Desayuno con Pere Mª Comas y Margarita Camps, clientes longevos de Casa Alfonso

Desayuno con Pere Mª Comas y Margarita Camps, clientes longevos de Casa Alfonso

 “Casa Alfonso lo hacen sus personas” 

“Mi cafetera no me dice buenos días ni me pregunta cómo estoy como sí lo hacen los camareros”

CMGroup – Jordi Vilagut. Barcelona

Razones para regresar a Casa Alfonso hay muchas. Prueba de ello es la fidelidad que mantienen muchos de sus clientes, que no dudan en volver un día y otro al tradicional restaurante de Roger de Llúria para cenar, tomar un café, compartir un tentempié o saborear un vino acompañado del típico y sabroso jamón del establecimiento. La calidad de sus productos nadie la pone en duda, pero otro de los aspectos destacados por quienes frecuentan el establecimiento es su equipo humano.

Coinciden en ello Pere Mª Comas y Margarita Camps, dos asiduos del local culinario, con quienes compartimos un nuevo Desayuno de Casa Alfonso. Se trata de dos clientes longevos, pues ya hace décadas que cruzaron la puerta del restaurante por primera vez. En el caso de ella, más de medio siglo. «Lo recuerdo perfectamente –señala esta mujer próxima a convertirse en octogenaria-. Fue en 1965, cuando vine junto a un matrimonio americano que eran clientes de mi marido y a quienes les encantaba el “cap i pota” que servían; al margen del jamón, que siempre ha sido el mejor».

Pere Mª Comas no recuerda con tanta precisión el momento en que se convirtió en cliente de Casa Alfonso. «Ya había venido en alguna ocasión cuando teníamos el despacho en la calle Aragó con Bruc –apunta este abogado urbanista-. Pero desde que nos trasladamos al edificio que antiguamente ocupaba el hotel Arycasa vengo muy a menudo, ya que me queda muy cerca y me resulta muy cómodo. Fue en 1998, de modo que ya hace dieciocho años que me convertido en un habitual de Casa Alfonso».

«Cuando no me apetece cocinar,
me acerco a Casa Alfonso con mis nietas»

Más cómodo le resulta a Margarita acudir al local, que vive justo al lado del restaurante, en la esquina con la calle Ausiàs March. «Desde que falleció mi marido, hace veinte años, que vengo a diario –confiesa-. Porque dispongo de más tiempo y, también, porque antes vivíamos en un piso que no estaba tan próximo». Con cuatro hijos y ocho nietos, esta señora no tiene reparo para bajar a desayunar o a cenar «cuando no me apetece cocinar. A menudo lo hago con dos de mi nietas, que son de Menorca pero que ahora viven conmigo porque están estudiando en Barcelona».

Pero incluso puede ser que esta veterana clienta acuda al restaurante de Roger de Llúria simplemente a tomar café. «Uno de mis hijos me dijo que por qué no utilizaba la cafetera que me había regalado, y yo le respondí que la cafetera ni me dice buenos días ni me pregunta cómo estoy, algo que sí encuentro cuando vengo a Casa Alfonso».

Pere Mª Comas corrobora el valor del trato humano recibido «Siempre pienso que es la gente quien hace el local. Y, en este caso, Casa Alfonso lo hacen sus personas; tanto los camareros que lo atienden como quien está al frente del negocio. A mi padre ya le gustaba acudir a locales de costumbre, y creo que esta inclinación consiguió transmitírmela a mí. Compartir un café en la barra y trabar conversación con los camareros resulta muy agradable».

 

Entrevista

 

«El segundo de los Alfonsos
en ocasiones se ponía a bailar o, incluso a cantar ópera»

«El personal es sumamente importante para un establecimiento de este tipo –coincide Margarita-. Y que siempre haya los mismos, que haya poca rotación, es algo que se valora, porque te conocen, saben cómo tratarte, cuáles son tus preferencias… Pero, por otra parte, Alfonso es una persona muy agradable, y su padre era amabilísimo y muy divertido. Y podías compartir largas conversaciones con él. Recuerdo que, en ocasiones, se ponía a bailar, incluso, a acompañar a las cantantes de unas sesiones de ópera que organizaron y que, finalmente, se vieron obligados a suspender porque había quejas de algún vecino quisquilloso», comenta esta mujer cuyo esposo era doctor en Medicina interna y formaba equipo con el doctor Broggi.

Paradójicamente, nuestro otro comensal, el abogado Pere Mª Comas, manifiesta haber compartido matrimonio con una hermana del célebre y longevo doctor. Él también recuerda a Alfonso García Hernández como «una persona muy agradable, muy “charmant”, con una gran capacidad de comunicación y que pertenecía a una generación de empresarios que impulsaba este tipo de negocios y que velaba por el bienestar de la clientela». «Sí, como los ‘Homenots’ que dibujaba Josep Pla –interviene Margarita-; un perfil de gente que no abunda».

«También ha cambiado el entorno –apunta Pere Mª-, pues ahora tanto el barrio como el establecimiento es más frecuentado por los turistas. Este barrio antes estaba bastante degradado, pero ahora ha ganado entidad». Una opinión en línea con lo que piensa Margarita, quien destaca que «han abierto muchos hoteles en el entorno y mucha gente ha regresado al Eixample. Yo se lo decía a menudo a mi marido, que los pisos del Eixample son mejores que los de la zona alta. Pero hubo un tiempo en que no se sabían valorar, pero hoy muchos barceloneses optan por residir aquí». «Es un barrio cotizado, sí –asiente el compañero de mesa-. Tengo la experiencia de unos amigos que, en su día, emigraron a París con la intención de regresar a Barcelona y ya no han podido hacerlo, por lo caro que resulta la vivienda en esta zona…».

«La decoración la tiene que decidir
quien hace vida en ese espacio»

Ambos son conocedores de que Casa Alfonso recibe la visita a menudo de personajes famosos. Aunque Pere Mª manifiesta no haber coincidido nunca con ninguno, Margarita sí que, «en ocasiones, he visto a actores que, aprovechando la proximidad del teatro Borràs, se acercaban aquí tras la función». «Es un local que atrae también a muchas personas que acuden al teatro o al Palau de la Música y que, tras el espectáculo o el concierto, quieren tomar algo o, incluso cenar», apunta Comas. «Durante la temporada de ópera, también viene público del Liceo», añade la señora Camps, quien pese a su condición de decoradora manifiesta no haber trasladado consejo alguno a los Alfonsos sobre hipotéticas mejoras estéticas en el restaurante. «Yo podía aconsejar sobre luz, paredes y suelo, pero, según mi concepto de decoración, el resto corresponde a la gente que hace vida en ese espacio; a ellos les corresponde decidir cómo disponer ese espacio y cómo ambientarlo».

«Éste es un espacio especialmente singular –prosigue esta mujer que trabajaba en una prestigiosa casa de decoración en el paseo de Gràcia, frente al hotel Majestic-, donde las mesas se tocan y estás prácticamente codo con codo con los comensales de al lado. Pero esto, que para según qué personas, puede resultar incómodo, a menudo propicia complicidades con quienes tienes como vecinos, preguntando qué es ese plato tan atractivo que le han servido…». «Es muy importante el ambiente que encuentras en Casa Alfonso –subraya el abogado Comas-, pues aquí hallas siempre un clima acogedor, que tiene mucho que ver con el carácter y afabilidad del personal. No es un dato menor, pues en cualquier parte, si hay algo que no funciona bien, acaba repercutiendo negativamente en la globalidad del negocio. Y aquí te das cuenta que la dirección cuida que todo marche adecuadamente». «Es algo que se ha venido manteniendo siempre; incluso cuando asumió la gestión el tercero de los Alfonso o cuando ha habido la incorporación de algún nuevo camarero», corrobora Margarita, quien pese a haber nacido en la Barceloneta se declara una entusiasmada del Eixample; un barrio en el que sí vio la luz su marido: «curiosamente, llegó al Mundo un once de septiembre y en la calle Alí Bei, frente al monumento a Rafael Casanova».   

Las nietas menorquinas de esta mujer afincada en Roger de Llúria suelen decantarse «por un buen filete cuando les propongo venir a Casa Alfonso. Pero a mí hay otras cosas que me pirran más; por ejemplo, las berenjenas, que las sirven muy delgaditas y con queso y están deliciosas. También me encantan las alcachofitas fritas, por no hablar del jamón, que servido con coca es extraordinario».

«Casa Alfonso tiene una gama de platos basados en la cocina tradicional con un cierto grado de originalidad y modernidad»

Pere Mª Comas declara que «en Casa Alfonso tienen productos de gran calidad, y una gama de platos que, basados en la cocina tradicional, siempre cuentan con un cierto grado de originalidad y modernidad». Este veterano abogado señala que, «en esta época otoñal me gusta saborear las setas, especialmente los “rovellons”. Pero asimismo la escalivada o la “esqueixada” se hallan entre mis preferencias culinarias. Son propuestas muy típicas que en este restaurante saben darles ese toque especial, sin artificialidad. Y, dentro del capítulo de la cocina tradicional hay que mencionar también los célebres embutidos, que, como el resto de productos, son de alta calidad; empezando por el jamón, que es excelente. Pero también la butifarra o el queso son fantásticos», opina este asiduo cliente que añade que, a la hora de remojar los platos, se decanta «habitualmente por el vino que ofrece la casa, con una buena relación calidad-precio. Aunque he de confesar que soy bastante de Rioja».

Comas apunta además que los hábitos culinarios también han variado mucho con los años. «Antes los almuerzos podían durar hasta media tarde, mientras que ahora se han vuelto mucho más breves, por el ritmo de vida que se lleva», declara el abogado, que reconoce haber traído en ocasiones a algunos de sus clientes a Casa Alfonso; lugar, también, para algunas esporádicas celebraciones. «Nosotros también hemos celebrado acontecimientos familiares –admite Margarita Camps-. Y, como nuestra familia no es corta, nos hemos hecho notar… Lo cierto es que aquí siempre nos hemos sentido muy bien. Es nuestra segunda casa…».

Entrevista

 

2019-08-23T20:42:51+00:00
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