Entrevista a Alberto Cerdán

Entrevista a Alberto Cerdán

“La sensualidad de la mujer empieza por la cabeza”

“Los peluqueros somos los únicos que moldeamos materia viva… y en vivo” 

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Trato y tacto. Ahí residen las claves profesionales de este escultor capilar. Un hombre que se ha labrado un nombre a través del amor por su oficio, el de la peluquería y estilismo, al que ha sabido imprimir su personal sello a través de la innovación. Miles de mujeres han depositado su confianza en el talento de Alberto Cerdán para cambiar y realzar su imagen, en una práctica artística no suficientemente reconocida. “Sin peluquería, la moda no existiría”, apunta este barcelonés de origen navarro que explica que, “cuando mi familia se trasladó a Cataluña, yo ocupaba menos que el secador de casco…”.

-¿Cuánto tiempo tenía usted?

-Apenas cuatro meses. Mi familia es de Cabanillas, donde yo había nacido. Y mis padres, tras mi llegada al Mundo, decidió trasladarse a Barcelona. Como dote, mi madre se llevó el secador de casco, que era más grande que yo. De hecho, ese artilugio constituye la banda sonora de mi vida, pues esa música celestial me ha acompañado siempre.

-Porque usted ha vivido la peluquería desde niño.

-Mire: nos instalamos en una casita situada en el número 23 de la calle Santa Carolina, en la parte baja del Guinardó. Ahí teníamos el comedor, las habitaciones y la peluquería. Mi infancia está marcada por la sonoridad de los secadores y por la colonia de mi padre, que debía ser Varon Dandy, y por el olor que despedían los líquidos para fijar las permanentes.

-¿Su padre también se dedicaba a la peluquería?

-No. Mi padre trabajaba como inspector en el Metro, aunque una vez cumplidos los 50 sí que empezó a ayudar a mi madre en la peluquería.

-Cuando su madre abrió la peluquería en Santa Carolina eran mediados de siglo pasado…

-Sí, a mitad de la década de los 50. Mi madre era una trabajadora nata, pues trabajaba de lunes a domingo, desde las 8 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Servicios de peluquería a cambio de comida

-¿Por amor al arte o por necesidad?

-Eran tiempos difíciles, pero creo que esta dinámica surgió espontáneamente, porque en la peluquería se generó un ambiente muy especial, gracias al trato que mi madre dispensaba a las clientas. La complicidad existente con ellas llegaba al punto que mi hermano y yo, al llegar del colegio, comíamos de lo que aportaban algunas clientas, pues mi madre no podía prácticamente ni cocinar: una aportaba algo para el primer plato, otra para el segundo… Le diré más: el 50% de los servicios no se pagaban en metálico, sino que se recurría al trueque. Recuerdo, por ejemplo, que los domingos disfrutábamos de un plato de nata procedente de una lechería que había en la esquina en pago del servicio prestado a su propietaria. Ese concepto de peluquería, abierta durante todo el día, encaja perfectamente con lo que prolifera hoy en día en nuestro entorno.

-¿Cuándo empezó usted a ayudar en el negocio? 

-Calculo que debía tener 9 ó 10 años cuando empecé a lavar cabezas y a neutralizar permanentes; una función que entonces apenas requería 30 segundos, porque se utilizaban líquidos más fuertes. Con los actuales, invertimos media hora… Era una época en la que, más que los cortes y las permanentes, se llevaban las ondas; un estilo que se conseguía a través de la aplicación de pinzas metálicas cuando el cabello estaba mojado y que mi madre dominaba a la perfección.

-A usted ni se le pasó por la cabeza dedicarse a otra cosa…

-Quien nace en un ámbito familiar como éste es difícil que se plantee una alternativa. Pero es algo asumido con total naturalidad. Entonces ni tan siquiera me daba cuenta que no disfrutábamos de vacaciones…

-No cabe ninguna duda que gozó de una buena formación en el mundo de la peluquería.

-Tuve una buena base, sí. Pero todo empezó a cambiar en la etapa adolescente, cuando nos trasladamos a un entresuelo en la esquina de Lepant con Travessera de Gràcia. Cerca, en la avenida Gaudí, había un productor de peluquería a quien mi padre le comentó que, tanto mi hermano mayor como yo, queríamos ser peluqueros. Aquello propició que entráramos en contacto con Albert Cebado y que empezáramos a colaborar con él, en el salón de Rambla Catalunya con València, el primero que había abierto Cebado.

-¿Qué edad tenía usted? 

-Entonces, 16 años. Convivíamos con don Eduardo y doña María, los padres de Albert, y con su abuela, que era el alma de aquel salón y que nos protegía y cuidaba como a unos hijos. Fue así como iniciamos una relación profesional con Cebado. Y yo, viendo que Albert era sensible a la innovación, tracé mi propia estrategia desde muy pronto.

-¿En qué consistía? 

-En demostrarle mis capacidades. Así, cada día invitaba a alguna amiga mía a acudir al salón para que hiciera de modelo y someterla a un cambio de ‘look’. Aquello no pasó desapercibido a Albert Cebado. Era una época en la que yo invertía todas las horas del día a la peluquería, pues de 8 a 9 y media trabajaba en la peluquería de mi madre, para después acudir a Cebado hasta las 2 de la tarde. Entre las 2 y las 4, de nuevo en el salón de mi madre, para empalmar con Cebado hasta las 8 y media de la noche, cuando de nuevo regresaba al negocio familiar hasta pasada la medianoche…

-Frenética actividad.

-Sí. Pero aquello me permitía adquirir práctica y soltura. Y había cogido especial habilidad con el secador de mano, un aparato que siempre me ha gustado mucho. Fue así que un día le sugerí a Albert Cebado que me dejara secar el pelo a una clienta con este aparato. Aunque al principio acogió la propuesta con reticencias, al final accedió a ello. La iniciativa adoptada le gustó; tanto que pasé a impartir formación al equipo de Cebado con apenas 17 años.

La peluquería que trabajaba más de Europa

-Dice mucho de Cebado confiar en la juventud.

-Cebado es, junto a mi madre, las personas que más me han marcado. Ambos sabían dispensar el trato adecuado y observar un tacto especial con las clientas, lo cual he procurado tener siempre en cuenta. Ciertamente, siento admiración por Cebado porque era un profesional que se interesaba por lo que hacían sus competidores pero que nunca copiaba, sino que siempre intentaba mejorarlo. Su comportamiento siempre fue intachable, y eso lo convertía en una persona digna de respeto. Siempre confió en mí. Me permitía compatibilizar el trabajo con él con el de la peluquería de mi madre y me invitaba a acompañarle en sus viajes para conocer las nuevas tendencias en el mundo de la peluquería. Fue así que conocí y absorbí la esencia de figuras como Vidal Sassoon, Jacques Dessange, Bruno Pittini o Jean Louis David. Pero también me siento muy gratificado por haber podido conocer a Albert Cebado, tanto desde el punto de vista profesional como personal; de haber podido acompañarle en los últimos años de su vida y de haber continuado defendiendo su prestigio posteriormente (junto a Juana, su viuda) con los salones Cerdán Cebado, en los que también participaba mi hermano. En aquella época una de las peluquerías, situada en Bori i Fontestá, era la que trabajaba más de toda Europa…

-Más adelante llegaría el momento de emprender la aventura en solitario.

-Previamente, hubo todavía dos etapas. En primer lugar, con Jordi Ripoll y la esencia de Derek entramos en una fase de gran creatividad y de desarrollo de la compañía. Yo asumí la dirección artística y empezamos a expandir un concepto que conservaba la semilla y la esencia de Cebado, con la apertura de franquicias en toda España. Posteriormente, con Jordi creamos los salones Ripoll-Cerdán, donde llevamos a cabo técnicas y estilos propios. Durante casi una década compartimos un proyecto hasta que nos dimos cuenta que teníamos maneras distintas de entender el negocio.

-Y fue cuando nació Alberto Cerdán.

-Así es, en 2001. Este verano alcanzaremos los 13 centros, con la apertura en Palafrugell y en Tudela. Ahora disponemos de salones en Madrid, Barcelona, Sabadell, Valencia, Tenerife y Marbella.

-¿Son todos ellos locales propios?

-No; algunos son negocios franquiciados. Es un concepto complejo, pues hay que prestar mucha atención a la técnica y al protocolo. Cabe incidir mucho en estos aspectos para poder prestar un servicio y una atención al nivel que deseamos. Pero cuesta que el personal se desplace para asistir a sesiones formativas, a pesar de que la formación resulta fundamental para el éxito. Esto es como lo que ocurre con los cantantes, que cuando consiguen muchas actuaciones se arrogan el éxito y, cuando nadie les contrata, atribuyen la culpa al representante…

“Me fijo en la mujer en toda su dimensión”

-¿Me equivoco si digo que Alberto Cerdán, en lo primero en que se fija en una mujer, es en el pelo?

-Las personas tenemos tres dimensiones; y en una mujer yo me fijo en toda su dimensión, contemplando su figura desde todos sus ángulos. Hay que analizar su anatomía para saber cuál es el peinado que le favorece. De hecho, te fijas en las personas que te dicen algo, porque en general la gente es gris; no te llama la atención; estamos en un momento gris de la moda, donde existe demasiada monotonía. Cuando yo iba a París siempre aprovechaba para ir a los museos a disfrutar de las obras de los pintores impresionistas; porque el impresionismo te seduce, te permite ver a la gente de lejos y descubrirla de cerca.

-¿Y cómo descubre cuál es la mejor solución capilar para cada mujer?

-Primero hay que fijarse en cómo entra una mujer en el salón. En 10 segundos tienes que hacerte una idea de la propuesta que debes trasladar a esa mujer que está esperando precisamente eso: que le hagas una propuesta. No ocurre nada por recibir una negativa a lo que puedas sugerirle, pero a una mujer siempre tienes que lanzarle una propuesta. Sobre todo, hay que saber interpretar qué desea esa mujer, recabar información para conocer sus inquietudes y qué es lo que va a satisfacerla. Es una labor en la que interviene el factor psicológico y en la que el tacto adquiere una importancia vital. El olor que desprenden las manos resulta decisivo para ganarte la confianza de quien acude a ti. Hay muchas actrices que lo primero que reclaman a su peluquero es que se lave las manos; es del todo razonable, pues la higiene en esta profesión, debe ser extrema. Tras los médicos, somos los profesionales que más contacto táctil tienen con sus clientes. Ese tipo de contacto propicia una conexión muy especial.

-Pero, ¿dónde halla usted la inspiración?

-Lo que suelo proponer a una mujer es una estética que me guste a mí. Para una mujer es importante que este servicio lo preste un hombre, porque sabe que a ojos masculinos se mostrará atractiva. Habitualmente, propongo cambios de estilo, porque soy de la opinión que la rutina está próxima a la ruina. Y la rutina a menudo también gana terreno en la peluquería.

-No siempre habrá conseguido convencer a sus clientas.

-Recuerdo con cierto pesar una ocasión en la que acudió a nuestro centro de Madrid una joven de gran atractivo, con un cabello maravilloso. Me dijo que conocía mi trayectoria en lo que a cambios de imagen respecta y que quería someterse a un cambio de ‘look’. A mí se me encogió el corazón, pero ella insistió en el cambio de imagen. Al finalizar la sesión, me comentó que no había quedado satisfecha y que no volvería. Me supo mal, porque yo en ese caso no habría actuado…

-¿Le puede la deformación profesional en ámbitos informales?

-Totalmente. No creo en una profesión que no “vendas” cuando sales a cenar con los amigos. Además, esta profesión no es ajena a nadie y da que hablar, pues todo el mundo acude con mayor o menor frecuencia a la peluquería.

“Somos el arte menos reconocido”

-Por sus manos han pasado multitud de bellezas. ¿Cuesta concentrarse en el trabajo en esos momentos?

-He superado la etapa en la que podía sentirme inseguro. Ante una mujer de gran belleza me ocurre todo lo contrario: me siento muy a gusto, por la posibilidad de conseguir el mejor resultado. Dominar la técnica te permite desarrollar la creatividad… e incluso romper moldes, marcar diferencias y dar rienda suelta a tu identidad como artista. Porque la peluquería es un arte. Los peluqueros somos los únicos que moldeamos materia viva… y en vivo. Sin embargo, actualmente somos el arte menos reconocido; a pesar de que, a lo largo de la historia, probablemente hemos sido los artistas más valorados, ya que el peluquero era la persona de confianza de los Reyes y de las grandes personalidades, compatibilizando su profesión con la médica… Tampoco tiene sentido que cuesten más unas mechas que un corte de pelo. Es como si en una escultura se valorara más la pintura que el esculpido. Todo esto tiene que cambiar.

-Hará falta pedagogía.

-Hay que demostrar al mundo de la moda, a los medios de comunicación y a la opinión pública que un cambio de color, de imagen, un corte de pelo, un moldeado, un maquillaje para conseguir una piel maravillosa… es arte. Estamos impulsando un nuevo concepto para trasladar nuestra visión de la peluquería femenina en 3D, con un aspecto daliniano para crear formas y volúmenes. Porque las curvas de la mujer no están en la cintura, sino en la cabeza. Queremos desarrollar la sensualidad de la mujer, porque su sensualidad empieza por la cabeza; incorporando colores distintos, como el chicle, azules, esmeraldas, líneas de mar, colores tierra como marrones y caoba…

-¿Cuál es el reto más difícil al que se ha enfrentado?

-El reto más difícil reside en conservar a las clientas durante 40 años y ser capaz de ir incorporando a las nuevas generaciones. Es una señal que vamos evolucionando con los tiempos y que tenemos capacidad para seguir seduciendo a las mujeres. El reto consiste en que cada clienta salga de la peluquería plenamente satisfecha y regrese.

-¿Regresará usted a Casa Alfonso?

-Probablemente, porque es un lugar que sabe conservar su esencia y que, preservando su identidad, ha sabido introducir la renovación para conseguir cada vez un servicio más profesional, lo cual es fundamental para la satisfacción de los clientes y para el éxito de un negocio.

-¿Cuáles son sus preferencias culinarias?

-Los platos de cuchara son mis preferidos; y en especial los de Amalia, mi esposa, que me ha conquistado con la cocina de su tierra, Canarias. Me encanta la cocina canaria, al igual que la catalana. Los ‘calçots’, los embutidos o el chocolate son algunas de mis debilidades.

-¿Se desenvuelve bien Alberto Cerdán en la cocina?

-A lo sumo, platos fríos. O una pizza precocinada. Soy un experto en ponerla en el horno para que alcance su punto…

2017-04-20T21:21:21+00:00