“No volvería a desnudarme para una campaña electoral”

“Nunca pensé que llegaría a ser diputado”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Llegó desnudo a la política y manifiesta que piensa abandonar esta actividad sin haberse llevado lo que no le corresponde. Se diría que su cruzada reside en cambiar los vicios de un sistema que considera “pensado para la Transición”, plantando cara a quienes han acudido a la política buscando un ‘modus vivendi’ hasta la jubilación. Afirma que aterrizó en este terreno casi sin darse cuenta; sin proponérselo. Y, sobre todo, que piensa salir de él antes de que alguien le invite a hacerlo.

Albert Rivera lidera Ciutadans-Partit de la Ciutadania. La proximidad de la sede inicial de la formación con Casa Alfonso propició el inicio de una sólida relación con el establecimiento que se ha extendido una vez formalizado el traslado del cuartel general de Ciutadans. En una de sus frecuentes visitas al restaurante, Albert Rivera accedió a compartir parte de su preciado tiempo con Los Desayunos de Casa Alfonso.

-¿Cómo surgió en usted la inquietud por la política?

-En realidad, más que la política lo que siempre me ha atraído es el mundo de la Justicia y la Abogacía. Durante la carrera universitaria, los profesores de Derecho Constitucional (mi asignatura preferida y la más vinculada a asuntos políticos) alimentaron en mí el “gusanillo” por esta materia. Y el hecho de que me gusta estar informado y opinar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor actuaron como detonantes para cultivar el arte de la argumentación. Ya en la Facultad participé en la Liga de Debate Universitario, y posteriormente la influencia de profesores como José Carlos Remotti o Teresa Freixes, o las visitas al Parlament de Catalunya, estimularon todavía más aquella afición por la oratoria. Posteriormente, cursando el doctorado de Derecho Constitucional en la Autònoma de Barcelona, tuve ocasión de conocer a Francesc de Carreras.

-Fundador de Ciutadans.

-Cierto. Aparte de ser para mí un referente y un amigo con el que salimos a cenar cada 15 días, fue uno de los impulsores del manifiesto de intelectuales que dio lugar a Ciutadans. Aquella iniciativa me atrajo, porque en ella concurrían toda una serie de personas de la sociedad civil barcelonesa que querían dar un paso adelante y formar un nuevo partido político. Decidí sumarme a ese proyecto y, por toda una serie de casualidades y circunstancias, la vida me llevó a una condición en la que no esperaba verme…

-La de diputado.

-Así es. Nunca pensé que llegaría a ser diputado. Curiosamente, una de las profesiones que me atraía era la de Letrado de las Cortes; y ahora son letrados parlamentarios los que me asisten a mí.

-Entonces, siendo niño, ¿qué pensaba ser de mayor?

-Abogado. De hecho, al finalizar el Máster de Derecho en Economía estuve ejerciendo en el departamento de Asesoría Jurídica de La Caixa, hasta que, con 26 años, solicité la excedencia para poder dedicarme a Ciutadans.

Elegido como líder por casualidad

-¿Por qué cree que le eligieron a usted para encabezar esta formación?

-Francamente, por casualidad. Al principio, Ciutadans era un movimiento civil en el que desembarcaba un alud de personas totalmente desorganizadas. En origen, aquel colectivo carecía de toda estructura organizativa y no tenía claro cómo constituirse como opción política y como lista electoral. No había consenso en la designación de una presidencia concreta y, dado que yo tenía buena relación con los miembros de la ejecutiva de la plataforma, acabé siendo la persona elegida. Yo en esos momentos no estaba preparado para liderar un movimiento heterogéneo como éste. Pero accedí a ello, sabiendo que era de forma provisional.

-Al final no fue tan provisional.

-No, porque aquel papel se fue consolidando. Supongo que porque asumí que cuando adquieres un compromiso adquieres unas obligaciones. Eso me llevo a intentar, incluso desde la inexperiencia, liderar aquel movimiento. Y aquello comportó que tuviera que compatibilizar la presidencia con la figura de candidato.

-Una candidatura asociada indefectiblemente a un singular cartel en la que aparecía desnudo. ¿Costó convencerle?

-Me costó mucho acceder a ello; era totalmente reacio. Pero fui consciente que la única posibilidad que teníamos era recurrir a una campaña agresiva, pues el Parlament se revelaba como un coto cerrado, impermeable a la irrupción de cualquier nueva fuerza política. Ahora a cualquiera le parece fácil conseguir representación parlamentaria, pero fíjese que hacía 20 años que no se producía el ingreso de ningún nuevo partido en la Cámara. Y, dado que no disponíamos de repercusión mediática de ningún tipo, había que optar por una campaña rompedora.

-Vistos los resultados, puede hablarse de éxito. ¿Volvería a hacerlo?

-No me arrepiento de haberlo hecho pero no volvería a desnudarme para una campaña electoral; y le diré por qué. Cuando se me propuso, lo reflexionamos y nos dimos cuenta que tenía un sentido. No era un mensaje gratuito, sino que el desnudo aludía a una formación que acababa de nacer. Era una propuesta arriesgada, que sabíamos que despertaría polémica, pero que era correcta. De hecho, algunas universidades y estudios de marketing utilizan esta campaña como ejemplo de irrupción rápida en un espacio político y mediático. Pero hay que entender la motivación de cada momento y saber adecuarla en el tiempo.

-Hablaba del Parlament como de un coto cerrado.

-Sí. El sistema parlamentario en este país es muy cerrado. Fue concebido para la Transición, otorgando mucha fuerza a las cúpulas de los partidos políticos. Pero ahora, 35 años después, ha quedado obsoleto. La ciudadanía, la sociedad y las nuevas tecnologías van un paso por delante. Y los partidos políticos están obligados a cambiar. Los partidos del siglo XXI nos podemos permitir no tener mochilas: convocar primarias, publicar nuestras cuentas, no arrastrar deudas y no tener condicionantes de ningún tipo. Todo esto nos permite mucha mayor libertad de movimiento. El sistema tiene que renovarse, aunque entendemos que los partidos son necesarios. Aun con sus carencias, el sistema es el mejor de los posibles. No creo en el sistema asambleario permanente, pues las instituciones considero que son imprescindibles. Pero sí que los partidos deberían ser más permeables, procurando canalizar las inquietudes ciudadanas.

“La dinámica parlamentaria está peor de lo que pensaba”

-¿Ha cambiado su percepción de la política parlamentaria una vez ha entrado a formar parte de ella?

-Formar parte de ella me ha permitido confirmar que la dinámica parlamentaria está peor de lo que pensaba. El proceso legislativo, por ejemplo, deja muy poco margen a la negociación. Te das cuenta que algunas propuestas son rechazadas por el simple hecho de estar formuladas por la oposición. Las leyes deberían ser elaboradas por la Cámara parlamentaria, y no por el Ejecutivo. Por otra parte, me ha sorprendido desagradablemente constatar la lentitud en algunos procedimientos. Debates que se introducen en el Parlament no se tratan hasta un año después, cuando posiblemente durante ese tiempo se han adoptado medidas que convierten ese debate en estéril.

-¿Entiende que la sociedad se muestre desencantada con la clase política?

-Lo entiendo porque soy uno de los primeros que empezó a desencantarse con los políticos. De hecho, nuestros orígenes se hallan en el descontento de gente que quería cambiar las cosas desde un punto de vista democrático; gente que cree en una democracia más fuerte, en unas instituciones más sólidas que no cedan a los intereses de los ‘lobbies’. Así que no sólo comprendo el sentir de la sociedad sino que me considero partícipe de ese sentimiento. Pero vamos más allá del mero indignarse, porque de lo que se trata es de movilizarse para hacernos fuertes y ser capaces de cambiar la sociedad.

-¿Cuál sería su prioridad si accediera a la presidencia de la Generalitat?

-Mis prioridades serían dos. En primer lugar, lograr que la sociedad recupere la confianza en la clase política y perciba que ésta no pretende ni robar ni forrarse. Rehacer el vínculo entre la sociedad y los políticos es primordial para recuperar la credibilidad y la autoridad moral; virtudes imprescindibles para poder adoptar cualquier medida o decisión.

-¿Y su segunda prioridad?

-Trabajar para que todo el mundo, independientemente de sus creencias e ideología, se sienta cómodo. Queremos poner sobre la mesa aquello que nos une y nos hace fuertes frente a lo que nos divide y nos debilita.

“No me veo jubilándome como político”

-¿Dónde vislumbra el futuro de Albert Rivera?

-No me veo jubilándome como político. Pienso que puedes comprometerte con la sociedad durante una etapa de tu vida, pero no creo en el político de por vida. Llevo casi 7 años en esta actividad y, como dicen Guardiola y Cruyff, las ilusiones hay que renovarlas cada año. Procuraré marcharme antes de que me digan que me vaya. Cuando ves que las cosas no funcionan, lo mejor es dejar paso a los demás.

-¿Cómo es un día habitual en la vida de Albert Rivera?

-Poco habitual. No tengo un patrón estándar. Combino la vida parlamentaria con la institucional, la atención a los medios de comunicación, los actos de partido, la actividad en las redes sociales y la actualización del blog. Son muchas horas en las que intento encontrar un hueco para el gimnasio, a mediodía o al atardecer. Tengo asumido que, cuando uno es diputado, lo es 24 horas al día los 365 días del año. Resulta muy complicado desconectar.

-Habrá hueco para la vida privada.

-Menos de la que quisiera; sobre todo para dedicar a mi hija, Daniela, de 2 años y medio. También busco tiempo para compartir alguna cena con amigos. Pero es que incluso disponer de un fin de semana completo resulta difícil para un parlamentario.

-¿Qué hace en el gimnasio?

-De joven había practicado la natación y el waterpolo. Ahora hago un poco de todo: spinning, gimnasia de mantenimiento, pesas, nadar… Y procuro también aprovechar para comer en el gimnasio, en el Club Natació Barceloneta. El almuerzo frente al mar me permite desconectar. Y la actividad deportiva constituye una buena vía de escape. Todos necesitamos nuestro espacio; es una inversión de tiempo que, después, nos permite rendir mejor.

-¿Qué otras aficiones tiene?

-Viajar (cuando puedo) o salir en moto con los amigos; a veces hacemos cursos de conducción en circuitos. El cine y la música también forman parte de mis pasiones.

-¿Cuál es su película favorita y la música que prefiere?

-Mis preferencias son varias. Cinematográficamente, me encanta “La vida de Brian”, “Philadelphia”, las películas biográficas, las de Woody Allen… Y en cuanto a música, Manolo García (incluida su etapa en El Último de la Fila), Andrés Calamaro, Joaquín Sabina. Para mí, Manolo García constituye el poeta de la naturaleza, mientras que Sabina sería su homólogo urbano.

-¿Cómo descubrió Casa Alfonso?

-La primera sede de Ciutadans se hallaba en Torre Urquinaona, y nos resultaba muy práctico tener un establecimiento donde igual podías tomar un café, que desayunar, que comer… Veníamos muy a menudo. Y, ahora, continúo viniendo frecuentemente.

“El servicio importa mucho”

-Por algo será.

-Me atrae su encanto y el trato servicial. El servicio importa mucho. Cuando eliges un establecimiento, lo haces tanto por los productos que te sirven, como por el entorno que te acoge como por el trato que recibes. Y en Casa Alfonso siempre hallo un trato exquisito por parte del personal y un muy buen producto: sencillo, variado y de calidad.

-Tendrá sus preferencias culinarias.

-Los huevos rellenos son mi debilidad. Y los canutillos de crema son fantásticos para el postre. Pero también me seduce un buen plato de embutidos y quesos con pan con tomate.

-Con algo se tendrá que remojar todo esto.

-Si el vino es de calidad, no tengo prioridades. Ahora bien, si tengo que escoger, de los catalanes elegiría un buen Priorato. Del resto de España, un Ribera del Duero para acompañar las carnes o un crianza de La Rioja para un plato más ligero. Soy más de tinto que de blanco, pero para una paella me decantaría por un Albariño. No obstante, le voy a confesar que soy muy adicto a los refrescos de cola…

-¿Cómo es Albert Rivera en la cocina?

-¡Invisible! Estoy muy poco en casa, donde apenas puedo cenar un par de días a la semana. Aparte de eso, soy de platos sencillos. Cuando disfruto de la comida y la bebida es cuando nos reunimos en familia o con amigos. Creo que es un rito muy mediterráneo el compartir mesa; es algo que une mucho y muy recomendable para los equipos de trabajo. Recuerdo que uno de mis entrenadores de waterpolo quería que los miembros del equipo cenásemos juntos, pues decía que se hace más piña en la mesa que en el agua.