otro.